Bajo la misma estrella

Bajo la misma estrella, de John Green

Bajo la misma estrella

Durante toda nuestra vida, necesitamos momentos para relajarnos. Esa clase de momentos que nos suponen un respiro, un pequeño alivio dentro de los problemas cotidianos. Un mal día en el trabajo, una pelea con alguien importante, una mala noticia a destiempo. Momentos pequeños, que sin embargo, constituyen mucho de lo que es el día a día. Y para mí, eso ha supuesto “Bajo la misma estrella” y la historia que guarda dentro. Un pequeño oasis para los protagonistas, un breve alivio en sus preocupaciones, sólo un pequeño instante para alegrarse, divertirse, conseguir parte de los sueños, aunque después nos toque volver al desierto.

Hazel conoce a Gus en un grupo de apoyo. Los dos tienen el mismo sentido del humor, comparten sentimientos, y a pesar de las grandes diferencias que llevan en su mochila, se compenetran a la perfección. Y es que, a través de la novela Un dolor imperial, vivirán una historia de amor como pocas. Porque al final, su enfermedad, el cáncer, solamente les une, no les separa, porque como dice Hazel: “lo importante es el último día bueno que se pasa con alguien antes del Ultimo Día Bueno”

Hay cientos de vidas dentro de cada uno. John Green ha conseguido, en esta pequeña historia, que pueda entrever muchas de las que ocurren en mi interior. La primera: que pueda enfrentarme a una enfermedad ajena con humor, con la ironía que destilan las palabras de los dos protagonistas principales (sin olvidar a algún secundario de lujo). La segunda: la alegría que puede dar conocer cómo el amor más adolescente, puede removerme por dentro, encogiéndome el estómago y siendo feliz porque esas dos personas se hayan conocido. La tercera: como en casi toda buena historia de amor, “Bajo la misma estrella” ha conseguido transmitirme cierto escozor, cierta rabia, por las injusticias de la vida, por el querer ayudar y no poder, por ser un espectador pasivo de una historia imponente. Y la tercera (aunque quedarían muchas más): la esperanza de que, después de acabada la novela, los personajes seguirán su curso, su historia, que los reveses en la vida son necesarios, para poder seguir luchando, aprovechando, y como digo yo siempre, permaneciendo.

Estamos ante una historia dura. Y no os voy a mentir: lloré. Lloré en mi viaje en tren mientras terminaba la historia. Porque John Green es listo, y eso no hay que negárselo. Comienza a contarnos una historia que, con las primeras luces, parece que va a ser tan tierna como la nube que aparece en su portada, para poco después, cuando ya estamos metidos en las vidas de los personajes, darnos un mazazo en toda la cara para que espabilemos, para que abramos los ojos y veamos que, incluso en las situaciones más trágicas, hay un motivo por el que seguir adelante. Porque “Bajo la misma estrella” trata de eso, de la fuerza que nos invade cuando estamos frente a las cuerdas. Nos enseña a aprender de las pérdidas, a morder donde haga falta, a agarrarnos de la mano más insospechada. Y además, es una alabanza a la literatura, a cómo un buen libro puede meterse dentro de tu piel sin remedio alguno, convirtiéndote en un personaje obsesionado por saber más y más de la vida que te describen esas líneas impresas en el papel.

Las elecciones que tomamos suelen perseguirnos allá donde vayamos. Pero yo, gracias a este “Bajo la misma estrella” he conseguido darme cuenta de que, como a su protagonista, las que he tomado me gustan, amigos, claro que me gustan.

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