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Crónica del último invierno, de Luis Quiñones

Crónica del último invierno

Crónica del último inviernoCrónica del último invierno es un libro ambicioso, no sólo se propone contar una historia (que, por cierto, cuenta muy bien) sino que además explica un país, su historia. Y resulta que el país es este y el autor, aunque más joven que yo, es de una generación parecida (porque recordarán que antes las cosas no iban tan rápido y no había una generación nueva cada diez minutos y si por casualidad la hubiera, no recuerdo que nadie perdiese su valioso tiempo en ponerle nombre). El resultado de esa narración histórica, que está perfectamente integrada en la novela, es ciertamente impactante porque no sólo lee uno lo que sucedió sino gran parte de cómo se sentía uno, el lector, al menos yo, se reconoce en esa sociedad que retrata y en esa historia que explica y creo que eso es un mérito extraordinario.

Que Luis Quiñones tiene un gran talento literario no es ninguna sorpresa, pero esa ambición literaria de contar una historia y abarcar un tiempo, no de contarlo todo sino de ir más allá de lo necesario y lo evidente, de ser tanto escritor como cronista y de serlo además con tanta seriedad, eficacia y efectividad, verdaderamente merece reconocimiento.

Esta Crónica del último invierno tiene tres almas, la historia más novelística (la de un periodista en cuyas manos cae una historia que investigar) sirve de soporte a las otras dos, una más periodística y otra más íntima, lírica tal vez, que no quiero explicarles porque en cierta medida su existencia se va explicando según avanza la novela y forma parte de la trama. Pero sí quiero hacer referencia a ellas porque siendo tan diferentes no sabría con cual quedarme, cada una en su estilo es brillante y aunque podrían tener entidad propia, en conjunto funcionan tan bien como si fueran la misma cosa: el talento puede hacer uno lo múltiple. Déjenme recalcar el mérito de dominar estilos y voces diferentes.

Pero sin entrar en detalles quisiera dedicarle un rato más a esa parte más íntima de la que les hablaba, que es la que abre el libro aunque las tres van intercalando, porque apenas lee uno esas primeras líneas, sin haber entrado apenas en el corazón de la trama, ya se sabe uno atrapado, tiene la convicción de que va a ser uno de esos libros que le van a encantar, que se le van a quedar dentro:

Hay escritores que no escriben porque sienten que la realidad es más poderosa que la ficción como herramienta para construir un relato. A los escritores que no escribimos nos da miedo que una novela llene de niebla lo verdadero, emborrone todo aquello que es fiel a los recuerdos que otros nos prestaron para que escribamos sus historias. Es el velo de la ficción, la bruma que se interpone entre el lector y la realidad fingida de los libros; cuanto sabemos o nos contaron puede conservarse intacto en su veracidad mientras todas esas novelas no se escriban y queden sus personajes en la deriva del silencio.

No solo me parece una reflexión preciosa sino que me hizo pensar mucho sobre esta tarea de escribir (y de no escribir) que nos ocupa. Y sigo en ello. En cualquier caso son muchos los escritores que se asoman por estas reseñas que se hacen merecedores de elogio por su forma de no escribir, demos la bienvenida a esta nueva modalidad de elogio a Luis Quiñones quien, además de la tradicional, se hace merecedor del mismo por su forma de no escribir. O de escribir sobre lo que no escribe.

Crónica del último invierno es una historia de desapariciones pasadas, presentes y, si me lo permiten, futuras, porque como no sólo cuenta esas historias sino que explica la sociedad en la que sucedieron y suceden, los mecanismos del poder, las cloacas del estado y, en fin, este mundo nuestro, desgraciadamente seguirá vigente un tiempo, al menos el que seamos siendo quienes somos para bien y para mal. Ojalá me equivoque.

Si nada de eso fuera así, si fuese simplemente una historia de un periodista que va desentrañando un misterio, si la visión de la sociedad y la historia correspondieran a otro tiempo y a otra gente o si fueran completamente inventadas, seguiría siendo una muy buena historia muy bien contada. Afortunadamente para mí sí lo es y eso me ha permitido disfrutarlo aún más. Hay algo muy grande en contar los hechos relevantes de la historia de un país desde sus barrios, desde su herencia rural, desde su gente.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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