Diario, de Édouard Levé

Diario

No sé si decir que Diario es original describe suficientemente la naturaleza, casi diría que experimental, de este libro. La segunda parte de la frase probablemente sea más certera, este libro es un experimento, una suerte de collage literario, cuya pertinencia se entiende perfectamente una vez leído pero que como idea expresada por primera vez a un editor debió sonar a locura, lo que no sólo incrementa la valía del libro sino que hace necesario dedicar unas palabras a hacer un merecido homenaje a quienes la publicaron por primera vez y, naturalmente, a los editores de Eterna Cadencia que se han dejado contagiar de esa locura en estos días. Hay pocas cosas más dignas de aplauso que los editores a los que les gustan los retos.

Diario no es un diario en el sentido de registro literario de vivencias, sino en el de periódico. Los textos están estructurados a modo de secciones de prensa: internacional, sociedad, policiales, economía, ciencia y tecnología, avisos, pronóstico del tiempo, deportes, cultura, guía y televisión. Y son textos reales, es decir, el autor se dedicó a extractar textos de noticias publicadas en periódicos del mundo, eliminar cualquier referencia personal, temporal o geográfica (se dice “un país”, “un doctor”, “una empresa”, etc) y posteriormente los recopiló en esta obra, que pese a lo descrito y misteriosamente, si bien no tiene un hilo conductor claro si que tiene un extraño aire de coherencia.

Lo extraordinario de estos textos es la imposibilidad de ubicar la mayor parte de ellas en un lugar y un tiempo concreto, puede leerse este Diario en cualquier lugar del mundo con la sensación de que una gran parte de lo leído pudiera suceder aquí, sea eso donde sea, y podría suceder ahora, sea eso cuando sea. Los textos son sencillos, concisos, algunos más llamativos que otros pero en general están exentos de alardes narrativos: dudo que la intención del autor fuera que se leyeran como microcuentos sino como un conjunto cuyo protagonismo está en el contenido más que en el continente. Y tampoco me atrevería a asegurar eso sino que probablemente el protagonista de esta obra sea el lector. El verdadero espectáculo son las reflexiones que este experimento desata en el lector, ese “podría suceder aquí, podría suceder ahora” que lleva a pensar no tanto en la globalización como en la naturaleza humana, tan similar en cualquier lugar. Para bien y para mal, aunque ya se harán cargo que en prensa suele tener más protagonismo el lado menos edificante.

¿Has escrito un libro y quieres que lo leamos?

Y permítanme una última reflexión que no está en el libro, pero nace de él. El autor envió en 2008 un manuscrito a su editor que se titulaba “Suicidio” y días después se suicidó (noticia que, por cierto, habría encontrado fácilmente su lugar en este libro), por lo que no ha llegado a vivir estos días raros nuestros de pandemia y distancia, y es una lástima porque apenas puedo imaginar cómo de interesante sería una sección más en este Diario llamada “Pandemia” en la que se recopilaran textos de noticias publicadas a lo largo y ancho del planeta y que mostraran cómo de igual o de diferente estamos reaccionando a ella. Si los textos que seleccionó Édouard Levé nos hermanan en la cotidianeidad, aunque entendiéndola como un recipiente en el que caben sucesos extraordinarios, los que no llegó a conocer y que hablan de la excepcionalidad asumida como rutina, eso que se ha dado en llamar con ese horrible término de “nueva normalidad”, habrían dado lugar a un experimento igual de brillante e interesante que este que se nos presenta ahora y que ya merece suficientemente la pena.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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