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Una canción salvaje, de Victoria Schwab

Una canción salvajeVictoria Schwab es una de esas escritoras cuyo nombre danza por todos sitios. No haces más que escucharlo por aquí y por allá, elogios por un lado y malas críticas por otro. De todo encuentras. Pero aun así, no termina de convencerte como para leer uno de sus libros. 

Hasta que de pronto llega el momento perfecto que te sitúa delante de una de sus novelas y sabes que ahora sí. Ahora debes hacerte con esa historia y dejarte llevar por la pluma de Victoria para comprobar si realmente te va a conquistar o si por el contrario la vas a odiar.

Eso me pasó a mí con esta fantasía urbana que tararea Una canción salvaje. Salvaje y con un fondo oscuro que nos lleva a Ciudad V, lugar dividido en norte y sur. El norte controlado por Callum Harker; el sur liderado por Henry Flynn. Ciudad donde humanos y monstruos conviven en este universo. Pero, ¿cómo llegó a ser así? Pues parece ser que la violencia, el delito y las muertes humanas explotaron de alguna manera generando tres tipos de monstruos: los Corsai, los Malchai y los Sunai.

Eso sí, el norte está controlado para que la gente se encuentre segura, pero el sur es un cúmulo de monstruos. Y ahí, en la parte sur, es donde encontramos a August Flynn, un Sunai que quiere ser humano. Y en el norte tenemos a Kate Harker —con ese apellido ya habréis adivinado de quién es hija, ¿verdad?—, que desea con todas sus fuerzas ser tan despiadada como su padre.

Humana y monstruo. Tan distintos y a la vez tan parecidos. Dos jóvenes con el poder de cambiar, de una vez por todas, su realidad.

He de decir que al principio, en el preludio, me sentí un poco perdida, o quizás confusa, ya que la novela te coloca directamente dentro de las mentes de Kate y de August sin saber qué está ocurriendo, quiénes son ni dónde están. Todo pasa muy rápido y hay mucha información que asimilar.

Pero Victoria es mucha Victoria y todo lo que hace tiene un por qué. Sabe perfectamente cómo construirnos el camino dándonos migajas de un pastel que nos abre el apetito para que acabemos deseando comernos la tarta entera. Y así, después de ese comienzo un tanto frenético, todo cobra sentido y las piezas encajan.

La novela se transforma entonces en algo perfectamente estructurado, compuesto por una serie de cuatro versos donde conoceremos al detalle a los dos protagonistas, a los demás personajes y, por supuesto, donde disfrutaremos aprendiendo de este universo, espléndido y violento, plagado de miedos. Y, para terminar, nos sorprende con una elegía que nos hace babear ansiando la segunda parte.

Pero vamos al grano. La historia nos ubica en Verity, donde la maldad, la esencia podrida de las personas que han cometido un acto atroz, sale del cuerpo para tomar forma y convertirse en un monstruo. En cientos de monstruos que rompen huesos, que beben sangre. Seres oscuros y malditos fruto de la degradación del ser humano. Es como si el retrato de Dorian Gray, en lugar de quedarse atrapado en el lienzo, hubiera campado a sus anchas por el mundo como una sombra oscura dispuesta a todo.

No obstante, la historia lleva grabado un mensaje hacia el ser humano. Así lo he entendido yo. Y digo esto porque hay una cosa que me ha quedado muy clara y sobre la que debemos reflexionar: la violencia no nos lleva a ninguna parte. La violencia genera violencia. O, como bien dicen en el libro, «la violencia engendra violencia».

Ciudad V así nos lo demuestra. Porque tanto en el norte como en el sur nacen monstruos. Y da igual que los ricos del norte compren con dinero su falsa seguridad, que vivan a lo Matrix felices y contentos en su burbuja ficticia de cristal. Da lo mismo porque el mal sigue ahí, dentro del ser humano. Y ese mal, esa oscuridad, es la que termina saliendo de alguna forma y manifestándose en forma de monstruo.

Pero, ¿son todos los monstruos iguales? Eso tendréis que averiguarlo. Solo diré que August, aun siendo un monstruo, también es un personaje magnífico, especial y rabiosamente original, que conquista por su personalidad, por su empeño, por su fuerza de voluntad y por sus ganas de ser humano.

Así que, lector, si todavía no te has atrevido a hincarle el diente a las novelas de Victoria Schwab, yo te recomiendo sin dudarlo esta historia. Pero eso sí, expía primero tus pecados para que los Sunai no te roben el alma con Una canción salvaje. 

 

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