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Tirana Blues

Tirana Blues, de Fatos Kongoli

tirana-bluesTirana Blues es un título espléndido. Está un poco manido quizá, porque recuerda mucho al mundialmente conocido Tokio Blues de Murakami. Pero llama la atención, luce muy bien como título en este mundo editorial en el que las mesas de novedades, como las arterias emblemáticas de las megalópolis, están llenas de luces de neón en forma de cubiertas a cual más llamativa.

La Tirana de Fatos Kongoli es casi durante toda la novela un suburbio con cortes de electricidad y repleto de muertos vivientes, así que no podía permitirse desplegar en la fachada los fuegos artificiales que derrochan otros y tuvo que recurrir a engalanar sus primeras palabras para hacerse un poco más golosa de cara al lector de esta parte del Mediterráneo. Supongo que esa es una de las razones para que esta novela, que en albanés se titula “La puerta de San Pedro” (así reza el copyright por lo menos) haya llegado a nuestras manos con el título transformado. Y a las de los franceses.

Es uno de los ejemplos que explican cómo, una vez más, esta novela no es lo que parece. Para bien, que conste.
Un resumen abreviado de la trama podría contar lo siguiente: el inspector Kurti investiga un atentado que tiene como víctima a un profesor de universidad, Platon Guri, una víctima anodina, un hombre cualquiera salvo por el hecho de que su esposa es una de las novelistas más famosas del país. Ninguno de los dos tiene enemigos reconocidos, así que Kurti se plantea desde el principio si puede haber sido un error y si tendrá alguna relación con el reciente homicidio de uno de sus compañeros de la comisaría. Sus pesquisas le llevarán hasta Chechenia, la zona más depauperada de Tirana, al burdel Laura y a darse de bruces con la historia de Erald Perjaku, de quien su padre esperaba que fuera médico pero no ha llegado más que a vender quincalla por los bares de la ciudad. Y a estar también coqueteando con la muerte, propia y ajena.

Así que tenemos una novela que comienza tirando de los códigos del género criminal (un atentado que deja la narración en suspenso, por ejemplo, un cliffhanger en toda regla) pero que pronto se abre a un costumbrismo “a la albanesa” y termina transitando incluso por lo sobrenatural.

Los mejores pasajes de Tirana Blues están ligados a la figura de Erald, un diamante de inocencia (o no tanto, recuerden que aquí nada es lo que parece) en medio de la corrupción más absoluta. Vemos reflejada en él la sociedad albanesa de una época que casi hasta el final del libro nos resulta indeterminada. Tirana Blues, aunque parezca muy actual, es una novela que tiene más de una década; en ella vemos no la Albania de ahora sino la que quedó después de que los ecos de la muerte de Enver Hoxha se hubieran apagado. Porque el texto está fechado en 2004, aproximadamente diecinueve años después de la muerte del dictador, el momento en el que una generación entera ha llegado al final de la pubertad sin haber conocido a Hoxha más que por los libros de Historia.

Nos encontramos, pues, ante la mayoría de edad de la tierna democracia albanesa. Y como todo adolescente, la Albania de 2004 que nos narra Kongoli es puro caos, desorden y falta de madurez. Pero, como no podía ser de otra manera en un adolescente, también sueño. Hay muchos sueños en los personajes que vertebran Tirana Blues (y Tirana por extensión). Se pasa el día soñando Erald, sueña también Klodi, su novia. Sueñan sus amigos, el inspector Kurti y hasta los enemigos de ambos.

Tanto sueño va pasando ante nuestros ojos entre tanta ruina que en algún momento olvidamos que hay un pobre hombre muerto (o no) en toda esta historia y que habrá que hacer algo por resolver el asesinato. Quizá uno de los pocos puntos débiles de la novela es ese, la pérdida de la tensión narrativa por momentos. Como contrapeso, es una delicia la profundidad que Kongoli le da a cada personaje y la manera que tiene para construir el escenario. Olviden los impostados bajos fondos de otros narradores (europeos y no europeos), cuando conozcan la Tirana que se describe en esta obra entenderán lo que es tener la miseria y la corrupción como plato del día y cómo ambas cosas se pueden encajar en una novela sin más artificios que los estrictamente necesarios.

Por todas estas razones Tirana Blues no es esta una novela que vayan a disfrutar aquellos que busquen un juego de pistas, buenos buenísimos y malos terriblemente malvados, ni los que quieran encontrar al Stieg Larsson albanés. Es una buena novela con una ambientación excelente y unos personajes perfectamente trabajados. Un placer para las lecturas de otoño.

Fatos Kongoli está ampliamente traducido en España por Siruela. Visto lo visto y, sobre todo, leído lo leído, los que quieran ir más allá de Kadaré ya tienen material para rato.

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