
“El cazador de la oscuridad” de Donato Carrisi
El pasado como losa. El otro tiempo que termina por encontrarnos, por enfrentarnos con nosotros mismos, por hacer que aquello por lo que tuvimos que escapar consiga alcanzarnos. No hay pasado que sea benigno, aquí no. Porque serán esos recuerdos, esa historia que todos llevamos a cuestas, la que considere oportuno que haya llegado el momento de estrangularnos. Y en ese forcejeo en el que el aire empieza a abandonarnos, es donde Donato Carrisi nos cuenta la historia contenida en El cazador de la oscuridad. Matar. Un verbo que ya todos conocemos, que se ha convertido en una constante en las librerías. El crimen, el motivo, la historia que se encierra tras los muros de una vida, ese pasado del que hablaba al principio. Leemos sobre ello, disfrutamos con una buena historia donde el crimen es el protagonista, donde lo que rodea a ese acto es una poderosa droga que nos calma y excita a la vez. Ver, escuchar, sentir, cómo la vida se va apagando, cómo el cazador es cazado, cómo los héroes dejan de serlo para convertirse en víctimas. Y en todo este mundo rojo y negro, historias que se cuentan y que permanecen, por un momento, en la retina de los que al leerlos han sentido cómo la vida se escapa sin poder volver a recuperarla. ¿Es posible que esto lo provoque una novela? Lo es, y de qué manera.
