Hombre sobre una escultura

Hombre sobre una escultura, de Álvaro del Olmo Alonso

Hombre-sobre-una-esculturaCréanme si les digo que esta de Álvaro del Olmo es una novela francamente difícil de reseñar. Y lo es básicamente porque Hombre sobre una escultura es una novela que da tanto como busques en ella. No diré que es infinita pero sí que desde luego no se le ve el fondo y además añadiré, y lo digo como virtud, que es una historia que uno nunca sabe muy bien hacia dónde va a ir, qué va a suceder en cada momento y lo único a lo que se puede aspirar es a apostar sobre el grado de sorpresa que va a haber en cada página, porque haberla la hay seguro. No se imagina nada más extemporáneo en las páginas de Hombre sobre una escultura que una brújula, y no porque no tenga todo un sentido, que lo tiene, sino porque lo vas descubriendo según sucede, y eso es una apuesta arriesgada, se requiere mucho talento para mantener enganchado a un lector despistado, y Álvaro del Olmo lo tiene, desde luego. Porque es un libro de un magnetismo tan intenso como difícil de comparar.

Se ve que al autor no le asustan los retos y que no gusta de las cosas fáciles, tengo para mí que construir Hombre sobre una escultura no debe haber sido una tarea sencilla, pero el resultado es extrañamente dinámico y adictivo teniendo en cuenta las complejidades de la historia. ¿Y de qué va?, se preguntarán. Pues si les digo que narra las vivencias de un grupo de amigos puede que no les parezca tan original. Si añado que transcurre en una ciudad sin ubicación geográfica ni temporal tampoco se rasgarán las vestiduras. Puede que empiecen a hacerse una idea si les cuento que el principal protagonista afronta una tarea aparentemente imposible con similares entusiasmo y eficacia a las que emplearon los blues brothers ante su misión divina. Pero no, créanme que aun no han dimensionado su asombro, pero no me culpen, es imposible que lo hagan hasta que se encuentren cara a cara con Hércules Degard y sus amigos. Pero sí quisiera intrigarles un poco más sugiriendo que la misión, si acaso, la culmina quien no lo intenta y que tiene que ver con ciertos deseos de redimir a la sociedad a través del arte o tal vez de fusionar arte y realidad en una misma dimensión.

Y si en general Hombre sobre una escultura es una novela de una fuerza enorme, si tuviera que destacar una característica es la brillantez en la construcción de los personajes. Todos funcionan, todos son atractivos y aportan una parte imprescindible a la historia, no hay nada superfluo, y todos son originales. Tanto que resultan creíbles precisamente por sus rarezas.

No se trata sólo de una historia muy personal de misteriosos personajes que hablan entre sí, hay una trama a la altura de la originalidad de la novela, con sus planes intrincados, su desfalco, sus misterios, y hasta con cadáver de por medio, pero es mejor que la descubran por sí mismos. También hay amor y desamor, pero por difícil que resulte hacerse una idea diría que el tratamiento del amor está a la misma altura en cuanto a originalidad que el resto de la novela.

Y dirán que termino la reseña y que en realidad no les he contado nada determinante sobre la novela, que saben que es interesante pero no tienen claro de qué va. Eso está bien, así se van preparando, porque Hombre sobre una escultura no les regalará fácilmente sus secretos y más vale que afronten el reto con cierto entrenamiento en el desconcierto.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

 

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