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Los osos

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Los osos, de Vsévolod Garshin

 

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Pese a la notoriedad y el reconocimiento de los que disfrutó en su breve vida (Turguenev le consideraba su heredero literario y Tolstói le tenía en gran consideración, además del notable éxito de público del que gozó en vida y tras su temprana muerte) Garshin es hoy día uno de los autores más desconocidos de la época dorada de las letras rusas. Probablemente se deba tanto a lo escaso de su producción (marcada por su temprana desaparición, ya que se suicidó a los 33 años), como a que ésta se circunscribió a un género tan apasionante como injustamente infravalorado como es el de los cuentos, nunca a cuestiones estrictamente literarias ya que nos encontramos ante un autor deslumbrante y original.

Afortunadamente, Garshin escribía mejor de lo que se suicidaba, porque el acto final de su vida, por su trágicamente escasa efectividad (tardó varios días en morir tras arrojarse por el hueco de la escalera),que bien podría haberle hecho merecedor de una tentativa de candidatura a los Premios Darwin, esos galardones que distinguen a las tentativas de suicidio absurdas o surrealistas, pero lo verdaderamente trágico es la coincidencia del último trance que le tocó vivir con la situación narrada en su obra más conocida, al menos la única que yo conocía, “Cuatro días”, un excepcional relato de guerra tan alejado de la exaltación nacionalista y el ánimo belicoso tan habitual en sus contemporáneos y con un planteamiento tan original que la convierte en imprescindible (no está incluida en esta recopilación que es la segunda que la aragonesa editorial contraseña publica de Garshin y el citado cuento se incluye en la anterior: “La señal y otros relatos”). El cuento narra la experiencia (autobiográfica) de un soldado herido, solo, inmovilizado junto al cuerpo del enemigo que le ha herido y al que ha abatido durante cuatro días en los que el cadáver de ese otro hombre que en su descomposición se convierte en todo su mundo y metáfora de lo absurdo de la guerra. Acercarse a un autor del que ya se ha leído una obra maestra suele ser complicado, siempre existe el temor de que el resto de su obra no esté a la altura y pueda decepcionar las siempre exigentes expectativas de un lector atento, pero en este caso no ocurre así. Este “Los osos” no decepcionará a ningún lector que se acerque a él con o sin conocimiento previo del autor, con o sin prejuicios respecto a los autores rusos. La prosa de Garshin es sencilla, aunque sin renunciar a la palabra precisa, amable, aunque agite conciencias, sutil, aunque no por ello menos evidente, y finalmente y por encima de todo es de una gran calidad.
Los osos, el relato que presta su título al volumen, es un cuento de una fuerza extraordinaria y de una temática original. Nos sitúa en el último día del plazo concedido a los poseedores de osos amaestrados, feriantes, gitanos que viven del espectáculo ambulante de la exhibición de las habilidades de sus animales, para sacrificarlos porque en determinado momento la autoridad los consideró peligrosos. Nos sitúa en el momento en que unos ciudadanos, algunos ancianos, deben poner fin por su propia mano a la vida de quienes no sólo son y han sido su único sustento, sino sus compañeros de toda una vida. La carga emotiva del relato y su tratamiento tan efectivo como ausente de efectismos, justifica por sí solo la edición de este volumen, pero “Los osos” no acaba ahí.
Tiene Garshin una faceta moralista que se refleja en unos cuentos a modo de fábula, con animales o plantas dotados de voz propia y con moraleja clara y evidente, que están ciertamente bien escritos, y en otros de forma menos evidente aunque probablemente más sincera. Este último es el caso de los relatos de temática bélica, sinceros, extraordinariamente honestos y de raíz autobiográfica, ya que su experiencia en la campaña ruso-turca y las heridas que sufrió en la misma constituyen el núcleo central yb recurrente de su narrativa. Decía Thoreau que “todas las fábulas tienen su moraleja, pero a los inocentes lo que les gusta es escuchar la historia” y yo debo conservar buena parte de esa inocencia o tener aun el cerebro en modo verano, que también puede ser, porque aunque me interesa, y mucho, la vertiente ética de estos relatos recogidos en “Los osos” he disfrutado terriblemente con las historias que Garshincuenta y con cómo las cuenta. Un verdadero hallazgo, un verdadero placer.

Andrés Barrero
andres@librosyliteratura.es
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