Piranesi

Reseña del libro “Piranesi”, de Susanna Clarke

Piranesi

Descubrí a Susanna Clarke hace unos años, cuando buscaba libros de magia distintos, que no fueran los mismos de siempre. Así me topé con Jonathan Strange y el señor Norrell, una novela que tardé meses en conseguir porque estaba agotada y acabé comprando por cinco euros en una web de segunda mano. Sorprendentemente, a pesar de las ganas que tenía de leerlo, jamás llegué a abrirlo.

En cambio, cuando me enteré de que la autora inglesa iba a publicar una nueva novela, decidí que esta tenía que ser la mía. No podía ocurrirme lo mismo. Así que el mismo día que me llegó Piranesi a casa, lo empecé. Dos días después, el libro ya duerme —terminado— en una de mis estanterías y yo me he quedado con una sensación un poco difícil de describir.

Tengo que decir que me adentré en esta historia sin saber nada sobre ella, movida solo por las ganas de resarcir mi pequeño contratiempo con el señor Norrel del que os hablo. Y ha sido más que suficiente. Así que, sinceramente, no sé si esta reseña va a resultarte de utilidad o no, porque no pienso contarte nada de lo que ocurre en la novela. De lo contrario, yo estaría cometiendo un gran error y tú verías la experiencia de leer este maravilloso libro rota en pedazos.

Porque sí, ya te adelanto que se trata de un «maravilloso libro». Pero bueno, para que no pienses que te estoy engañando, te voy a dar unas pequeñas pinceladas sobre lo que te vas a encontrar dentro de sus páginas. Vas a conocer a Piranesi, un joven que vive en un laberinto repleto de estancias y estatuas y cuyas salas se inundan dependiendo de las mareas. Las ha memorizado y ha conseguido entender el funcionamiento de las aguas, por lo que siempre está a salvo. Y también se ha dedicado a secar algas, coger pequeños crustáceos, pescar e incluso hacer cuero con la piel de los peces. Se las apaña bastante bien. Además, el Otro le visita regularmente y se interesa por sus necesidades básicas. Piranesi le está muy agradecido, y sus charlas con él son de lo más interesantes. Sin embargo… le gustaría tener más compañía. Quizás Dieciséis (en el laberinto hay trece «personas», aparte de él mismo y el Otro) le enseñe más cosas sobre La Casa, aunque el Otro se empeñe en decirle que Dieciséis es peligroso y que quiere matarle… Bueno, tendrá que arriesgarse, al fin y al cabo su único entretenimiento es vagar por el laberinto y anotar en sus cuadernos lo que hace día a día. Eso le ayuda a no perder la poca memoria que le queda y a no olvidarse de lo importante: que La Casa le quiere y le protege.

Vale, es posible que no te hayas enterado de mucho de lo que he dicho en el párrafo anterior. Pero déjame decirte que no importa en absoluto. Es más, si no has comprendido nada, mejor todavía. Porque Piranesi es una novela que hay que ir descubriendo poquito a poco, siguiendo el camino que el protagonista nos abre a través de sus entradas en los diarios. Puede que al principio sientas un poco de confusión, pero créeme cuando te digo que pronto todo cobra sentido y, cuando eso ocurra, tú ya estarás tan dentro de la historia que te resultará imposible salir del laberinto.

¿Has escrito un libro y quieres que lo leamos?

Susanna Clarke ha hecho un trabajo excepcional. Se podía decir que esta novela es casi filosófica. En ciertos momentos no he podido evitar acordarme de la famosa cueva de Platón, aquella donde los hombres solo venían sus sombras provocadas por el fuego que tenían detrás. ¿Qué es lo que ve Piranesi? ¿En qué límite se separa la realidad de la ficción? ¿Hasta qué punto es real todo lo que vive este personaje? El libro te hace reflexionar a la vez que te entretiene y te atrapa a pesar de la complejidad de su propuesta.

Sin duda, nadie te dirá que es un viaje fácil de emprender, y es posible que solo los más valientes se queden para saber cuál es el desenlace de este personaje. Y si tú estás entre ellos, después comprenderás que el viaje ha merecido la pena y que las palabras de Clarke se quedarán siempre resonando en tu cabeza, sea cual sea el día del mes en el que al Albatros se posó en las Salas al Suroeste.

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