La nueva masculinidad de siempre, de Antonio J. Rodríguez

Hace pocos días estuve conversando con un amigo que, para más señas, es del Atleti. La conversación no sé muy bien cómo comenzó y menos aún cómo llegó a tal término, pero acabó con algo más o menos así: el difunto expresidente Jesús Gil y las “mama chicho” en su piscina. No recuerdo en qué ronda cervecil nos hallábamos, pero en un momento dado salió por ahí la expresión “ya no quedan hombres como Gil y Gil… y a Dios gracias”. Es posible que ni mi amigo colchonero ni yo, que simpatizo poco con eso del deporte balompédico, estuviésemos teniendo la más sesuda y filosófica reflexión que el mundo espera para mejorar nuestra existencia, pero sí llegamos a una conclusión común y mayúscula: a Dios gracias que no existen (o no conocemos pública y sonoramente) personajes como Jesús Gil. Y esta idea que flotó en el aire me llevó a pensar en el libro que tenía leído por la mitad en esos días, que es este La nueva masculinidad de siempre, ensayo magnífico de Antonio J. Rodríguez.

La reflexión que nos propone Rodríguez en su ensayo, como indica desde el título, es la de una evolución de aquello que entendíamos por masculinidad, pero con fuertes reminiscencias (residuos connotaría cierta repulsa, aunque no por ello iría muy desencaminado) de un pasado casposo y, quizás, una herramienta para afianzar aún más su dominio al que históricamente está asociado. Todos los debates feministas, la lucha por igualdad entre géneros, la importancia de visibilizar y normalizar todo tipo de expresiones y opciones sexuales con amplia variedad genérica, también llevada al lenguaje, han hecho que la identidad de lo masculino se transforme con el mundo. Esto ha llevado, por un lado, a un contraataque de aquellas viejas masculinidades que reniegan perder su dominio y critican duramente lo que consideran una ofensa, y por otro, la nueva masculinidad que se vincula y compromete con aquello que le rodea, transformando su identidad, aunque a veces, solo en apariencia. Precisamente, estas transformaciones que se muestran en el libro hacia un lado u otro hacen que nos planteemos la cuestión misma de qué es masculinidad y qué feminidad, cómo afecta esto a nuestro lenguaje, a nuestros gestos, formas de vestir y comportarnos.

¿Has escrito un libro y quieres que lo leamos?

Durante el ensayo, Antonio J. Rodríguez va a ponernos en diversos ámbitos donde esa transformación de lo considerado masculino está siendo más visible: la política, la publicidad, la moda, la cultura. Ayudado de varios ejemplos de gobernantes de la vieja política (Silvio Berlusconi o Aznar) frente a los de la actual y nueva política (Yanis Varoufakis, Barack Obama o el canadiense Justin Trudeau) pone de manifiesto la diferencia, más allá de sus ideologías, en materia de la identidad masculina que representan y proyectan a la vida pública. En la música también centra su análisis para poner en conflicto a diversos raperos, género musical de marcado carácter masculino, comparando a autores actuales con aquellos que comenzaron el estilo en los barrios bajos neoyorquinos. La imagen que aparentamos, aquello que proyectamos a los demás y que, de algún modo, nos define, está cambiando. Esa es la idea que quiere resaltar Rodríguez en su libro. Lo que pretende, además, es que veamos si esos cambios en la nueva masculinidad no son más que eso, apariencia para seguir sobreviviendo a este nuevo mundo de diversidad.

Hay muchos capítulos que he resaltado y subrayado acerca de la importancia que tiene el discernir entre obra de arte y quien la crea. A raíz del movimiento #MeToo han salido a la luz ciertos autores cuyas vidas personales son denunciables (de hecho, lo han sido), otros tantos han sido cuestionados ante la opinión pública y otros, hombres y mujeres, se han rebelado al movimiento tachándolo de puritano. Todo esto ha abierto un debate muy necesario y que, de algún modo, me estaban llevando a otras lecturas en las que estoy ahora como son el ensayo de Pau Luque Las cosas como son, el testimonio autoficticio de Vanesa Springora El consentimiento y la novela de Nabokov Lolita. Todos estos títulos, en consonancia con la obra de Rodríguez, ponen el foco en la cuestión sobre la moralidad o inmoralidad en el arte. En síntesis, La nueva masculinidad de siempre me ha resultado un análisis muy bueno por la agilidad y lucidez narrativa de Antonio J. Rodríguez , su dominio en la argumentación y ejemplificación, tomando muy buenas referencias y el alto nivel de interés de los temas que aborda. Muy recomendable a todo tipo de lectores, más si cabe a los que quieren introducirse en lecturas para pensar el mundo que nos rodea y hacerlo a través de un libro, en tanto forma y contenido, ameno y muy atractivo.

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