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El miedo de los niños, de Antonio Muñoz Molina

Seamos sinceros, se van acercando las navidades y ves que la editorial que publica a uno de tus autores favoritos va a sacar un libro de este pero que tiene pocas páginas, viene en tapa dura, en formato un poco más grande de lo normal e ilustrado, y dudas de si es de verdad algo nuevo del autor o es un invento de la editorial para asegurarse que un autor que vende sigue vendiendo. En realidad da igual, porque tú lo compras. Y en este caso, lo que compras se llama El miedo de los niños, lo firma Antonio Muñoz Molina, lo ilustra maravillosamente María Rosa Aránega y lo publica, cómo no, Seix Barral.

Estamos delante de un cuento, un «cuento largo» dice Muñoz Molina en el epílogo. Un cuento que nace de los fantasmas del escritor, de una pesadilla recurrente, de uno de tantos «insomnios decisivos», de la «fiebre inventiva» que sigue a estos. Nos encontramos con Bernardo y Esteban, dos niños que son primos segundos, que van al mismo colegio, que son muy amigos, casi como hermanos, y a partir de los cuales empezará la invención. Porque todo lo que hay aquí, aunque qué más da porque en realidad es tan real, es fruto de la imaginación. Primero de dos niños, luego de uno ya más crecido: Antonio Muñoz Molina.

Como digo, tenemos a Bernardo y Esteban, de más o menos la misma edad (solo los separan unos meses). Bernardo de más pequeño padeció la polio, que en la familia llamarán «un paralís», y ahora tiene una pierna mal. Entre los dos, y entre más niños, va creciendo una historia que no se sabe dónde tiene el germen: un grupo de tísicos baja cada noche de la sierra para raptar a niños y sacarles la sangre. «Sangre limpia». La mayoría de niños ha visto alguno, incluso hay que han tenido contacto, pero, la verdad, ningún niño ha visto que otro niño los viera. Ahí empieza la imaginación. Bueno, ahí no, porque está en todos lados.

Como una bola que a medida que avanza crece, la historia de los tísicos va aumentando de boca en boca. Un niño llega al colegio sin el cuello del mandil y es porque un tísico lo intentó raptar y no pudo, otro vio en un coche botes de sangre y utensilios médicos y es clarísimo que ese es el starter pack de un tísico. Cada uno tiene una historia, su historia. Estamos en una época del año en la que al salir del colegio ya ha anochecido y la noche, claro que sí, aumenta el tráfico de tísicos. Los niños vuelven corriendo a sus casas. Y nosotros vamos viendo las coletillas que cada niño añade a la historia escuchada en clase. ¿Es más verdad la historia original que la retocada? No lo creo, porque ninguna lo es y todas lo son.

Y entre todo esto, llegamos a un punto en que los problemas serios se imponen. Y es entonces cuando vemos a Esteban con cierto hombre demasiado cerca en un cine, cuando vemos a Bernardo enfermar. Y es también entonces cuando nos damos cuenta de para qué sirven esas historias inventadas, nada más que para tapar la cruda y dolorosa verdad, a la que al final, cuando la imaginación para, nos debemos enfrentar. Y es entonces cuando entendemos quién nos está contando la historia y por qué, y a qué está haciendo frente, y qué debe superar.

El miedo de los niños como reflejo de una vida donde la imaginación puede ser el soporte, la salida, la vía de escape; pero siempre con la seguridad, con el aviso, de que cuando esta se aparta, cuando nos pone delante, hay que enfrentarse a la realidad. Es aquí el miedo de los niños, pero o todos somos niños o añadamos al título a los adultos. Porque ese miedo del que se habla en el libro es un miedo general, de todos, universal. Por suerte, queda encerrado en un libro. Un libro que, para variar, trastoca mis ideas previas. No es un libro hecho para salir del paso. Es un gran libro.

Por Víctor González

Víctor González nació en Barcelona y vive en Alella, pueblo con mar, montaña y buen vino. Tiene 27 años, una perra adoptada y muchos libros (no los suficientes). Le han hecho falta dos carreras y un máster para conseguir trabajar en el sector editorial, donde sabe que no ganará mucho dinero pero siempre olerá (a) libros. Lee y escribe para revistas y medios web, aunque lo que más le gusta es leer para sí mismo. Es colaborador de Librosyliteratura desde 2016. Cree que hay tantas lecturas (y libros) como momentos, por eso no concibe escribir una reseña sin hablar en ella de su propio estado en el momento de la lectura del libro en cuestión. Siempre dice que él es lo que no lee.

1 respuesta a «El miedo de los niños, de Antonio Muñoz Molina»

Me parece un gran libro ya que nos transporta a nuestra infancia donde nos daba miedo de todo al fantasma del armario, el que estaba debajo de la cama en fin fantasmas por todos lados a mi encanto porque nos habla de los “tísicos” que sion persona super delgadas que por su delgadez fan miedo en fin unas gran libro que nos habla de dos niños unidos por las circunstancia cuya realidad de Esteban era estar enfermito y no poder movilizarse bien pero en fin un libro fantástico que enfoca la realidad mi realidad cuando era pequeño.

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