La artista de henna

Reseña del libro “La artista de henna”, de Alka Joshi

Si hay algo que ha marcado, profundamente y desde siempre, la sociedad, cualquiera de sus culturas, ha sido la dominación del hombre sobre la mujer, comprendido como algo natural, como un privilegio dado al nacer desde la cuna de nuestra civilización. Unos derechos naturales que han llevado a las mujeres, infinidad de veces, a creer que no tienen más futuro que el que les deparan los muros de sus casas, la piel de sus maridos, los golpes y vilipendios que estos les han infligido.

La artista de henna (Maeva, 2021), de Alka Joshi, nos muestra esta realidad, la de los hombres dominando a las mujeres en la India. En la Jaipur de los años cincuenta, Lakhsmi es una joven que, con una larga carrera a sus espaldas llena de esfuerzo y penurias, se gana la vida con la henna, esa pasta milenaria, con una carga simbólica a sus espaldas, y hecha con las manos. Gracias a la henna es introducida en los círculos de más poder de la ciudad; las mujeres poderosas ven en ella alguien que, con sus dedos, obra milagros en su estado de ánimo, en su ciclo menstrual, en su fertilidad, en su deseo.

Pero el pasado, si no está cerrado, siempre vuelve. El marido al que abandonó años atrás, condenándose, a ella misma y a su familia, a la censura, llega a Jaipur acompañado de una chica casi adolescente, Radha, que dice ser la hermana de nuestra protagonista. Con sus ojos azules y su sangre compartida, deshace los cimientos de una vida y de una reputación, las de Lakshmi, hechas con sumo cuidado, fundadas en una relación matrimonial muy dura y en el deseo de labrarse una vida lejos de la pobreza.

Con la llegada de Radha, a Lakhsmi se le otorga la oportunidad de alejarse de una vida de intereses, de unas mujeres criadas en un entorno en el que solo importa su belleza, de los prejuicios de clase y de reencontrarse, o encontrarse, con aquello que no ha tenido nunca, una familia, y la tranquilidad de saberse valorada.

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 Acostumbrada como estoy a leer literatura europea, este libro ha sido un descubrimiento, una aproximación breve a la cultura y la sociedad indias. Las páginas de La artista de henna están llenas de costumbrismo, de las reglas de una sociedad que protege a los hombres y culpa las mujeres, de una gente basada en lo local, en las hierbas naturales, en la religión y los dioses. Y de esa henna, claro, que Lakshmi pinta en el cuerpo de las mujeres para cumplir sus anhelos, a través de dibujos en la piel llenos de imágenes simbólicas, protectoras, y de hierbas y remedios naturales, bienestar y dicha para el cuerpo, y que ofrecen la llave de otras posibilidades a las dos hermanas.

Alka Joshi, en el fondo, nos está diciendo que, aún en un país como era la India de mediados de siglo XX, a veces hay camino para las mujeres, más allá de matrimonios concertados y normas impuestas. Este camino, como el de Lakshmi, tejido de complejidades y golpes, conduce, al fin, hasta una naturaleza sanadora, de remedios para el cuerpo y para el alma, como aquellos que aprende a dar, y a agradecer, la protagonista de esta historia.

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