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El jardinero, de Alejandro Hermosilla

El jardinero

El jardineroEmpezaré con la descripción de esta novela que aparece en el propio libro, me parece sumamente acertada: El jardinero es un precipicio narrativo, un trocito de la cola del diablo. Pero parece no sólo perfectamente descriptivo de lo que es el libro, sino que además lo define con una imagen de gran fuerza visual, que es algo que en este caso es necesario. Si un libro es un trocito de la cola del diablo podemos concluir, y acertaremos, que es un texto sobre el mal. Y sobre el mal desde luego habla, pero no necesariamente de la batalla de este con el bien, el mal aquí lo invade todo, cuesta saber cuál de las los dos caras de la historia es más aterradora. Un texto impactante, directo, brillante, complejo sobre la maldad. Pero qué quieren que les diga, El jardinero es un libro complicado así que no podría asegurar que trate tanto del mal como del odio. Porque es una historia de un personaje que odia, el noble que detesta a su sirviente, un jardinero inepto y repulsivo a quien responsabiliza d todos los males que aquejan a su territorio.
Pero qué quieren que les diga, El jardinero es un libro complicado así que no podría asegurar que trate tanto del odio como de la obsesión. Porque el protagonista lleva su obsesión al límite de que no exista nada más, al extremo de convertirse en lo que odia. Así que se obsesiona con un jardinero al que odia porque lo considera la encarnación del mal y acaba contagiándose de ese mal hasta el punto de resultar complicado identificarlo con otra cosa que con el mal mismo.
Pero qué quieren que les diga, El jardinero es un libro complicado así que no podría asegurar que trate tanto de la obsesión como del mal, porque es el fin último de todo, lo que da sentido al odio, a la obsesión, así que en realidad puede que me equivoque al decir que es un libro complicado por no saber decidir de qué habla, probablemente la realidad sea que habla de todo y además, de los libros de Alejandro Hermosilla creo poder asegurar que es el más accesible.
Tal vez no sea un libro complicado, probablemente la verdadera dificultad esté en etiquetarlo, para cualquier otra cosa basta con leer como se debe.
Probablemente, además, no sea tan importante contarles de qué va el libro, sino cómo lo hace. El estilo tan personal e impactante de Hermosilla es lo que sin duda le da una personalidad tan original a su obra. Pero la recurrente comparación con Lautréamont que suele hacerse cuando se habla de este autor, aunque acertada e ilustrativa, comienza a quedarse corta. En esta nueva obra Alejandro Hermosilla va un poco más allá y logra hilar una historia brillante, necesaria, de esas que cuentan mucho más de lo escrito. ¿Quieren un ejemplo del estilo, de la fuerza narrativa de este escritor? Pues les voy a dar dos. En primer lugar y para que vean hasta qué punto no hay concesiones en sus textos, les dejo aquí la dedicatoria, porque el autor es fiel a sí mismo desde la primera letra que escribe en la obra:

Dedico este libro a aquellas personas que han levantado falso testimonio en un juicio. La mayoría de ellas han contribuido a hacer de esta existencia un infierno. Y por ello, con la esperanza de que su castigo no finalice jamás, les deseo la inmortalidad.

Y la inmortalidad les regala, porque esa es y no otra la condición que adorna a un personaje de un buen libro.
La segunda es más bien un experimento, abriré el libro por una página cualquiera, al azar, señalaré un párrafo con los ojos cerrados y a continuación de lo transcribiré aquí. Aunque lógicamente en el libro hay frases más redondas que otras, momentos más brillantes, así de seguro estoy de que cualquier cita al azar les transmitirá fielmente la idea de cómo está escrito El jardinero:

Los perros, que se han vuelto furiosos, rompen las cadenas, se escapan de las granjas lejanas, corren de un lado a otro por el campo, presos de la locura. De pronto se detienen, miran hacia todos lados con feroz inquietud, con mirada de fuego y, dejando caer inertes sus orejas, elevan la cabeza, hinchan su terrible cuello y se ponen a ladrar por turnos.

Bueno, el azar les ha privado de los momentos más contundentes del libro, pero diría que les permite hacerse una idea de lo inquietante que encierran sus páginas. Sin embargo hay una característica que no se puede percibir con un párrafo suelto, y es ese curioso desorden cronológico en el que transcurre el texto, la imagen de confusión que transmite, como si el mal, la obsesión o el odio lograran que el tiempo fuese una magnitud aún más relativa de lo que es, como si todo sucediera a la vez.
Nada más, lean El jardinero si se atreven, es de los libros más genuinamente originales que podrán encontrar en sus librerías y sin duda es una experiencia diferente, una mirada de esas que es difícil sostener, pero que si se logra, finalmente merece la pena.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

2 comentarios en “El jardinero, de Alejandro Hermosilla

  1. […] RSS feed para los comentarios de esta entrada. […]

  2. Estoy en el ecuador de esta novela y no puedo estar más de acuerdo. Difícil de explicar. Simplemente lean. Genial, Hermosilla.

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