La muerte contada por un sapiens a un neandertal

Reseña del libro “La muerte contada por un sapiens a un neandertal”, de Juan Luis Arsuaga y Juan José Millás

la muerte contada por un sapiens a un neandertal

Hace algo más de un año hablaba por aquí del libro que inició esta singular y fructífera andadura entre dos genios de lo suyo: el paleontólogo Juan Luis Arsuaga y el escritor Juan José Millás. Si por aquel entonces nos hablaban de la vida (La vida contada por un sapiens a un neandertal) ahora lo hacen sobre la muerte. Parece que cierran un círculo, pero no es verdad, porque ya han asegurado que continuarán. Esto es La muerte contada por un sapiens a un neandertal, publicado también por Alfaguara.

Editorial tradicional y autopublicación Libros y Literatura

Una de las primeras cosas que se lee al empezar el libro es esto: « –(…) Carpe diem, amigo. / –¿Desde cuándo somos amigos? / –Es un modo de hablar. / –Por si acaso, que quede esto claro: no somos amigos. ¿Te apetece un postre?». Resumen perfecto de lo que es un libro hecho por estos dos personajes. Y claro que son amigos, que no nos engañen.

En La muerte contada por un sapiens a un neandertal retomamos el camino que ya iniciaron en el libro anterior. Allí, en una última conversación en el cementerio de la Almudena, se prometieron tirar del hilo de la muerte en un nuevo libro. ¿El resultado? Esto y este.

Aquí nos volvemos a encontrar con todo lo bueno que tenía aquel anterior (¡y además con más páginas!): comidas que dan mucha envidia con conversaciones en ellas que aún más, paseos y excursiones que te ponen los dientes muy largos y, sobre todo, explicaciones con mucho fondo siempre acompañadas por las pinceladas del humor tan genial de Millás.

Se hablará de la casi invencible rata topo desnuda (a los seguidores de La Vida Moderna les sonará mucho este animal), que llevará a Millás a acordarse de Borges y uno de sus míticos relatos (El inmortal), se irán a ver bisontes y przewalskis muy cerca de Burgos, se disfrutará de un menú del paleolítico o se reflexionará de forma muy profunda en medio de un desguace inmenso. Todo ello con la vejez y la muerte como tema principal, y muchas veces acompañados de amigos especialistas de Arsuaga (que, debo reconocerlo, en este libro sobre todo me ha recordado por momentos al Iñaki Gabilondo de aquel gran programa Cuando ya no esté, siempre rodeado de expertos buscando respuestas a sus preguntas más internas). Millás, como dirá en alguna ocasión, se sabe un habitante nuevo, extranjero, en el país de la vejez, y gracias a Arsuaga aprenderá a vivir en él, o por lo menos a conocer ese nuevo hábitat. Digo gracias pero quizá debería decir por culpa de, ya que, como dice Millás en un punto del libro: «Creo, Arsuaga, que la escritura de este libro me ha jodido la vida. Yo no me había dado cuenta de que era viejo hasta que hemos comenzado a escribirlo». Pero Millás está bien, muy bien. Lo vi hace unos días en el programa que les dedicaron de Página Dos y lo que él decía me recordó mucho a la respuesta de Sabina cuando Bebe Contepomi le pregunta cómo está, a lo que responde: «Estoy bien. Que se jodan».

Como digo, nos moveremos mucho o, en palabras de Arsuaga: «Hemos preferido trabajar con los prismáticos más que con el microscopio». Siempre subidos a ese personaje repetidor que es el Nissan Juke de Arsuaga (sigo, como dije ya en la otra reseña, con la duda de si Nissan lo patrocina), recorreremos kilómetros de la península con dos no amigos pero muy cerca de serlo siempre en una pelea constante («Te gusta más discutir que aprender») entre el epicureísmo y el romanticismo, entre el neodarwinismo y el pensamiento mágico. Eso sí, que nos quede claro, porque no para de repetirlo Arsuaga: «La naturaleza es antiintuitiva».

¿Has escrito un libro y quieres que lo leamos?

Para mí, que sobre todo leo antes de acostarme, cada noche veía como feliz el encuentro con estos dos obsesos de la curiosidad. Dice Broncano en la faja que estamos ante «La fiesta de la inteligencia», y no puede tener más razón, porque vamos a lo largo del libro de lo sublime a lo más terrenal, del conocimiento más técnico a la reflexión más romántica, de lo teórico a lo práctico, de la ciencia a la literatura más poética. Y saber bailar entre contrarios solo es posible a base de mucha inteligencia.

Terminé de leer La muerte contada por un sapiens a un neandertal un domingo, el mismo día que terminé una serie con la que llevaba más de medio año obsesionado. Le comenté a un amigo que había visto el último capítulo y me envió un mensaje en el que únicamente decía: «Un vacío insustituible». Y pensé que si alguien me escribiera a mí y me dijera que acababa de terminar este libro le diría lo mismo. ¿El factor diferencial? Que, como ya sucedió en el anterior, hay en el final de este la promesa de volver. Y yo todo lo que digan estos dos personajes me lo creo. Nos vemos en el próximo.

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