Casa de furia

Reseña del libro “Casa de furia”, de Evelio Rosero

Casa de furia

Casa de furia, de Evelio Rosero, es una de esas novelas en las que siento que me quedo en la superficie, que hay mucho más que desentrañar, pero que mi falta de conocimientos sobre el contexto histórico no me lo permite. Aun así, supongo que habrá muchos lectores como yo y voy a contar la evolución de mis percepciones a lo largo de la novela.

Las trescientas setenta y una páginas de Casa de furia transcurren en un solo día: el 10 de abril de 1970; una fecha que no es arbitraria, como señalaré más adelante. El lugar de los hechos es un caserón de un barrio de Bogotá. Y los protagonistas, la familia Caicedo Santacruz y su infinita lista de invitados. Porque justo ese día hay una fiesta para celebrar el aniversario de los padres.

El desfile de personajes es incesante: desde las hijas de los Caicedo Santacruz, todas con nombre de ciudad y con sus propias tribulaciones (un embarazo inesperado, una infidelidad…), hasta un tío caradura y unos amigos de costumbres más que reprobables. Conocemos a unos detrás de otros sin descanso, se suceden las escenas cada vez más rocambolescas (varias de ellas representadas en esa maravillosa cubierta) y vemos cómo se dejan llevar por las pasiones y qué secretos o vergüenzas ocultan. Pero el salto de personaje en personaje no facilita que le tomemos especial apego a ninguno de ellos (al menos, yo no lo hice).

Durante muchos capítulos me pareció simplemente un vodevil, con algún que otro momento tenso, eso sí. Pero el ritmo seguía acelerándose en esta fiesta de perdición hasta que, de repente, sin verlo venir (al menos, yo no lo vi) se desencadena la tragedia. Una tragedia de tal magnitud que nos da un guantazo de realidad. Porque hay que recordar la fecha, 10 de abril de 1970, nueve días antes de unas elecciones presidenciales marcadas por un presunto fraude; el lugar, un barrio pudiente colombiano, y el padre de familia, que no lo he dicho, un reconocido abogado.

¿Has escrito un libro y quieres que lo leamos?

Con este contraste tan brusco entre comedia y drama, Evelio Rosero nos retrata Colombia —un país asesino, dicen unos personajes; un país de víctimas, dicen otros— en un periodo especialmente convulso. No me cabe duda de que ignorar los pormenores históricos —por mucho que haya leído otros libros que hablan sobre la historia de Colombia, como Historia oficial del amor, de Ricardo Silva Romero y Guayacanal, de William Ospina—, me ha hecho perderme referencias, dobles sentidos y multitud de detalles. Con ese conocimiento, seguro, la lectura de Casa de furia adquiriría una dimensión más grande y profunda.

No obstante, hasta el lector ajeno a la agitada historia de Colombia puede disfrutar de esta novela, porque la bella prosa de Evelio Romero lo llevará de la mano. No me adentro más ni en la trama ni en los personajes, puesto que el encanto y el dolor de Casa de furia residen en la sorpresa, en perderse en esas historias que se entrelazan hasta que, en el momento más inesperado, te dejan un nudo en la garganta difícil de soltar.

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