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Ana la de Tejas Verdes, de Lucy Maud Montgomery y Antonio Lorente

Ana la de Tejas Verdes¿Conocéis a Antonio Lorente? Espero que sí, porque de lo contrario no sabéis lo que os estáis perdiendo. O más bien, el arte que os estáis perdiendo. Digo esto porque este hombre más que un ilustrador es un mago, un creador de fantasía, un maestro del dibujo bien hecho. 

Por eso mismo Edelvives ha contado con él para mostrarnos una nueva visión de Ana la de Tejas Verdes, el gran clásico de la literatura canadiense. Una maravilla cuidada, elegante y delicada donde los colores y las expresiones son pura fantasía.

Seguro que todos tenéis un cuadro favorito, una pintura que os ha llamado la atención más que ninguna otra. Pues las ilustraciones que vais a encontrar en esta obra de arte en forma de libro son iguales o mejores que vuestra pintura favorita.

Os lo digo de forma sincera y natural, pues así lo he sentido yo. Cada ilustración, tan definida y vibrante, tan real y colorida, me sedujo a cada instante y me transportó directamente a Avonlea. Todas y cada una de ellas, unas más grises, otras más vivas, son el reflejo de cada personaje, de cada escenario, de la manera más personal y directa que podáis imaginar.

Una de las características de las ilustraciones de Antonio es hacer las cabezas grandes e impactantes, con rostros nítidos sobre un fondo tenue, y aquí no iba a ser menos. El rostro es la parte más significativa de uno mismo, pienso yo, ya que nuestra cara es lo que nos define. Nuestras facciones, detalles y rarezas nos diferencian de otros.

No obstante, sí que es verdad que en esta obra Antonio le ha dado fuerza al paisaje en muchos capítulos y no solo a los rostros. Avonlea así lo requiere y es de agradecer. De verdad que no me cansaré de aplaudir el gran trabajo —un trabajo no solo pictórico, sino también de documentación acerca de la obra y de los personajes—, y el esfuerzo que ha hecho este joven ilustrador y que así nos demuestra en este libro.

Un libro que nos cuenta de una forma novedosa y repleta de matices una historia que todos conocemos, la de Ana Shirley. Porque, ¿quién no conoce a esta encantadora niña pelirroja? Cierto es que la sensible e imaginativa Ana siempre ha estado muy presente en mi vida.

Cuando era pequeña la conocí gracias a la serie de TV de los 80 basada en el libro con el mismo título, y como quedé prendada por su personalidad y su entorno, por su ingenio y sus ganas de vivir la vida, fui haciéndome con diferentes ediciones cada vez que encontraba una.

Incluso llegué a sentir curiosidad por la historia de la autora y a principios de este año leí y reseñé en este mismo blog el libro Pequeña & Grande Lucy Maud Montgomery. Necesitaba conocer más de cerca quién había sido ella y en quién se había basado para crear a Ana. Y lo conseguí. Me empapé bien de su historia a través de ese libro y de otras fuentes, y os puedo decir que la vida de Maud —ella prefería que la llamasen Maud a Lucy— fue dura y con falta de afecto, pero luchó por sus sueños y creó a Ana Shirley a su imagen y semejanza para que calara hondo y pasara la eternidad en nuestros corazones.

En definitiva, esta nueva visión de Ana la de Tejas Verdes que ha visto la luz gracias a Edelvives y al gran Antonio Lorente, es un libro que yo considero esencial e imprescindible en cualquier estantería de un amante de los clásicos y de la lectura en general.

Aquí no solo vais a encontrar una historia sobre la familia, el amor, el respeto, la amistad o el mundo que rodea a Ana, sino que vais a poder vivir sus experiencias y saborear su entorno a través de unas ilustraciones llenas de vida y humanidad. Vais a poder crecer junto a Ana y ser testigos de su evolución.

De hecho, algo que me ha fascinado es la simbología del viento en la historia. El viento como metáfora para reflejar la evolución de nuestra protagonista. ¿No es hermoso? Yo creo que sí, porque de belleza está llena esta obra. Una obra cuyo epílogo está escrito por una grande de las letras: Margaret Atwood.

Ese epílogo pone el punto y final a la obra junto a un recorrido en fotos por la vida de L. M. Montgomery. Y he de decir que ambos apartados son espléndidos y conmovedores. Un cierre magistral para esta delicia donde la mujer tiene más fuerza nunca, porque Ana Shirley es y será por siempre una niña inteligente, un espíritu libre, una mujer empoderada.

 

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