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La segunda vida

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La segunda vida, de Matías Candeira

Ilustrado por Javier Jubera

la segunda vida¿Pueden los libros convertirse en exquisiteces? ¿Es posible que, por caminos del azar, las lecturas acaben siendo una especie de visita a un gran cuadro, esos que dejan sin aliento? ¿Son pequeñas obras de arte, los libros, cuando caen en nuestras manos y los abrimos? Soy del convencimiento que, cuando un libro te dice algo, ya sea por una palabra, una imagen, una frase, o simplemente el sonido que sus páginas – de calidad sumamente cuidada -, tienes que abrazarlo como si fuera un pequeño tesoro, una de esas joyas que, sin encontrarlas todos los días, acaben salvando la distancia que se encuentra últimamente entre lector y lectura, creando un puente que no se caerá por mucho que los terremotos intenten echar por tierra el trabajo de creación. La segunda vida, que puede haber pasado desapercibida para vosotros en las estanterías de las librerías, es eso. Una pequeña joya. Un trabajo que devuelves fe y convierte la experiencia del libro en un nivel distinto, ese que a veces se logra simplemente con una noche de sexo, ese tipo de sensación que deja algo bueno, lo de verdad. Y puede que en el fondo sea que esta historia, que en su contenido refleja lo bien que se escribe en nuestro país y que yo tenga la necesidad de compartirlo con todo el mundo. Será eso, y no otra cosa, porque al fin y al cabo comparto estas emociones según van pasando los días, a pesar de las horas que se consumen mientras yo voy pasando páginas, mientras voy descubriendo nuevos autores, mientras voy desgranando lo que yo siempre pensé: me falta mucho por descubrir y no sé si me dará tiempo a dar con todo.

Un cartero llega a un edificio el día que le cambian de ruta. Allí descubrirá a una mujer, Helena Ribas, que le hará verse obligado a entrar en las vidas de los inquilinos de ese edificio que, como reza la inscripción que lo contiene, aquí viven hombres y mujeres que no necesitan el mundo.

 

Hablo desde la pasión más absoluta. Descubrí a la editorial Aristas Martínez casi por casualidad, por la recomendación de otra persona que me quiere bien – o eso creo yo, vaya – y que me habló maravillas de lo que estaban haciendo. Y poco a poco fui cayendo en las redes de esta pareja que convierte lo diferente en único, en esa especie de ediciones que escasean y se echan en falta. Por ello, cuando apareció en una estantería, escondido entre el gran público La segunda vida decidí llevármelo a casa sin pensar, sin más referencia que haber leído alguna vez a Matías Candeira en las redes sociales, pero con muchas ganas de hincar por fin el diente a algo más largo que a una simple actualización de estado. Así fue como, tras una tarde en la que el calor me hacía agonizar, y en la que mi cuerpo necesitaba un respiro entre tanto ajetreo laboral, me vi reconfortado con la historia que había creado al autor y que me hipnotizó con sus imágenes. Una historia en la que el lenguaje susurra, casi diría que acuna a un cuerpo que se ve agitado por las inclemencias de lo que el mundo de afuera, ese innegable poder que tiene la realidad sobre la gente de a pie, sobre la piel que rellena los huesos, y que lo mece como si de un viaje a un interior extraño se tratara. Una metáfora acertada de lo que dentro, en ese paraje desconocido donde Helena Ribas aparece, se convierte en una búsqueda de los secretos, o de los simples silencios que se guardan en una carta, en una misiva que puede no llegar a su destinatario o hacerlo y cambiar por completo su existencia. Es, al menos, mi visión, la eterna mirada subjetiva a una narración que nos convierte en seres activos en una lectura sorprende, que te levanta del asiento, que te hace mirar por la ventana y verte a ti mismo en un oasis, en una tranquilidad que, unida a las ilustraciones que aparecen en él, consiguen completar un cuadro perfecto lleno de sentido.

No conocía a Matías Candeira, ni siquiera había oído hablar de La segunda vida si no hubiera sido por esa persona que parecía conocerme tan bien. Hay momentos en los que la realidad te da esas alegrías, te anima a seguir conociendo, a seguir indagando, a dar los primeros pasos para conocer un nuevo mundo que, de otra manera, jamás te habrías imaginado cerca. Hoy es uno de esos días, porque aprender y enamorarte de un libro puede ser una fuente tal de inspiración y de satisfacción que pocas veces se dan en conjunto.

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