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El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro y Cornelia Funke

El laberinto del fauno

El laberinto del faunoQuien haya visto El laberinto del fauno, dudo que la haya olvidado. Esta película de Guillermo del Toro, estrenada en 2006, recurrió a personajes mitológicos (ese fauno sibilino, ese Hombre Pálido con los ojos en las palmas de las manos, esa mandrágora que se retuerce y llora como un niño recién nacido), pero logró crear un universo propio, donde las líneas entre la realidad y la fantasía son difusas, gracias a unas interpretaciones excelentes (Sergi López como el malvado Vidal, Álex Ángulo como el entrañable doctor Ferreiro, Maribel Verdú como la valiente Mercedes y la debutante Ivana Baquero como la soñadora Ofelia). Yo fui a verla al cine y salí impresionada, y la he vuelto a ver alguna vez más. Es una de las películas de las que conservo más grato recuerdo. Por eso, cuando vi que se publicaba en forma de novela, no me resistí.

Así, casi quince años después de que me quedara fascinada ante la pantalla de cine, he vuelto a adentrarme en ese pueblo gallego de 1944, al que llegan Ofelia, una niña a la que le apasionan los cuentos de hadas, y su madre, embarazada y recién casada con el capitán Vidal, un hombre despreciable, cuyo único afán es amedrentar a la gente y postergar su legado en el hijo que está por nacer. Lo que ninguno de ellos sabe es que bajo esos bosques existe el Reino Subterráneo, habitado por seres fantásticos, y que hace muchos años que los reyes esperan el regreso de la princesa desaparecida. ¿Será Ofelia? ¿Logrará superar las tres pruebas del fauno para merecer el regreso al hogar? Mientras ella sucumbe cada vez más a ese mundo de fantasía, la realidad del resto de los personajes se va oscureciendo: su madre está a punto de perder el bebé, la sirvienta Mercedes y el doctor Ferreiro ayudan a escondidas a los maquis que se esconden en el bosque y el capitán Vidal y sus soldados permanecen al acecho, dispuestos a torturar y asesinar por salvaguardar su patria.

Adaptar una película no es tarea fácil, pero Cornelia Funke ha salido airosa del reto. En estrecha colaboración con Guillermo del Toro, que resolvió todas sus dudas, ha logrado mostrarnos el mundo a través de los ojos de Ofelia y convertir en palabras las miradas y los gestos de los actores, esas sutilezas que hacen que las emociones traspasen la pantalla. Además, ha creado diez historias secundarias que intercala a lo largo de la novela, para darle todavía más riqueza al universo fantástico de Guillermo del Toro y al pasado de sus personajes. Que esos relatos estén en páginas grises, en contraste con las ahuesadas del resto de la obra, me recordó a La historia interminable, de Michael Ende, y me hizo sucumbir aún más a la magia de la historia, al igual que el resto de los detalles de la preciosísima edición de Alfaguara: esos árboles que flanquean las páginas, con ojos acechando entre sus recovecos, la ilustraciones sublimes de Allen Williams y, por qué no resaltarlo, la excelente corrección del texto, algo que no siempre se cuida en los grandes sellos editoriales.

Aunque no es lo mismo leer un libro que ver una película, El laberinto del fauno es una historia igual de apasionante en ambos formatos. Quienes sean fans de la película como yo, disfrutarán de la magia que desprende esta magnífica edición. Y a quienes aún no conozcan esta historia, les animo a descubrirla. Un cuento de hadas tan triste y bello como oscuro, que demuestra que los monstruos más temibles viven en el mundo real.

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