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Boy, Snow, Bird, de Helen Oyeyemi

Boy, Snow, BirdCuando me dispongo a escribir una reseña, la primera pregunta a la que siempre me enfrento es ¿de qué trata este libro? Jamás he leído nada que admita una única respuesta a esta pregunta. En más de una ocasión he tenido que claudicar mis investigaciones con eso de que todas las respuestas anteriores son correctas. Y me siento un poco defraudado, como si no estuviese haciendo bien mi trabajo. Como si al fiscal del distrito se le estuviese escapando algo entre el número infinito de documentos que ha recolectado. Algo de esta confusión multirespuesta me ha embargado con la última obra de Oyeyemi. No llega a las 300 páginas y la cantidad de asuntos que trata se merece mucho más que una reseña. Yo le dedicaría una entrada en el club de lectura de Oprah. O la haría lectura obligatoria en institutos y sociedades secretas. Siento algo de fascinación por esta maravillosa novela. Es demasiado lo que me ha ofrecido para las pocas palabras de elogio que puedo yo escribir desde aquí. Sin embargo me limitaré a asumir mi papel y dejar las revoluciones literarias para otro momento. Helen Oyeyemi ha entrado en la madurez absoluta con esta novela de iniciación a tres bandas que convoca a unos personajes femeninos con la fuerza de los clásicos y con la absoluta vigencia del telediario que pudiste haber visto ayer mientras cenabas.

Boy, Snow, Bird gira en torno a tres mujeres relacionadas de un modo u otro, buscando todas ellas su lugar en un mundo que no parece del todo dispuesto a satisfacerlas. Empezamos con Boy, que huye de un hogar y de una vida que la menosprecia para llegar a Flax Hills, donde puede rehacer sus maltrechos pasos hasta convertirse en la esposa de Arturo Whitman y madrastra de Snow. La llegada de Bird, hija biológica de Boy pondrá patas arribas el hogar de los Whitman al traer consigo una revelación ante la que nadie puede apartar la mirada. El elenco de personajes secundarios que acompaña a estas tres mujeres les insufla más vida si cabe, tejiéndose en torno a este trío una red dramática de venganzas y redenciones con un final absolutamente inesperado y evocador. La capacidad de Oyeyemi para insuflar de vida las calles y las casas de su pequeño pueblo americano es digna de mención. Muchas de las historias secundarias se solucionan y otras, no; ya que, como en la vida misma, uno nunca sabe qué sucede detrás de cada puerta. Detrás de cada persona.

El estilo de la escritora inglesa de origen nigeriano me ha cautivado. No recuerdo haber leído un primer capítulo tan magnético y envolvente en mucho tiempo. No sé si podemos hablar de realismo mágico o fábula posmoderna. Incluso diría que esa capacidad de mezclar feminismo y cuentos de hadas bebe de las fuentes de Angela Carter y La Cámara Sangrienta.  Pero lo cierto es que los primeros compases de Boy te hacen entrar en su mundo y asumes como válido los preceptos con los que el personaje carga. Que esto suceda en las primeras quince páginas de novela no hace más que confirmar que estamos ante una narradora experta en su oficio. Capaz de reformular los arquetipos clásicos de los cuentos en personajes redondos que respiran, se contradicen y crecen en el transcurso de la novela.

¿Tienen vigencia los cuentos de hadas? ¿Siguen vivas las historias que nos contaron de pequeños? Todos conocemos dichas historias. Son lugares comunes, lugares de tránsito. Sin embargo, muchas de las moralejas de estos relatos infantiles ya no tienen cabida. Oyeyemi parte de esta falta de interés para otorgarle a dichas fábulas la capacidad de volver a brillar hablando de aquello que hoy nos interesa. Recoge el testigo y reformula las narraciones que nos han visto crecer. Sin perder el tono, sin dejar de lado los giros de guión, nos habla de racismo, de maternidades truncadas, de belleza y de mujeres que se enfrentan a sus opresores. Exigid a alguien que os lea Boy, Snow, Bird antes de ir a dormir porque sus personajes se asientan directamente en el origen de nuestra capacidad de asombro. En ese lugar donde iban a parar todas esas historias que nos hacían comprender cómo funcionaba el mundo.

Por Sergio Saborido

No estoy a favor de la quema de libros. Pero estoy a favor de que los libros nos consuman. No estoy a favor de doblar la esquina de las páginas. Pero estoy a favor de marcarse a fuego las palabras que uno no quiere perder. No estoy a favor de mí mismo. Pero estoy a favor de lo que leo. Me llamo Sergio. En cuanto a eso, no estoy ni a favor ni en contra.

2 respuestas a «Boy, Snow, Bird, de Helen Oyeyemi»

Merece la pena gastar el tiempo de uno en esta pequeña joya. Es de esos libros que uno recuerda con una sonrisa. Espero que te guste tanto como a mí.

Un abrazo Yolanda.

Gracias por pasarte.

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