La Biblia del Oso

Reseña del libro “La Biblia del Oso”, de Casiodoro de Reina

Prefiero que me acusen de poco original que de insolente y no he encontrado una manera mejor de valorar esta Biblia del Oso de la que publicara Antonio Muñoz Molina en Babelia en 2014: “Hay que pensar en qué habría sido la literatura en inglés, y hasta la misma lengua inglesa, sin la King James Bible, la traducción directa al inglés que se publicó en 1611. No habría habido Milton, ni William Blake, ni los suntuosos oratorios de Haendel, ni Moby-Dick, ni Walt Whitman, ni una parte de James Joyce, ni Faulkner, ni los Negro Spirituals, ni los discursos arrebatadores de Martin Luther King”. 

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La heroica y quijotesca hazaña de Casiodoro de Reina en 1569 fue condicionada por el espíritu de la Reforma e inspirada por la equivalente del protestante moderado francés Sébastien Châteillon que tradujo la Biblia a su idioma en 1555. Antes de esta Biblia del Oso las traducciones eran de las lenguas originales al latín, como la oficial Vulgata latina y del latín al romance o al castellano. Pero fue Casiodoro de Reina quien se jugó, no solo su libertad, sino su vida, traduciendo directamente del hebreo al español. Las famosas figuras de Erasmo de Rotterdam o de Martín Lutero publicaron sus traducciones propias buscando que cada cristiano construyera su propio altar en el corazón (Erasmo).

Como declara Andreu Jaume, responsable de esta nueva edición: “En España no hemos tenido nunca verdadera conciencia de lo que supone poder leer la Biblia en nuestra propia lengua”. Como decía Unamuno, sería Don Quijote el que hizo las veces de la Biblia vernácula en España, cumpliendo su función de “generador de lengua”. Casiodoro de Reina suele ser calificado como protestante en oposición al catolicismo, pero bien podría formar parte de alguna de sus corrientes más específicas como señala Andreu Jaume en la presentación a la edición actual: “una especie de pietismo español que defendía la intimidad del creyente con Dios, sin la mediación de sacerdotes ni de imágenes, a solas con la experiencia de la palabra divina y la oración”.

¿Por qué un monje del monasterio de San Isidoro del Campo, de la Orden de los Jerónimos Observantes, que se halla en Sevilla la Vieja, hoy llamada Santiponce, va a jugársela de esta manera? Porque además de creer en Jehová, como tradujo el Tetragrámaton Yahveh, tenía fe en la palabra de su “Dios nuestro” que, como destaca en la portada original, “permanece para siempre”. De hecho, la portada es ya todo un símbolo combinando iconos bíblicos con las dos imprentas involucradas en la difusión de esta traducción que le llevó 12 años y además sin tranquilidad ni reposo para el estudio pues estuvo en continua huida de la Inquisición.

La Biblia del Oso se llama así porque en la portada aparece este animal apoyado en una palmera, cuyo tronco está agujereado por un gran mazo, que pende de una de las ramas. El oso está intentando agarrar con su garra izquierda un panal. Las abejas zumban a su alrededor y un libro aparece abierto en la esquina derecha inferior con el Tetragrámaton visible en hebreo. Este es el nombre sagrado del Dios de Israel que es ensalzado y proclamado como Dios único en la Consolación de Israel de Isaías (40).

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El porqué del oso de La Biblia del Oso tiene que ver con el escudo de Berna, donde estaba ubicada la imprenta Apiarius. Sin embargo, finalmente el texto fue divulgado gracias a los talleres de Thomas Guarin, cuyo distintivo era la palmera. Esto explicaría la combinación de elementos que desgraciadamente no recoge esta última edición de Alfaguara en su precioso estuche ni en las portadas exteriores de los 4 volúmenes que albergan los Libros Históricos I y II, los Libros Proféticos y Sapienciales y el Nuevo Testamento.

Además de cometer hybris contra el poder destructor de la Inquisición La Biblia del Oso ha pasado a la historia por el orden de su índice, que no siguió las pautas luteranas, por lo que también fue perseguido por los calvinistas. De verdad que me hubiera gustado mucho conocer a Casiodoro. Lo imagino con una determinación y una fuerza en sus creencias magnética y atractiva. Una de sus grandes frases fue que el propósito de esta traducción al castellano del Libro Sagrado era que se convirtiera en “un instrumento clave para derrotar al catolicismo por la mejor vía, no la de la violencia, sino la de la Palabra de Dios”.

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