Cielo interminable

Reseña del libro “Cielo interminable”, de Kate Atkinson

Cielo interminable

Las series están de moda. Nos encanta zambullirnos en esos universos particulares, lo mismo en la pantalla que en las páginas, y para hacerlo la literatura criminal es el vehículo perfecto. Se inserta un caso por libro, de vez en cuando un asesinato múltiple, y se va superponiendo a ellos la evolución de los personajes, de tal manera que se concluye cada volumen con la sensación saciante de la resolución del misterio y a la vez el ansia por saber si los protagonistas finalmente se liarán entre ellos en la siguiente estación, si terminarán de resolver su propia intriga, si se retirarán del servicio antes de que una bala les atraviese el cráneo.
Kate Atkinson ha declarado en alguna entrevista que es fan acérrima de Netflix, y su serie construida en torno a Jackson Brodie, de la que ya hemos hablado, ya ha tenido su propia adaptación audiovisual (Case Histories, está en Filmin). Para terminar de cerrar el círculo, en Cielo interminable el propio Jackson Brodie confiesa ser más aficionado a la tele que a los libros.
Así que, como cabía esperar, algunos elementos son típicos del género y nos resultan bastante familiares. Atkinson se marca un primer capítulo perfecto, que deja sin respiración, y después se embarca en su habitual juego de esgrima, un baile de fintas, anzuelos y pistas con el que nos va introduciendo en la trama. Tiene más de fílmico que nunca, eso sí, y no son pocos los capítulos que podrían ser escenas perfectas. Brodie regresa en estado puro, un tipo desengañado y gruñón pero en pie todavía con sus sesenta tacos, que trae más carnaza que nunca: casos mal cerrados del pasado y malvados indeseables con motivaciones asquerosas (abuso de menores, tráfico de personas) en una pequeña ciudad de Yorkshire en la que se supone que no debería haber más muertos que los ancianos que sucumben de manera natural al paso del tiempo. Hay una evolución siniestra, los malos en estos tiempos tienen peores razones para serlo que en anteriores entregas de la serie, como si existiera cierta necesidad de forzar la máquina para seguir adelante.
Pero Cielo interminable deja bastantes detalles remarcables más allá del cliché. Sorprende, por ejemplo, que esta continuación llegue nada menos que una década después de la anterior, algo impensable en los tiempos de fast food lectora que corren. Toda una declaración de intenciones sobre lo reposado del texto. Además, demuestra de sobra que Kate Atkinson mantiene su capacidad para cargarse de nuevo las costuras de las novelas de intriga y misterio. Esta es una novela total, más panorámica y poliédrica que la media de los libros con los que compartirá estantería. Y un detalle particular, lo más novedoso quizá en este caso, es que por momentos rompe la cuarta pared, aunque no lo haga explícitamente. Brodie reflexiona para sus adentros si no será todo una ficción, si él no es más que un personaje, ni siquiera principal, de una trama que no lo tiene a él como protagonista. Pura ironía, una gota de realismo en medio de un baño de sangre, que nos hace pensar si nos estaremos tomando demasiado en serio el género últimamente. En algo sí tiene razón, seguro: los secundarios que lo acompañan son espléndidos y le quitan foco. Tenemos a Vince, un hombre de mediana edad, clase media, en medio de un tránsito a ninguna parte después de separarse, a Crystal, una esposa “trofeo” con más cabeza de la que aparenta, y algunos que repiten como Reggie Chase, todos magníficamente retratados por la autora, cada uno con sus propios y legítimos problemas más allá de que a su alrededor esté muriendo gente.
Kate Atkinson vuelve a construir un muro, un trabajo enorme que hay que escalar, muy recomendable para los fans de siempre y para quienes estén dispuestos a darle tiempo a la lectura, a resistir durante los muchos pasajes en los que parece que lo que cuenta no tiene ninguna importancia.

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