El ángulo de la felicidad

Reseña del libro “El ángulo de la felicidad”, de Jon Echanove

El ángulo de la felicidad

Hay libros que suponen un punto de inflexión en nuestras vidas tras leerlos, ya sea por el mensaje que transmiten, por la propia trama o porque alguno de sus personajes ha conseguido colarse tan dentro de nosotros que es difícil decirle adiós cuando cerramos las páginas del libro. Con El ángulo de la felicidad ocurre exactamente lo que describo. Estoy convencida de que cada lector encontrará en esta novela un motivo de gratitud, una razón para quedarse dentro de la historia o permitir que esta se quede dentro de ellos.

Jon Echanove nos presenta a Juan, un treintañero que vive en casa de su madre y que dedica su tiempo a trabajar y al cuidado de su madre y su hermana, quien sufre una disfunción cerebral. En este ambiente gris y sumamente asfixiante, que Jon relata a la perfección en la primera parte de El ángulo de la felicidad, se desarrolla la monótona vida de Juan. Una existencia casi tan gris como la de Meursault, el protagonista de El extranjero, de Albert Camus.

Cuando Juan descubre que, dentro de su historia familiar, no todo es cómo le habían contado, decide cambiar esa existencia anodina embarcándose en un viaje que cambiará por completo su existencia. Así es como nuestro protagonista se instala en China, un país que tiene mucho por ofrecerle, aunque él todavía no sea realmente consciente.

A partir de aquí dejamos atrás esa vida monótona y gris y ese ambiente casi tétrico en el que Jon Echanove nos había introducido de manera brillante para dar paso a una parte de la novela mucho más esperanzadora. El propio autor vivió una temporada en Beijing, aspecto que refleja con gran precisión en la novela. Lejos de ofrecernos esa faceta exótica que supone el hecho de vivir en un país tan exuberante como China, Jon Echanove se centra más en transmitirnos las costumbres y el día a día de sus gentes. Me ha parecido muy interesante esta forma tan costumbrista de presentarnos esta cultura que el autor conoce tan bien. Desde el magnífico reflejo del día a día tanto en las grandes ciudades como en los pequeños pueblos, pasando por la gastronomía, sus casas, la forma de relacionarse y los prejuicios que, inevitablemente, siguen estando presentes.

Como os decía al comienzo de la reseña, El ángulo de la felicidad es uno de esos libros que se quedan dentro del lector. En mi caso, he disfrutado mucho de los personajes tan bien construidos y de los lugares exóticos a los que nos transporta el autor. Viajar tan solo a través de palabras puede resultar difícil, pero creedme que Jon Echanove consigue transportarnos a esos lugares que tan bien relata de forma magistral. Casi podemos sentir que estamos allí, paseando entre los millones de transeúntes de Bejing, o respirando el aire puro de las montañas de los pueblos más recónditos de China.

¿Has escrito un libro y quieres que lo leamos?

Pero sin duda, el verdadero motivo por el que esta novela va a quedarse dentro mí es por el mensaje que transmite. Un mensaje esperanzador que nos hace sentir que todo es posible, que podemos alcanzar la felicidad viniendo de las peores circunstancias, al igual que Juan. Nuestro pasado no tiene por qué condicionar nuestro futuro y muchas veces somos nosotros mismos quienes ponemos obstáculos a nuestra propia felicidad. En El ángulo de la felicidad, Jon Echanove nos muestra que no tiene por qué ser así, que muchas veces, alcanzar esa felicidad que todos buscamos depende mucho de nuestras propias decisiones.

No puedo dejar de recomendaros El ángulo de la felicidad, lectores. Estoy totalmente segura de que esta novela, que se lee realmente bien y que, cuidado, puede causar adicción, os va a sorprender tanto como a mí. Y ojalá algún lector encuentre, gracias a este libro, el camino a su propia felicidad.

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