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La extensión de mi cuerpo

la extensión de mi cuerpo

La extensión de mi cuerpo, de Walt Whitman

Ilustrado por Kike de la Rubia

la extensión de mi cuerpoHay momentos en los que la vida te depara lo más grande, el conocimiento más absoluto, y después instantes en los que tu desconocimiento te hace quedarte en la sombra, en un recodo donde la oscuridad había hecho mella, lo había anegado todo, convirtiéndote en alguien ignorante, que no había llegado a conocer lo que le podía deparar aquello que le esperaba. Sucede que a mí, en algunos pedazos de tiempo, mientras leo me van sucediendo todo tipo de cosas, como si estuviera instalado en una montaña rusa que estuviera a punto de hacer una bajada fulminante, con los pulmones casi sin aire, los latidos del corazón revolucionados, y el sudor de estar ante algo extraordinario resbala por mi cabeza y me convierten en alguien apasionado por lo que está descubriendo. La extensión de mi cuerpo es uno de esos relámpagos que suceden por la noche, a lo lejos, pero que notas cómo se acerca, como van creando la tensión que ha de descargarse, que ha de nacer de los ojos, en especie de lágrimas que ya es nuestra lluvia, o incluso de pasión que eriza el vello e incluso la piel, recorriéndola con un escalofrío de placer, del absoluto placer de estar viviendo algo que merece la pena, que se vive, que se siente, que convierte la experiencia lectora en todo un acierto, en ese dardo que se clava en el centro de una diana que imaginamos enfrente, ahí, cerca, extendiendo nuestra mano y pudiendo tocarla para convertir todo lo que acontece en un éxito, en el mejor de los resultados, en un círculo perfecto donde todo cabe y todo tiene sentido. Esto no es sólo un poemario. Esto es lo que todos estamos buscando.

 

Hablar de Walt Whitman es hacerlo de alguien que extendió su arte mucho después de su muerte. Así como hay veces que los autores no llegan a ti por falta de tiempo, en mi caso este autor no llegó por razones personales. Siempre que veía un libro suyo, que estaba dispuesto a comprarlo, algo trastocaba mis planes y acababa yéndome sin haber podido meterme dentro de su mundo. Y así es como fui pasando la vida, la existencia, perdiéndome la posibilidad de disfrutar de algo tan grande como esto. La extensión de mi cuerpo no es sólo un libro que incluye una parte de los poemas del autor, sino que es aquello que la editorial Nórdica sabe hacer tan bien y es convertir lo que editan en todo un golpe para los sentidos. Cómo hablar de los suspiros, de la reflexión de después, de la vida que se escapa tras los ojos que se posan en las palabras, o cómo contar que el tacto al pasar las páginas convertían este pequeño cuerpo en un susurro, en una pluma que se eleva y cae, que se mueve con el viento y que busca la libertad que encierran ciertos versos, ciertos caracteres, ciertas existencias que se juntan con la nuestra, la pasión y el desaliento, la viveza y la muerta, la tumba y e cielo. Tres existencias que se enmarcan en las palabras del autor, en estas palabras que me guardo para siempre:

¡Demos vivas a los que han fracasado!

¡Y a aquéllos cuyos buques de guerra se fueron a pique!

¡Y a aquéllos que se fueron a pique ellos mismos!

¡Y a todos los generales que perdieron combates, y a todos 

los héroes derrotados!

¡Y a los incontables héroes desconocidos que valen como 

los más grandes conocidos!

Diría más pero en las palabras está la verdad. Sólo hablar, además, de las ilustraciones de Kike de la Rubia que acompañan al texto, que convierten un poema en toda un vivencia, en toda la arena que se pierde a veces entre los dedos, en la visión que transforma lo cotidiano en algo extraordinario, en la aguja que teje los hilos que marcan nuestro destino. Es mirar y extasiarse, quedarse sin palabras, ahogar el suspiro en la garganta y tragarnos nuestra propia voz. Es el silencio de no querer manchar la perfección, el rastro de aquello que tantas veces quisimos y que pocas veces encontramos. No hay control, sólo la parte que no estará intacta, que será tocada por esta edición, por Walt Whitman, por el artista que las páginas advierten, por poemas que se convierten en todo, en lo que buscamos, en lo que encontramos, en lo que somos y, por extensión, lo que seremos.

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