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La memoria del agua

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La memoria del agua, de  Teresa Viejo

La-memoria-del-aguaHe aquí un buen libro para conocer todo lo relacionado con la historia de La Isabela y su balneario, cuyos restos aún son visibles asomando del pantano de Buendía, en Guadalajara. Porque con su obra, Teresa Viejo es capaz de mostrarnos sus orígenes y la ilusión de sus fundadores, nos hace sentir la atmósfera de ese paraíso de aguas termales, conocer sus clientes adinerados y trabajadores, saber de los objetivos de sus responsables, el tipo de vida que engendraba cada verano, su evolución en el tiempo, su transformación durante la Guerra Civil en un psiquiátrico oscuro, todo hasta su final.

Sin embargo, me temo que la novela no está bien enfocada si lo que pretendía ser era eso, una novela. Al ser La Isabela el tema principal, y no el contexto, el espacio en el que se desarrolla la acción, todo lo demás queda en un segundo plano, soterrado, incluyendo la vida de Amada Montemayor, la protagonista de la historia cuya existencia debiera ser lo más importante.

Es cierto que hay ficción, y mucha; hay montones de personajes que no han visto más luz que la que su autora ha querido otorgarles, vidas detalladas muy interesantes, amores y desamores por doquier, muertes y misterios, fiestas, celebraciones… Todo es muy interesante, incluso te atrapa en su momento. Sin embargo, al no estar ligado realmente a ningún conflicto importante (ése que toda novela que se precie debe tener, sea de la índole que sea), pues como digo todo está enfocado más al balneario, la parte de ficción se desmorona en la manos.

Es curioso además porque, en la primera parte de la obra, Teresa recrea una muerte inventada que trae consigo un misterio al que se podría haber sacado mucho más jugo de haberle prestado más atención. Desde el principio se crea una expectación muy interesante que a duras penas es correspondida con un final adecuado. Algo similar le pasa en la segunda mitad, en la que La Isabela es transformada sin remedio en un centro para enfermos mentales. El psiquiátrico, al que fácilmente pueden atribuirse los adjetivos de oscuro, austero y extremadamente necesario, presenta también un enigma muy atrayente que al final queda bastante en el aire, dejando un gran interrogante en la mente del lector. ¡Qué rabia!

La escritura no es ágil y fresca, al menos al principio. Está recargada de metáforas y paralelismos innecesarios que sólo dificultan la lectura lineal. Con frases que se intuyen forzadas, durante los primeros capítulos cuesta seguir el ritmo que pretende guiar al lector, haciendo necesaria a veces la relectura. Sin embargo, ya sea porque la autora coge más agilidad o porque el lector ya se ha visto necesariamente acostumbrado, el caso es que la segunda parte del libro se hace mucho más llevadera y rápida de leer, incluso ligera.

No he leído los ensayos de la misma autora, publicados antes que ésta su primera novela, por lo que no puedo comparar. No obstante, al no tener la parte de ficción que implica una novela, me imagino a Teresa Viejo más cómoda escribiendo, provocando así una lectura más placentera. Tendré que comprobarlo.


El moño alto en el que Amada Montemayor peinaba sus canas mostraba tanta distinción como su nombre. La mujer que le recibió en el umbral de su casa sostenía un porte delgado y ágil a pesar de la edad y guardaba la belleza madura de quienes han gozado de una gran pasión correspondida.
Judit Rodríguez ( judit@librosyliteratura.es )
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