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Malaz 4: La Casa de Cadenas, de Steven Erikson

malaz 4 la casa de cadenas

malaz 4 la casa de cadenasAunque La Casa de Cadenas es la cuarta entrega de la decalogía malazana, su línea temporal está ubicada justo después de lo acontecido en Las puertas de la Casa de la Muerte. Así pues, la Cadena de Perros será un duro golpe del cual el imperio malazano deberá recobrarse. Tavore será la encargada de reunificar y motivar a su ejército para llevar a cabo un asalto contra la diosa llamada Sha’ik que se encuentra atrincherada en el desierto de Raraku. “Como si Tavore y Sha’ik, los dos ejércitos, las fuerzas en oposición, fueran de algún modo un reflejo de la otra”. Una historia de venganza, viejas rencillas y perdones postergados que avanzará en paralelo, hasta aproximadamente la mitad del libro, a lo sucedido en Memorias de Hielo.

Todo este batiburrillo de líneas temporales no tiene nada que ver con la planificación del autor (o al menos inicialmente), de hecho es todo fruto del destino; de un destino más bien cruel. Y es que Steven Erikson empezó a escribir Memorias de Hielo en esa época en la que para guardar un texto extenso se debía hacer acopio de un buen puñado de disquetes. Cuando el autor natural de Canadá llevaba más de 350 páginas repartidas entre unos cuantos disquetes los perdió. Así que tras superar la frustración decidió darle un giro a la historia, posponer esa trama y avanzar por otros derroteros que se convertirían en Las puertas de la Casa de la Muerte.

Si algo nos muestra esta anécdota es la capacidad de adaptación de Erikson, esa disposición a resurgir de sus propias cenizas cual ave Fénix para reorganizar ideas y reconducir la historia. Que es exactamente lo que hace en esta entrega.

En La Casa de Cadenas Erikson afloja el ritmo, quita el pie del acelerador y cambia a una marcha mucho más lenta. Primero empieza mostrándonos una historia que nos descolocará por no saber ubicarla en el tiempo. Dicha historia empezará muy al norte de Genabackis, en tierras tan indómitas como sus habitantes. Tres de ellos partirán para batallar con las gentes que pueblan las tierras del sur, guiados por las voces de dioses que hablan directamente a uno de ellos: Karsa Orlong. Este bárbaro, su forma de comportarse, las aventuras que le aguardan, nos recordará a esas historias clásicas de espada y brujería. Es prácticamente como tener una novela dentro de otra novela. Una historia en donde un hombre de férreas creencias deberá decidir quién guía su destino. Creo que os puedo decir que simplemente por este personaje vale la pena afrontar las más de 900 páginas de las que goza la novela.

Y es que el cambio de ritmo que el autor infunde a la narración en esta nueva porción del pastel malazano puede pasar factura a todos los lectores que tengan en mente las épicas y sucesivas batallas que se dieron a cabo en Capustán. Con todo, esta moderación, esta acción más contenida, será perfecta para que Erikson nos muestre los motivos que tienen los personajes para luchar en uno u otro bando. Por no hablar de esas guerra intestinas, con el único propósito de traición, que se llevarán a cabo dentro del ejercito del Apocalipsis. Así pues, Steven Erikson parece estar recolocando las piezas de una partida de ajedrez que ya acabó para iniciar una nueva. “…la partida que se está librando aquí es mucho más grande que cualquier imperio mortal”. Y por ello se toma su tiempo para detenerse en algunos personajes clave y profundizar en su historia. Al mencionado Karsa Orlong podríamos añadir, como muestra, la consejera Tavore, la oficial de las Espadas Rojas Lostara Yil y su compañero por obligación Perla, además del imposible dúo Trull Sengar y Onrack, de la raza Tiste Edur y T’lan imass respectivamente, los cuales se toparán con una nueva raza que añadir a nuestra variopinta colección: los Tiste liosan.

Pero que Steven Erikson tome una narración más pausada no significa que no haya batallas y que estas no sean de cariz épico. El enfrentamiento final entre el ejército Malazano y el del Apocalipsis está tan repleto de acción, de diferentes puntos de vista y de giros inesperados que más de una vez os descubriréis releyendo párrafos para no perder el hilo y, ¿por qué no?, para disfrutar de nuevo de alguna escena. Sirva de ejemplo esa en la que Corabb descubre que un casco sirve para algo más que para ponérselo en la cabeza. O esa otra en la que unos oficiales (ese sargento Cuerdas me suena de algo…) montan una lucha de escorpiones que es tan legendaria como hilarante. Aunque si hablamos de cachondeo no podemos dejar de hablar del sacerdote de Sombra Iskaral Pust el cual esta vez viene acompañado de su mujer Mogora, tal para cual. Todo ello aliñado con la sensación asfixiante que provocan las minuciosas descripciones del autor del entorno estéril por el cual se mueven los personajes; un sol inclemente y un desierto enfurecido que nos hará sudar y sentir que estamos tragando arena.

La Casa de Cadenas, publicada por Nova, es la cuarta entrega de la saga malazana. Una entrega de narración más comedida en la que priman los personajes por encima de la acción, pero que al igual que las anteriores entregas nos deja momentos para el recuerdo, una atmósfera de nostalgia contenida y un desenlace digno de las mejores tragedias griegas.

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Malaz 3: Memorias de Hielo, de Steven Erikson

malaz 3 memorias de hielo

malaz 3 memorias de hieloLa antropología es esa ciencia que pone al ser humano bajo una lupa para estudiarlo de forma completa. No solo analiza su origen a nivel biológico, sino que también investiga minuciosamente su desarrollo como especie. Indagar en la cultura, en la lengua o en las diferentes conductas sociales nos ayuda a entender mejor por qué estamos donde estamos y por qué otras sociedades se quedaron por el camino.

La arqueología, disciplina que está íntimamente ligada con la antropología, es la ciencia que estudia la evolución de nuestras sociedades a través de nuestros restos materiales. Construcciones como castillos medievales, murallas o acueductos y objetos como vasijas, puntas de flecha o monedas sirven para trazar un camino hasta nuestros días y observar todos los cambios que se han dado desde entonces.

Si he empezado hablando de estas dos ciencias especializadas en estudiar las diferentes facetas del ser humano es porque Steven Erikson, autor de la decalogía malazana, tiene formación en ambas, y es en su tercera novela donde más hace uso de ellas. Sabedor quizá de que en Los jardines de la Luna y Las puertas de la Casa de la Muerte el contexto para pillar el hilo de la historia era demasiado vago (todavía duele el esfuerzo, ¿verdad?) se valió de sus conocimientos en antropología y arqueología para, esta vez sí, lanzarnos un fino sedal al cual aferrarnos.

El ejemplo más representativo de ello acaece nada más empezar Memorias de Hielo. ¿Qué sabíamos de los Jaghut? ¿Y de esa raza de cadáveres errantes conocidos como los T’lan Imass? ¿Y de la guerra que mantiene a ambas razas enfrentadas? Once páginas servirán para mostrarnos un inicio; no de un conflicto pero sí de un juramento. Un juramento que se convertirá en una maldición que arrastrarán durante milenios. Una mirada al pasado para entender el presente, mostrándonos así algunas de las facetas más representativas de algunas de las razas que pueblan Malaz. Porque los Rhivi también tienen que contarnos algo al respecto; poco, por el momento, aunque más que los Tiste andii. Incluso los K’chain che’malle, raza ancestral que se creía extinta y que tiene el aspecto de un dinosaurio cruzado con un ninja, gozan de un lugar muy específico en esta historia de 1167 páginas que de nuevo nos trae la editorial Nova.

Pero empecemos por el principio. Y nunca mejor dicho, pues Memorias de Hielo continua justo donde terminó Los jardines de la Luna, poniendo de manifiesto que por el momento vamos a tener que lidiar con dos hilos argumentales que se mueven en paralelo. Así pues, si teníais pensado reencontraros con Violín, Kalam o Felisin, o queríais ser testigos del desarrollo de la rebelión bautizada como El Torbellino, os tocará esperar un poquito. Pero oye, que vuelven los Abrasapuentes, Caladan Brood y Anomander Rake. Y regresan unidos en un solo ejército. La Hueste de Unbrazo luchando hombro con hombro con la de Brood. Ya conocéis el proverbio: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Pero es evidente que a pesar de luchar juntos por una causa en más de una ocasión saltarán las chispas y se desenvainarán las espadas. Tensión asegurada. ¿Pero quién es ese enemigo que los ha unido? El Domino Painita es un ejército invasor que lo asola todo. Al mando: el Vidente Painita, del que apenas se sabe nada.

Steven Erikson vuelve a mandarnos al campo de batalla de una soberana patada en el culo. Ya tuvimos páginas de sobras con los volúmenes anteriores para aclimatarnos a su vertiginosa forma de narrar. Esa narración que es una alocada montaña rusa de emociones y que nos hace alcanzar el súmmum cuando el autor desarrolla multitudinarias batallas que acontecen a lo largo de muchas páginas. Nada como un buen chute de épica para que fluya la adrenalina. Y mientras tanto los mitos que envuelven el mundo creado por Erikson siguen creciendo. Empezaremos a dilucidar cómo funcionan realmente las sendas por las que transcurre la magia. Se aclararán algunos de los hechos que envuelven a la enigmática figura de Ben el Rápido. Y la sorpresa nos sobrevendrá al conocer qué diablos significa realmente El Sueño de Ascua. Revelaciones que siempre andan rodeadas de esa ligera sospecha que te obliga a cuestionarte sobre si Erikson inventa sobre la marcha o si lo tiene todo planeado al milímetro.

Pero volvamos a las batallas, pues en Memorias de Hielo asistiremos a una de las luchas más cruentas y macabras que jamás se haya narrado. Será en Capustan donde los muertos se convertirán en murallas por las que escalar, alimento para el hambriento o simples objetos sexuales de los que extraer la semilla que da la vida. Truculenta, horripilante, perturbadora. Una batalla narrada sin tapujos de una forma vívida y visceral. Steven Erikson nos brinda las imágenes más despiadadas y sangrientas hasta el momento en esta saga de diez volúmenes.

Pero Memorias de Hielo no solo vive de batallas épicas. De hecho las relaciones entre los personajes son realmente la piedra angular que motivará todos y cada uno de los acontecimientos que ocurren en la novela de fantasía. Relaciones como la de la Rhivi que envejece prematuramente debido a una hija que absorbe su fuerza vital. Una historia de amor, odio y supervivencia. “¿Es que no he de ser nada más que alimento para la vida floreciente de mi hija?”. Amores imposibles que en ocasiones surgen entre diferentes razas o incluso entre dioses y humanos. Y si de sentimientos hablamos no podemos menospreciar el de la tristeza que nos embargará unas páginas antes de finalizar el libro. De nuevo una batalla. De nuevo los Abrasapuentes en primera línea dejándose la piel. “Los primeros en entrar, los últimos en salir”. Y al final esa agridulce sensación de nostalgia que te embarga tras disfrutar de un buen libro.

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Malaz 2: Las puertas de la Casa de la Muerte, de Steven Erikson

malaz 2 las puertas de la casa de la muerte

malaz 2 las puertas de la casa de la muerteEl mundo de Malaz surgió de las imaginativas mentes de Steven Erikson e Ian C. Esselmont. Primero fue un esquema para jugar elaboradas partidas de rol, pero ese esbozo de mundo que era solo un entretenimiento banal, tras el desarrollo gradual que le fueron otorgando sus autores, fue convirtiéndose en algo más complejo. Tenían tanto por contar, tantas historias, tantos personajes y tantas localizaciones que las gotas de fantasía que habían fluido desde sus intelectos acabaron convirtiéndose en un océano por explorar. Eran jóvenes y el siguiente paso fue previsible.

Cuenta el propio Steven Erikson que cuando intentaron vender el guion para elaborar una serie de televisión o una película todo fueron halagos, pero también les daban un consejo: haced algo más sencillo, algo que para el público medio sea coser y cantar. “Salíamos de las reuniones sintiéndonos frustrados, descorazonados y confusos. ¿De verdad acabábamos de escuchar cómo nos invitaban a ser mediocres? La verdad era que sonaba así. Bueno, pues que le den a eso”.

Sí, que les den; es lo que les decimos también todos los lectores de la saga malazana. Pues gracias a esa mentalidad cerrada y conservadora propia de algunos negocios y a la perseverancia de Steven Erikson e Ian C. Esselmont lo que fue primeramente un juego de rol y luego un guion, finalmente se convirtió en una saga de libros de fantasía. Una saga que empezaría con el duro, complicado pero épico trabajo de Erikson en Los jardines de la Luna y que ahora podemos continuar leyendo en el segundo volumen de Malaz: El libro de los caídos.

En Las puertas de la Casa de la Muerte abandonamos Darujhistan y lo que acaeció en el primer volumen para visitar nuevos parajes de las Siete Ciudades. No solo dejaremos atrás lugares conocidos, sino que también nos despediremos de los personajes (o de casi todos) que tuvimos el placer de conocer en la primera novela. Así pues, y aunque nos encontraremos con el Abrasapuentes Violín y el asesino Kalam que intentan a toda costa devolver a Apsalar a su hogar, la mayoría de sujetos que aparecen en esta novela portan nuevas historias consigo, las de sus vidas, para aportar nuevas pinceladas a un lienzo que aún muestra muchas porciones por pintar. Historias como la de Felisin, antes perteneciente a la clase burguesa y ahora esclava en las minas de otaralita por la gracia de su hermana, de la cual jurará vengarse. Historias como la de la sublevación que se está gestando en el desierto de Raraku que busca vencer y enterrar el imperio malazano; una sublevación con el nombre de: el Torbellino. Historias que podrían convertirse en leyenda, como la de Coltaine, el comandante malazano que guiará a treinta mil refugiados a lo largo de cientos de kilómetros mientras un ejército enemigo les pisa los talones.

Si por un momento llegasteis a pensar que la lectura de Las puertas de la Casa de la Muerte sería sencilla, errasteis. Si pensasteis que sería más sencilla que el primer libro, entonces os acercasteis un poco a la verdad. Y es que esta vez empezamos la novela con un contexto, unos recuerdos a los que aferrarnos cuando nos sintamos algo perdidos. Con todo, Erikson no nos deja disfrutar de la zona de confort durante mucho tiempo y de nuevo, y mediante nuevos personajes, nos remite a lugares desconocidos y a una mitología de la que hemos oído hablar pero la cual todavía no dominamos. Esa comodidad lectora también se desvanece cuando descubres que Erikson muestra un conflicto en el que todos son capaces de lo mejor y de lo peor. Los villanos del primer libro ya no lo son tanto y los que decían ser héroes son capaces de las mayores atrocidades. El autor consigue esto al poner su lupa sobre pequeños grupos de personajes de ambos bandos, algo que le permite perfilar personalidades complejas y carismáticas que son la suma de un conjunto de evoluciones paulatinas y coherentes con lo que ocurre alrededor de los personajes.

Leer Las puertas de la Casa de la Muerte llega a ser agotador. Y esto ocurre, simple y llanamente, cuando el autor es capaz de embrujarte con su prosa y hacerte creer que estás cruzando un desierto sin una gota de agua en tu haber o cuando eres testigo de una lucha a muerte entre dos ejércitos rivales que recorrerán distancias impensables en una suerte de titánica partida de ajedrez que los llevará a verter sangre, sudor y lágrimas. Barcos embrujados navegando por lugares imposibles, demonios de extremidades desparejas y de formas angulosas (os encariñareis con la aptoriana, ya veréis), un historiador poniendo en riesgo su propia vida para ser fiel a los hechos, parajes de belleza que os harán enmudecer si estáis leyendo en alto (el paso de Vathar y las mariposas amarillas es pura poesía paisajística), amistades que traspasan fronteras y que os llegarán al corazón (Mappo, Icarium y el terrible secreto con el que deben cargar), un punto de humor (las apariciones de Iskaral Pust siempre proporcionan, como mínimo, una sonrisa) y magia, muchísima magia, y de las formas más inverosímiles, que actuará a través de dioses, lugares o seres que en un principio parecían huérfanos de poderes. Me quedo corto al decir que todo esto es lo que encontraréis, pues cada lector encontrará también su propia aventura.

Las puertas de la Casa de la Muerte, segundo volumen de Malaz: el libro de los caídos, publicado por Nova en una edición impecable es una muestra de que si se ordenan de forma adecuada las palabras se puede llegar a crear magia.

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Malaz 1: Los Jardines de la Luna, de Steven Erikson

malaz 1 los jardines de la luna

malaz 1 los jardines de la lunaCuando abrimos un libro, cuando nos enfrentamos a una nueva lectura, nos convertimos en unos exploradores que arriban a tierras extrañas. Somos como seres de otra galaxia observando lo que acaece en un mundo desconocido. Al principio es habitual sentirse algo desorientado. Lugares nuevos, nombres impronunciables, batallas, amores, amistades y traiciones… Ocurren tantas cosas que hasta que no encajamos las piezas de los diferentes hilos narrativos no empezamos a vislumbrar algo de luz entre tanta bruma. Pero una vez alcanzamos esa claridad, ese momento en el que los lugares empiezan a sernos familiares, los personajes nuestros amigos (o enemigos) y las situaciones a tener una relación entre sí, desaparece esa sensación de confusión que habíamos sentido en los primeros compases de la historia. Y esto es así con cada libro. Con algunos se tarda más que con otros en abandonar esa sensación desasosegante de estar perdiéndote algo. En general el género de la fantasía, al crear mundos imposibles y situaciones extraordinarias, acostumbra a llevarse la palma en lo que se refiere a ese efecto de inopia transitoria. En particular, y como caso diría que único, Los Jardines de la Luna, el primer volumen de la saga Malaz: El libro de los caídos, es un grandísimo ejemplo de como ese efecto de desconcierto puede alargarse hasta extremos insospechados, convirtiéndose luego en una pieza clave de todo un entramado complejo y portentoso.

Los Jardines de la Luna de Steven Erikson lanza ferozmente al lector, desde la página uno, hacia el mismo vórtice de un conflicto titánico. El imperio de Malaz conquista ciudades a su paso y ahora ha puesto el foco en Darujhistan: la última de las ciudades libres del continente de Genabackis. Es en esta ciudad donde partidarios y detractores del imperio Malazano irán moviendo sus hilos para que la suerte se ponga de su lado. Es por ello que en este lugar confluirán un conjunto de fuerzas tan poderosas y antagonistas como la legendaria unidad de élite de los Abrasapuentes, expertos en tácticas de sabotajes y avanzadilla de ejércitos, la Garra y su unidad especial de asesinos, La cábala de T’orrud compuesta por magos y hechiceras o los parroquianos de la taberna del Fénix, en dónde se reúnen ladrones, asesinos de profesión, magos que no lo parecen y gente de apariencia normal pero de habilidades extraordinarias. A todos estos personajes, y a medida que avance la historia, se les irán uniendo otros tantos. Los cambios de bando se sucederán en busca del propio interés y las traiciones estarán tan a la orden del día que deberán andarse con ojo si no quieren acabar con un puñal en la espalda.

Los Jardines de la Luna no es un libro fácil. No es el típico libro de fantasía en el que a cada página el autor hace un pequeño paréntesis para contextualizar, hacer entender a sus lectores, explicarles el porqué de todo lo que ocurre, aclarar por qué la magia funciona de tal forma o de dónde han surgido las diferentes razas. No, Steven Erikson no es el típico autor que simplifica la narración porque cree que sus lectores son idiotas redomados. Y un ejemplo es el arranque del libro en el que todo se da por sobreentendido y el lector no puede ni distraerse un segundo. A la mínima distracción estarás perdido y deberás leer de nuevo, visitar la sección de dramatis personae o el glosario. Y así hasta la página 160 aproximadamente, que, teniendo en cuenta que el libro goza de 765 páginas al final no resulta tanto esfuerzo. Y es que Steven Erikson lo que busca de nosotros es un poco de compromiso y bastante atención, y una vez lo conseguimos, una vez aunamos ambas capacidades, como si de un hechizo se tratara, la lectura se convierte en algo tan placentero que es imposible abandonarla.

Si hay algo por lo que debamos dar gracias a Steven Erikson, e incluso alabar, es porque Los Jardines de la Luna sea un libro de fantasía que se enorgullece de pertenecer a ese género. Steven Erikson no esconde lo que narra tras una falsa fachada de relato medieval que a medida que transcurre transmuta levemente en aventura de espada y brujería. Los Jardines de la Luna es fantasía desde la primera a la última página. Magos y hechiceros que obtienen sus poderes mediante Sendas; objetos que son fuente de poder; dioses que caminan entre los hombres y que juegan con estos de la misma forma que lo hacen en la mitología griega; dragones, espadas mágicas, cuervos sustentados por la magia y seres capaces de moverse entre diferentes planos de realidad. Con todo, Erikson no deja de lado el desarrollo de personajes, todo lo contrario, trata con enorme mimo este punto además del relacionado con las intrigas palaciegas o las estrategias militares.

En definitiva, Los Jardines de la Luna publicado por Nova es una obra tremendamente ambiciosa que culmina con éxito cada una de sus metas. Este primer volumen del universo Malaz rezuma fantasía heroica por los cuatro costados, una fantasía de la que quedarás impregnado tras haber cerrado el libro y que te obligará irremediablemente a continuar con el segundo volumen de la saga: Las puertas de la Casa de la Muerte.

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La cicatriz, de China Miéville

La cicatriz

La cicatrizEs el tercer libro que leo este año de China Miéville. Y no me canso. Las nuevas ediciones de la trilogía Bas-Lag que está publicando Nova es justicia divina aplicada al mundo editorial. Están cuidadas, están revisadas y permiten que mucha gente conozca la saga gracias a la cual el autor inglés ganó su fama internacional. Si bien es cierto es que las conexiones entre libros es bastante sutil y siguen una correlación temporal, cada libro puede leerse como un historia independiente. La magia oscura del primer libro se ratifica aunque va por otros derroteros. Frente a la claustrofobia urbanística del primer libro, nos enfrentamos ahora a la agorafobia del espacio marítimo infinito. Y es que la gente de Nova no ha podido elegir mejor momento que éste para publicar de cara al verano esta segunda parte oceánica y retorcida como pocas.

Bellis Gelvino tiene que huir de Nueva Crobuzón por asociaciones indebidas. Y Nova Esperium es el destino idóneo. Una colonia a cientos de millas que está separada de su hogar por mar y tierra. Claro que en su plan perfecto no cuenta con lo inesperado de un abordaje que la obliga a replantearse sus lealtades y la enfrenta a las vicisitudes de todo comienzo. Una vida nueva en la ciudad flotante que la retiene no como esclava, pero sí como cautiva. Y es que en Armada todo el mundo puede empezar desde cero sin importar quién es y de dónde viene, pero teniendo en cuenta que ¿hacia dónde va? ya no es una decisión que recaiga sobre uno mismo. Y aquí, ajenos a cualquier paraje conocido, es donde Miéville enciende su máquina de crear maravillas y nos sorprende con búsquedas de criaturas marinas del tamaño de continentes, nos muestra la voluntad férrea de un raza de tritones poco sociales o despliega todas las posibilidades de existir que tiene cualquier objeto. Las Posibles Versiones de todo lo que nos rodea.

La cultura de Armada, rica en matices y con un sistema de gobierno sólido y democrático, tiene un carisma imborrable. Sin embargo, la traición por salvar ese lugar en el que pensamos como nuestro hogar, pone en entredicho la flotabilidad de esta comunidad nómada que roba, caza, secuestra y reinserta individuos. Una ciudad que alberga ese tipo de amor que deja surcos en todo lo que somos. Una isla a la deriva que marcará a Gelvino a fuego lento mientras hará arder a un ritmo imparable todas las murallas que la fugitiva había construido en torno a sí misma.

Al pensar en una aventura marítima de caza y obsesiones compulsivas es inevitable dejarse caer por el clásico de Melville. Y es que si en aquella aventura emblemática teníamos a un ballena blanca huidiza y gigante, aquí tenemos un avanc. Una criatura procedente de otra realidad que se asoma a este lado del universo muy de vez en cuando a través de las profundidades marinas de nuestros océanos. Este homenaje a su casi homónimo no es casualidad. Y ocupa gran parte de la trama de La Cicatriz. Pero no es la única criatura oceánica con la que vamos a toparnos. La novela de Miéville, es todo un compendio en cuanto a fantasía sumergida se refiere y no escatima en gastos formales ni de contenidos.

Las descripciones de continentes, barcos y abordajes harán las delicias de los fanáticos del género pirata. Claro que hablando de Miéville no podemos dejar de lado los matices sociales de su obra, y es que la política, el peso del individuo y las decisiones que los gobernantes toman sin contar con el pueblo cobran en esta novela una importancia primordial. Miéville habla de democracia en todas sus vertientes. Y ni siquiera el género fantástico puede salvar a esta forma de gobierno de sus propias carencias. Dejando claro una vez más que Miéville no es un autor de ciencia ficción o fantasía, sino un analista certero de la realidad que nos rodea con una capacidad metafórica digna de ser estudiada.

La Cicatriz, como ya he mencionado más arriba, es un gran ejemplo de cómo a veces es dificilísimo llevar una gran idea a buen puerto. No puedo sentir más fascinanción por el sistema político implantado en Armada, una ciudad-barco dividida en pequeños distritos donde conviven todo tipo de dirigentes y sistemas de recaudación, pero en el que todo se sustenta gracias a una democracia participativa. Un comunidad en la que los problemas comienzan cuando los que están en el poder empiezan a obviar la aprobación del pueblo en sus proyectos. Cuando este todo para el pueblo, pero sin el pueblo empieza a fragmentar la confianza y la continuidad de la ciudad en sí.

Y es que queda ampliamente claro en la novela de Miéville que el poder corrompe, que el estatus político siempre acaba hundiendo las buenas intenciones y que la rotación de aquellos que se sientan en el trono es necesaria. Nada nuevo pero que, sin embargo, en las manos del autor inglés estas ideas acaban por sonar pertinentes. Principios básicos que todo individuo que forme parte de algo más grande no debería olvidar para evitar que su futuro, ese buque insignia en el que uno avanza, se vaya a pique.

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El diario de la princesa, de Carrie Fisher

el diario de la princesa

el diario de la princesaLa luz rojiza del atardecer iluminó la sonrisa que se había dibujado en mi rostro tras dejar atrás la penumbra de la vasta sala de cine en la que había disfrutado de la película Rogue One: Una historia de Star Wars. La sonrisa había sido consecuencia de ese final de la que, por el momento, era la última entrega de la saga galáctica más célebre. Un final que no solo enlazaba a la perfección con Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza, sino que además tocaba la fibra sensible de nostálgicos, recuperando, como si no hubieran pasado los años para ella, a aquella princesa menuda, pero estoica, que luchaba con la fuerza de un titán. Sí, la princesa Leia Organa.

Minutos después, y ya en casa, una noticia que corría como un reguero de pólvora por internet dinamitó mi sonrisa hasta convertirla en un puñado de escombros. Carrie Fisher acababa de morir. ¡Qué cruel es en ocasiones el destino! Fue en ese preciso momento cuando dos pensamientos fugaces cruzaron por mi mente para convertirse en dos dolorosas revelaciones. La primera: Cuando esos famosos a los que has admirado desde niño empiezan a morir (de una muerte más o menos natural) es que ya no eres tan niño. Y la segunda: De la princesa Leia lo sabía todo. En cambio de Carrie Fisher, ¿qué sabía? Solo lo poco que me había molestado en buscar en internet, que, no os voy a engañar, tampoco fue mucho. Supe que podría ponerle remedio al asunto al conocer la noticia de que Nova publicaría El diario de la princesa. Por fin iba conocer los secretos de Carrie Fisher, los derroteros que había tomado su vida tras rodar Star Wars, sus pensamientos más íntimos… ¡y todo contado por ella misma! Las páginas de El diario de la princesa serían como un susurro desde el más allá, y eso, en cierto modo era tan triste como emocionante.

El diario de la princesa se convirtió en un proyecto que llevar a cabo en el preciso momento en el que Carrie Fisher encontró los diarios que escribió cuando era solo una muchachita de diecinueve años. Esas reflexiones timoratas e ingenuas, los poemas ñoños no aptos para diabéticos y esos eslóganes de reflexión vacua, que bien podrían haber estado escritos en la carpeta de una adolescente, sorprendieron a una Carrie Fisher ya adulta. Desde la perspectiva que dan los años decidió que tal vez había llegado la hora de dar ciertos matices a aquellos pensamientos donde los únicos colores que parecían imperar eran el funesto negro y el cándido rosa.

Lo primero que llamó mi atención a las pocas páginas de empezar a leer (a parte de la facilidad que tenía la autora para encontrar las palabras adecuadas) fue su sentido del humor. Nunca hubiera imaginado que Carrie Fisher gozara de un humor tan incisivo. Con la ironía, el sarcasmo y en ocasiones el gamberrismo más refrigerante como estandarte principal de su narración, no duda en ningún momento en hallar esos trazos de comicidad que le rodearon durante el rodaje de la primera película de Star Wars y que siendo más joven fue incapaz de vislumbrar. Humor que tiene que ver con los fans, con sus compañeros de rodaje o con ella misma y con lo que significaba convertirse en una súper estrella de la noche a la mañana. “No creo que nadie pueda pensar en Leia sin que yo merodee también por sus pensamientos. Y no estoy hablando de masturbación.” Humor que incluso llegaría a ser profético. “Resulta difícil imaginar una necrológica televisiva que no use una foto de esa niñita de cara redonda con sendos absurdos rodetes a los lados de su escasamente experimentada cabeza.”

Ese humor rápidamente se diluye y Carrie Fisher desgarra sus vestiduras y descubre su alma a los lectores. Sin inhibiciones, y solo guardándose para ella las escenas más morbosas, nos hace partícipes de unas reflexiones imprescindibles para entender cómo funciona la insaciable maquinaria de Hollywood. Dinero y reconocimiento a una edad muy temprana. ¿Qué podía salir mal? Mientras leía, mientras Carrie hablaba sobre los peajes que tendría que pagar por rodar por la autopista de la fama, un viejo proverbio chino me vino a la mente: Ten cuidado con lo que deseas. Una vez más la sonrisa se diluía en la amargura de la nostalgia.

Una extensa parte de El diario de la princesa está dedicado a Harrison Ford. El Harrison Ford que interpretó al inolvidable Han Solo y del que la jovencísima Carrie Fisher se enamoraría hasta las trancas. Un amor prohibido. Un amor imposible descrito en los cuadernos manuscritos que acompañan al libro y que en ocasiones dan cierta vergüenza ajena y en otras resultan conmovedores. La Carrie Fisher adulta arroja luz sobre la verdad en su relación con Harrison Ford; cómo era él, cómo la trato y qué es lo que todavía sentía por él son algunas de la incógnitas que encontrarán su respuesta.

¿Y qué hay de Star Wars? Sí, es evidente que también habla de la película. Pero más que del producto final Carrie Fisher se hace eco de los entresijos de aquel set de rodaje, de las curiosidades, las anécdotas y las fiestas (con ese secuestro, del que ella fue víctima, perpetrado por varios miembros del equipo que a mí, sinceramente, y a pesar de que lo describe como una broma, me resultó algo espeluznante).

El diario de la princesa es un libro escrito a cuatro manos: las de la jovencísima, ingenua y enamoradiza Carrie Fisher y las de la adulta, sagaz pero también enamoradiza Carrie Fisher. Unas memorias divertidas, apasionadas y de evidente carga nostálgica que revelan no solo lo bien que se desenvolvía Carrie Fisher a la hora de escribir, sino también lo aguda y certera que llegó a ser en sus críticas hacía la industria del cine.

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Los últimos días de Nueva París, de China Miéville

Los últimos días de Nueva París

Los últimos días de Nueva ParísLlevo leyendo a China Miéville desde que tengo uso de razón lectora. Desde que no es otro sino yo quien elige en qué libro se sumerge, con qué autor gasta el tiempo. Podría haberme equivocado. Podría haber caído en manos de alguien que no enciende, que no ilumina. Gracias a los dioses di con este señor de aspecto poco amable y capacidad inventiva por encima de la media. Y entendí que había obviado la parte más fascinante de la literatura. Aquella que te lleva a lugares en los que nunca has estado porque nunca te has salido del camino marcado, de la bibliografía recomendada. Pero sucede que si te atreves, si sales de la norma imperante, la norma subversiva alecciona de un modo diferente, convierte las batallas perdidas en segundas oportunidades. La fantasía deja de ser algo para niños inquietos y se convierte en el pan de adultos que no fueron bien domesticados. Ese es el sustento que nos da el señor Miéville con cada una de sus novelas. Y esta última, publicada por Nova, no es una excepción en la excelente producción del autor inglés.

Si has leído más de un libro de este señor, sabrás que cada nueva incursión literaria abre un mundo completamente nuevo dentro de su trayectoria. Rompe con lo que había hecho hasta la fecha para darle rienda suelta a la oportunidad de sorprenderse a sí mismo y por ende al lector que le sigue. Ahora hablamos de ucronías y la posibilidad de reinventar la historia de nuestro tiempo. Concretamente esta novela nos lleva a las calles de un París invadido por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y una resistencia completamente surrealista. Literalmente. Y es que desde los ojos de Thibaut, uno de los últimos combatientes de los artistas que se sublevaron ante la ocupación, vemos una ciudad llena de manifs. Obras surrealistas que cobran vida a raíz de una bomba de origen desconocido. Estas piezas de batalla ingobernables hacen frente a la invasión alemana de formas totalmente insospechadas. Claro que el bando enemigo no se quedará atrás ya que para contrarrestar el arte combatiente han decidido invocar demonios a través de pactos con el Infierno, por lo que la ciudad, aislada, se ha vuelto irreconocible, lejos del aquel París romántico de los años 40. Ahora, para sobrevivir en este contexto, uno debe protegerse de cualquier tipo de arte y alianzas si no quiere caer en el fuego cruzado.

Aunque sea una novela mucho más breve de lo que nos tiene acostumbrado el autor inglés, lo cierto es que Últimos días de Nueva París deja entrever muchos de los rasgos identificativos del autor. Los comienzos son difíciles y más aún si hablamos de una novela de China Miéville. Esa transición entre no entender y entender propia de cualquier libro del autor inglés aquí vuelve a tener lugar. Nos sumerge en un mundo desconocido para nosotros –olvídate del París del título, nunca antes habías estado en esta versión de la ciudad-. Y uno avanza como puede hasta que empieza a esclarecer términos, a deducir y a contrastar. Este modo de proceder deja indefenso al lector durante un buen tramo del recorrido, pero una vez conquistado el terreno, la satisfacción que provoca es mucho más reconfortante. Fall Rot, cadáveres exquisitos, La Main á plume… Un mundo por descubrir con sus propios neologismos y su capacidad para definir pedazos de la realidad que carecían de nombre. La magia Miéville ha hecho su efecto y uno se plantea la relectura tras finalizar la novela con el fin de descubrir pasajes ocultos, rutas secundarias o un entendimiento de la obra completamente nuevo.

Hay ideas poderosas. Hay ideas que buscan realmente su lugar sin importar el precio que tienen que pagar para cumplir con su cometido. Si algo nos ha enseñado el arte es a reconfigurar nuestra idea del mundo. Expandirlo y reformarlo para que una nueva conciencia tenga cabida. El arte es la revolución a marchas forzadas cuando la evolución ha detenido su curso. Y justo en estos términos es cómo el arte se subleva en la novela de Miéville. Rompe y arrasa allí donde el humano ya no puede avanzar y le otorga otra oportunidad, una senda completamente nueva que nadie podría haberse imaginado. Este libro es una auténtica clase de historia. Claro que no en el sentido en el que te esperas. Los hechos históricos no son certeros, pero la red establecida para hacer frente al enemigo no puede ser más auténtica. China habla de una revolución cultural, una batalla del pensamiento allí donde las balas son insuficientes, donde los partisanos carecen de energía para contraatacar. Y es que el arte de la guerra nunca se había vuelto tan explícito como en este libro. El enfrentamiento contra el opresor nunca había dejado una mancha tan indeleble en nosotros, mancha que bien podría protagonizar un lienzo u otro tipo de arte que nos invite a defendernos.

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La estación de la calle Perdido

La estación de la calle Perdido

La estación de la calle PerdidoSi existe una editorial que se esté convirtiendo en el referente nacional de fantasía y ciencia ficción esa es Nova. Y no sólo porque esté traduciendo al castellano los títulos más punteros del momento, sino porque está rescatando del pasado auténticas joyas que no fueron traducidas o no fueron editadas con el debido cariño que merecían. Este es el caso de la novela alfa de China Miéville. Traducida, pero perdida en el tiempo. Inencontrable y elevada al estatus de novela de culto, La estación de la calle Perdido se había convertido casi en una leyenda urbana. Una especie de rumor que se oía en los bajos fondos de cualquier ciudad. Las pocas ediciones a las que uno podía acceder tenían que pasar por fondos de biblioteca o ediciones a tal nivel revalorizadas que sus precios desorbitados te obligaban a poner el ejemplar de nuevo en el estante. Aquella época oscura ya pasó. Y la nueva edición no sólo revisa el texto original, sino que añade una edición cuidadísima con unos acabados totalmente espectaculares. Si crees que estoy exagerando, quita la sobrecubierta del libro y prepárate para la belleza.

¿Pero a qué viene tanto ruido y tanta expectación? Imagina una ciudad cuyo diseño arquitectónico sea una oda a las tripas de un cerdo. Una ciudad cuyas calles estén predispuestas de tal modo que tu sentido de la orientación pida a gritos ser sustituido por tu sentido de la supervivencia. Una ciudad cuya efervescencia tenga cierta semblanza a una herida infectada que reclama para sí misma todo el miembro en el que se aloja. Pues bien, ese milagro de urbanismo se llama Nueva Crobuzón. En ella habitan todo tipo de seres, razas, cultos e individuos que rezan a cientos de dioses distintos con el fin de conseguir aliados en esa guerra constante que es vivir.

Esta es la ciudad donde vive Isaac Dan der Grimnebulin, científico proscrito y reputado por conseguir lo racionalmente imposible. Es a él a quien busca Yagharek, un garuda que ha perdido sus alas por un delito extraño y ajeno al entendimiento humano. Sin saber si está en manos de Isaac devolver a los cielos al garuda, acepta el encargo, lo que dará lugar a una de las mayores crisis que Nueva Crobuzón haya vivido. Aprendiendo en el proceso que algunas alas no han sido creadas para surcar los cielos, sino para aumentar la distancia hasta el suelo momentos antes de la caída.

Mujeres khepri, alcaldes corruptos, camellos deformados, taumaturgos, periodistas censurados, demonios, parásitos que ocupan ministerios, entidades cósmicas adictas a las tijeras, vodyanoi, fieles orgánicos del MecaDios… El compendio de personajes que se cruzan con Isaac en su tarea es tan numeroso e imaginativo que el respiro entre momentos de clímax prácticamente no existe en esta novela.

Estamos ante una obra mastodóntica. Ochocientas páginas de lenguaje barroco en el que la atmósfera es tan importante como lo que sucede. El autor ha hecho un gran ejercicio sensorial para que andemos por Nueva Crobuzón como un turista forzado. Todo es recargado hasta el exceso y cuesta entrar en el tono en el que se nos está narrando la historia, pero una vez dentro de la dinámica propuesta, parar se convierte en un error. Descubrir nuevos rincones de esta ciudad llega a ser tan divertido y espeluznante como continuar con la historia. Hay tantos frentes abiertos que ni un recodo queda por descubrir al cerrar el libro. Y sin embargo, es probable que sientas que te estás dejando atrás gran parte de lo que oculta esta ciudad.

El libro tiene ciertos pasajes que rezuman inteligencia por todos sus párrafos. No estamos ante un libro de fantasía urbana al uso, el humano que se esconde tras estas páginas tiene los conocimientos necesarios para hablar de cientos de cosas sin caer en la sensación de puro pastiche. La caracterización de los personajes, sus intenciones y su forma de coexistir entre ellos es de una autenticidad que duele. Da igual que tengamos delante a una mujer con cabeza de escarabajo, sabemos que lo que siente es totalmente cierto, aunque no use palabras humanas para definirlo. Esta ciudad esconde humanos dentro de sus monstruos. Y monstruosidades dentro de su definición de humanidad.

China Miéville me tiene bien agarrado. Es un arquitecto que comulga con los puntos ciegos de la ciudad. Es un escritor que no le tiene miedo a nada. Imagina por un momento que el Marques de Sade se hubiese obsesionado con La Historia Interminable. Imagina a Palahniuk diseccionando unicornios. Estos son los términos en los que hablamos del autor inglés.

A veces roza la explicación científica en términos tan plausibles que tienes que recordarte que está jugando con tu mente. La metafísica encuentra sitio entre sus páginas. La lucha obrera. La zoofilia antropocéntrica. El trato de la información y la censura. La crítica ante los medios de financiación de un gobierno capaz de cerrar tratos con el Diablo. La fantasía es una excusa, pero una excusa tan sólida que convierte al conjunto en una alegoría disimulada de lo que sucede en cualquier gran ciudad del siglo XXI.

No nos engañemos. Nueva Crobuzón nos hipnotiza porque nos habla en términos que todos tenemos más que asimilado. Las ganas de volar de los personajes son sólo nuestras excusas para contabilizar el tiempo en el que todo tarda en caer. Los amores imposibles, los estigmas de querer al ser socialmente incorrecto son las brasas de los prejuicios que tienen cabida más allá de la extensión del libro. Por eso fascina. Por eso repugna. Es capaz de hacer que la fantasía provoque vómitos y revoluciones. Y eso nunca antes había sucedido.

 

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El despertar del Leviatán, de James S. A. Corey

El despertar del Leviatán

El despertar del LeviatánEl humano es de naturaleza exploradora; un primate curioso siempre ansioso por descubrir nuevos lugares. Antaño, siendo nómada, podía saciar esas ganas de sondear lugares recónditos a menudo. Luego llegaría la agricultura, y con ella el sedentarismo. Evidentemente había que quedarse en ese lugar para ver cómo crecían los tomates para posteriormente recolectarlos. Pero a pesar de todas esas ciudades colmadas de relativa comodidad, el humano aún percibía como ardía el fuego de la exploración en su interior. Por eso Cristóbal Colón descubrió América. El mismo motivo condujo a Roald Amundsen a dirigir una exitosa expedición a la Antártida para alcanzar el Polo Sur. ¡Y qué decir de la competición que llevaron a cabo rusos y americanos por ver qué nación exploraba más y mejor el espacio exterior! El final de esa carrera acabaría con los americanos dando saltitos en la Luna. Pero también serviría para sembrar el germen de una exploración más profunda, con los ojos de las agencias espaciales puestos en el planeta rojo.

Y mientras en la actualidad se suceden los descensos de naves de exploración en Marte, muchos miramos a la estrellas, y en vez de ver puntitos de luz, vemos nuevos lugares que colonizar. Y, en mi caso, siempre me hago la misma pregunta: ¿Conseguiré vivir lo suficiente para ver cómo el ser humano se expande por el Sistema Solar? Mientras eso no ocurra solo hay una forma de dejar la Tierra con destino a las ciudades cúpula de Marte, el puerto estelar de Ceres o los anillos de Saturno. Y ésta es mediante la imaginación, exaltándola sobre todo gracias a libros como El despertar del Leviatán.

En El despertar del Leviatán el Sistema Solar ya pertenece a los humanos. La Tierra y Marte son las dos súper potencias que gobiernan con puño férreo, a pesar de que entre ambos planetas hay rencillas; provocando así que en el Sistema Solar haya una calma tensa. No en vano son los planetas con más armamento. Vamos, lo que viene siendo una guerra fría a nivel interplanetario. A eso hay que añadirle que los habitantes del Cinturón, que sería como el extrarradio del Sistema Solar, no están muy contentos con las condiciones que se negocian para con sus ciudades. Por ello existe la Asociación de Planetas Exteriores. Para unos, terroristas; para otros, guerrilleros revolucionarios. Lo que es irrefutable es que son rebeldes con ganas de cambiar las cosas. Con este panorama tan tirante solo faltaba que apareciera una nave, la Scopuli, abandonada y vagando por el espacio, y que la Canterbury, que iba en su rescate, fuera atacada. ¿Quién ordenó el ataque? Y, ¿con qué motivo? Únicamente os puedo recomendar que os agarréis con fuerza a vuestro sillón porque la velocidad a la que vais a transitar por este libro os dejará aplastado en él.

Tras esta space opera nos encontramos a Daniel Abraham, autor de ciencia ficción y fantasía, y a Ty Franck, mano derecha de George R.R. Martin a la hora de adaptar Juego de Tronos a la pequeña pantalla; ambos, unidos en una perfecta sincronía, una simbiosis que todos deberíamos agradecer, trabajan bajo el seudónimo de James S. A. Corey. Estos dos señores tienen claro lo que quiere el público, lo que tiene gancho y cómo convertir al lector en un adicto que no dudará en dejarse las pestañas leyendo para llegar al clímax de la novela. Y es que al final todo está en el ritmo, y James S. A. Corey dosifica a partes iguales investigación y acción haciendo que se mezclen, sin pisarse, y manteniendo un interés que va in crescendo y que en mi caso me llevó a morderme las uñas por primera vez.

Todo el peso de la historia se asienta sobre los hombros de dos personajes; los dos protagonistas que, como antes he dicho, dividirán la novela en dos partes muy significativas, intercalando capítulos. Por un lado tenemos a Miller, un policía con tendencias suicidas que se obsesionará con el último caso que le ha sido asignado: la búsqueda de una chica que viajaba en la Scopuli. Su personalidad goza de cierta complejidad y es inevitable cogerle cierto cariño, a pesar de que por su cerebro pasan cosas muy feas. Su historia, a ritmo de thriller de investigación, se cruzará con Holden, segundo de a bordo de un transportador de hielo: La Canterbury. Holden es un buenazo, un idealista, demasiado honesto y en ocasiones ingenuo. Las aventuras que éste vive a bordo de diferentes naves son de infarto. Os avisé que os agarrarais al sillón. Cuando Holden y Miller se encuentren se verán obligados a colaborar, aunque eso signifique que en más de una ocasión salten chispas.

Pero además de una prosa que te hace pensar en una de esas buenas pelis palomiteras de ciencia ficción y unos buenos personajes, una space opera debe tener más elementos clave, tales como: aventuras por el espacio, todo tipo de naves con acojonantes avances tecnológicos, batallas, una chispita de amor y ciudades futurísticas (si son oscuras, un poco opresivas y contrarias al término hogareño, mejor que mejor). El despertar del Leviatán cumple con todos esos aspectos. Además no deja de lado cierta rigurosidad científica (en lo referente a las aceleraciones de las naves y los efectos que ésta produce en un cuerpo humano) pero siempre, y como debe ser, tomándose necesarias libertades especulativas (el zumo, el jaleo que se lía en Eros, la titánica Nauvoo, etcétera).

Y si al final todo esto no es un batiburrillo que suene a chino es gracias también al traductor David Tejera Expósito (traductores, grandes olvidados de la historia de la literatura) que hace un trabajo excelente no solo traduciendo, sino también adaptando nombres y términos que en una novela de este género, y como bien suponéis, no son pocos. Solo cabe finalizar con una simple pregunta: ¿Para cuándo tendrá pensado Ediciones B publicar la segunda parte de la saga The Expanse?

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Nacidos de la bruma 2. El pozo de la ascensión, de Brandon Sanderson

Nacidos de la bruma 2. El pozo de la ascensión

Nacidos de la bruma 2. El pozo de la ascensiónLa utopía de un gobierno bueno, con un idealista y mejor persona al mando de un equipo de auténticos parlamentarios progresistas, debe ser cosa de fantasía. Y en Nacidos de la bruma 2. El pozo de la ascensión, segunda parte de la saga de Nacidos de la bruma de Brandon Sanderson, lo es.

¡Qué maravilloso mundo de bondad y estabilidad económica y social esperaban los vencedores del Lord Legislador! Pero, en política, ¿creías que todo iba a ser tan fácil? En el mundo real no lo es, desde luego, viendo la incompetencia de muchos gobernantes incapaces de saber crear estrategias de mandato e intentar formar un equipo de gobierno estable y próspero para la ciudadanía. Pero tranquilo, no te daré clases de política para hablar de este libro, aunque, tras leerlo, me ha mostrado una vía mucho más molona y atractiva de aprender los tejemanejes que se ocultan en los estrategas políticos.

Situémonos. Tras la caída del imperio tiranizado por el Lord Legislador en la lucha contra la banda de Kelsier y Vin, con dramático desenlace (lo omito para no hacer spoiler de la primera parte de la saga), el joven e idealista noble y enamorado de Vin, Elend Venture, sucederá en el trono junto a los miembros de la banda de ladrones skaa que ocuparán puestos importantes de gobierno. Un año después desde que se hicieran con el cargo, la estabilidad económica y sin guerras que impuso el Lord Legislador —vale, los skaa vivían oprimidos, trabajaban como esclavos, muchos eran ejecutados por el mero hecho de imponer la voluntad del Lord Legislador y las diferencias entre clases eran abismales— toda esa extraña y aceptada estabilidad, como decía, se ha venido abajo. La ciudad se mantiene asediada por otras casas reales que abandonaron la ciudad tras la muerte del Lord Legislador y ahora vuelven para exigir la ciudad de Luthadel. A partir de ahí, Elend Venture se verá obligado a trazar una estrategia de gobierno para mantener la ciudad a flote y poder ayudar a los skaa.

Por si fuera poco, la temida Profundidad que parecía mantener a raya el Lord Legislador mientras vivía, está despertando y amenaza con extenderse de nuevo por el imperio. Vin, con la ayuda de los antiguos escritos que ha localizado Sazed sobre el Héroe de las Eras, se verá obligada a localizar el pozo de la Ascensión para descubrir su origen y así poder derrotarla.

En la primera parte de la saga, El imperio final, el autor, además de presentar una fabulosa historia de rebelión social contra la tiranía en un marco inigualable de fantasía, consiguió que la historia funcionara por sí sola, de modo autoconclusivo. Nacidos de la bruma 2. El pozo de la ascensión, sin embargo, tiene todos los elementos de formar parte de un conjunto en el que es necesario la lectura de su predecesora y deja un final abierto para ser continuado en la tercera parte. Esto se podría considerar un punto negativo si lo que te interesa es su lectura individual pero, supongo, las reglas en el mundo de las sagas ya están escritas y las segundas partes funcionan de este modo. Descuida, es tan atractiva y te enganchará tanto su lectura como sucedió con la primera parte que no te importarán sus más de setecientas sesenta y pico páginas. Mención aparte, la calidad de la nueva edición bajo el sello Nova de Ediciones B que está apostando fuerte por la saga de este autor; nuevas portadas y encuadernación en tapa dura de calidad.

Los personajes, un apartado que Brandon Sanderson sabe desarrollar como nadie y que me encanta por cómo consigue que te enganches a ellos, muestran una evolución en cuanto a sus necesidades y la situación que les rodea. Vin, mucho más adulta, ya no parece la joven y delicada niña que se convirtiera en el pupilo de Kelsier. Aquí es una vigilante implacable pero que, de forma muy agradecida, en momentos de la novela muestra sus inseguridades que tanto le caracterizan. Y nuevos personajes que tendrán un rol importante en la obra como son el kandra de Vin, ese extraño ser que devora los cuerpos muertos para conseguir su apariencia y que ya jugó su papel en la primera parte de la saga y aquí está mucho más desarrollado, y otro joven nacido de la bruma, Zane, un tipo atormentado que será el contrapunto de Vin.

Para mí, Brandon Sanderson es uno de los mejores escritores que puedas encontrar en la literatura de fantasía, o al menos, eso me está demostrando en esta saga de Nacidos de la bruma. Que consiga mantenerte con tanto interés página tras página, sin sentir que algún capítulo (o unos cuantos, te recuerdo que es muy dado a los mamotretos de setecientas y pico páginas) esté de relleno, es una tarea digna de unos pocos autores. Sus argumentos, su nivel de invención tanto de ciudades al borde del colapso como de sus personajes y situaciones que viven, los registros tan identificativos de cada uno de ellos y la claridad con la que expone el conflicto de la historia, me ha hecho cambiar la perspectiva lejana que tenía sobre este género literario que, con escritores de este calado, hacen más grande su legado. Es una apuesta segura si te quieres introducir en el mundo de la fantasía y la magia, esa alomancia y la ferruquimia que ha creado el autor, que bien podría tener carácter científico al desarrollarse a través de las reacciones de los metales, y desde luego, es también un modo muy atractivo de disfrutar y aprender de las batallas entre reinos con estrategias muy creíbles y de fácil relación con la vida política real. Claro, que no veo yo a nuestros políticos con el carisma de los personajes de esta saga. De ser así, hasta yo, apolítico de pura cepa, me aforaba a un partido de gobierno.

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Nacidos de la bruma 1. El imperio final, de Brandon Sanderson

Nacidos de la bruma 1. El imperio final

Nacidos de la bruma 1. El imperio finalEl género fantástico reúne, junto a la ciencia ficción dura, quizás, a los autores y lectores más críticos de cuantos géneros literarios puedas encontrar. Al menos siempre he tenido esa impresión basándome en convenciones a las que he asistido, como la última edición del festival Celsius de Avilés, comentarios y artículos que he leído en blogs de internet y las ya anticuadas —una lástima, pero así es— cartas al director de revistas especializadas. Pese a ser el género literario que más libertad da tanto a autores, pudiendo éstos asentar la historia de su obra en mundos inexistentes, con personajes extravagantes de cualidades imposibles y a sus lectores, que disfrutan de la lectura de esos mundos extraños donde se sumergen con gran facilidad y voracidad, siempre han resultado ser un público exigente. Consigo mismos. Con lo que leen. Con lo que otros cuentan de lo que ellos leen.

Ahí es donde me toca a mí. Así que, sin ánimo de ganarme la confianza del lector sino simplemente porque así lo considero, tras leer Nacidos de la bruma 1. El imperio final, de Brandon Sanderson, comienzo diciendo que me ha resultado el mejor comienzo posible para una saga de fantasía.

Cuanto sabía de Sanderson hasta ahora era que escribió la divertida y entretenidísima saga juvenil que empieza con Alcatraz contra los Bibliotecarios Malvados y disfruté como un colegial. Entonces quise saber más acerca de este autor y me di de bruces con que es un escritor tan prolífico como pueda llegar a ser Andrej Sapkowski o Abercrombie juntos y cuyas críticas le posicionan como el más digno sucesor de George R.R. Martin o Tolkien. Y entonces me dije: ¿Por dónde empiezo a leerle? Y, aprovechando que Nova ha reeditado la saga al completo de Nacidos de la bruma con nuevas portadas y revisión de sus traducciones, decidí que esta saga era lo ideal.

Un mundo en el que durante mil años han caído cenizas del cielo y nada florece. El sol, rojo infernal, es consumido por las brumas al llegar la noche. El Lord Legislador domina con un poder absoluto sobre todos los habitantes esclavizados, llamados skaa, con la ayuda de obligadores e inquisidores, seres que poseen la habilidad de la alomancia, una poderosa magia extraída de los metales. En ocasiones, pese a que las estrictas leyes lo prohíben, algunos nobles y altos cargos alománticos se acuestan con mujeres skaa y algunos de sus bastardos sobreviven y heredan sus poderes. Son los nacidos de la bruma. Uno de ellos, Kelsier, con la ayuda de otra nacida de la bruma, Vin y sus compinches, se preparan para una rebelión del pueblo oprimido para derrocar el reinado atroz de muerte y crueldad del Lord Legislador.

Mi primera impresión al adentrarme en la lectura de Nacidos de la bruma 1. El Imperio Final era que podrían asustarme aquellos asuntos sobre magos vestidos con capas y túnicas, poderes extraños que no tuvieran un explicación accesible y una mezcolanza de reinos con lores y nobles de nombres imposibles que al final necesitara de un cuaderno de notas para no despistarme entre tanta información. Brandon Sanderson lo ha conseguido. Y esta es una afirmación bastante escrita acerca de sus novelas ya que este escritor tiene el poder de hacer que todas esas primeras impresiones desaparezcan en las primeras páginas de la novela. La acción te introduce de lleno en ese mundo de ceniza que ha creado y en el conflicto que va a marcar la historia de una forma tan atractiva y de fácil lectura que, para mí, novato en sagas fantásticas, ha conseguido cautivarme.

Mención aparte, los personajes, que es donde Sanderson se luce y con gusto. De primeras, la dupla Kelsier/Vin, los dos nacidos de la bruma. Una suerte de ¿Batman y Robin?, sí, podría ser. El modo en cómo se conocen, la habilidad para poder enfrentarse a los peligros que les esperan, el entrenamiento para llegar a ello. Kelsier, de espíritu rebelde, siempre amable con un profundo sentir interno, es profeta. Profeta de un pueblo esclavizado. Un cruzado por una causa justa que a medida que avanza la novela, va más allá de ser solo un héroe; es esperanza para un pueblo oprimido durante años. Vin, por su parte, es quien simboliza la parte más llana del pueblo skaa, una pobre ladrona callejera que ha sufrido lo suyo y cuando se creía sin una misión en la vida, se encuentra metida de lleno en la mayor revolución que ha conocido. Su aprendizaje hará que el personaje vaya madurando durante la novela. Y el resto de la banda de rebeldes, Brisa, Ham, Dockson o el criado Sazed, brillan cada uno con sus personalidades y cualidades diferentes y bien marcadas por el autor. Una delicia encontrarte una lectura donde ningún personaje está de paso o de relleno. Todos con su función. Todos con su registro.

En ocasiones, sobretodo en escenas de acción donde los personajes se ayudan de sus poderes para volar y dar saltitos de un lado a otro, cuesta más hacerse a la idea de cómo se desarrollan los hechos. Aún así, Brandon Sanderson sabe escribir con detalle los movimientos que, si en una película resulta un recurso tan fácil cuando nos lo muestran, escribirlo no lo es tanto.

En definitiva, la primera entrega de Nacidos de la bruma me ha parecido un entretenido e inteligente viaje a ese mundo de cenizas, esa revolución del pueblo contra sus opresores donde con facilidad te introduces dada su atractiva y absorbente narrativa y donde te permite disfrutar de unos personajes muy bien cuidados y desarrollados cuya habilidad para la magia se aleja de los tan manidos recursos escritos en muchas otras novelas del género fantástico. Deseando estoy de atreverme con el resto de la saga.

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