Lois Lane: Enemiga del pueblo

Reseña del cómic “Lois Lane: Enemiga del pueblo”, de Greg Rucka y Mike Perkins

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Detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer es un dicho popular que desde antaño evidencia el trabajo no reconocido de las mujeres. Dicho proverbio resulta un premio de consolación, las migajas del festín masculino, por un esfuerzo de igual a igual, en la mayoría de ocasiones superior al del hombre que supuestamente ha triunfado por sus propios medios. El caso de Lois Lane y Superman no ha sido diferente. Durante muchísimos años la periodista del The Daily Planet era simple y llanamente el interés amoroso del héroe. El trabajo de la periodista quedaba eclipsado por las gestas de él; gestas, sea dicho de paso, escritas por ella. Con el tiempo Lois dejaría de ser la damisela en apuros que necesitaba cada dos por tres que Superman le sacara las castañas del fuego. Su intrepidez igualaba a las de El último hijo de Krypton, su inteligencia lo superaba, no en vano Lois no podía permitirse cagarla pues no podía utilizar la baza de la súper fuerza para salir de una situación peliaguda. Actualmente Lois y Superman son un equipo, trabajan hombro con hombro y ella nunca está detrás ni permite que su trabajo se quede sin el reconocimiento que merece. De hecho, en el cómic que hoy nos ocupa Lois Lane incluso se aparta del hombre de acero, da un paso al frente y decide enfrentarse ella sola (o prácticamente sola) a la que podría ser una de las mayores conspiraciones hasta la fecha en el Universo DC.

En Lois Lane: Enemiga del pueblo publicado por Ecc la periodista más famosa de los cómics, y me atrevería a decir que incluso del mundo real, destapa un movimiento de fondos estatales para monetizar campos de inmigrantes que separan a niños de sus familias. Eso será la punta del iceberg de un complot que pondrá en peligro su vida. Así que Superman entra en escena para ser su protector, o al menos lo intenta. Lois decide que es mejor buscar a otra persona para el trabajo de guardaespaldas debido a la persecución mediática de la que está siendo objeto la pareja. De esta forma Superman, y más adelante Batman, pasan a un segundo plano mientras las mujeres toman la iniciativa, el control y las riendas de toda la investigación. La elegida para el trabajo de protectora de la periodista no es otra que Renée Montoya, antaño detective del Departamento de policía de Gotham y ahora superheroína, con dotes sobrehumanas para la investigación, conocida como The Question.

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Tenemos el caso, el dúo de investigadoras y solamente falta descubrir la verdad. Greg Rucka es el guionista que nos guiará por un entramado de sospechas, traiciones y asesinatos a ritmo de thriller político. Las referencias en ocasiones son claras, sobre todo en ese momento en que Reneé y Lois parecen llegar a un callejón sin salida en la investigación y la periodista anima a la detective a seguir el dinero, un guiño a Todos los hombres del presidente, película protagonizada por Robert Reford y Dustin Hoffman que narra la investigación periodística que llevó a destapar el escándalo Watergate. El cómic goza de ciertos paralelismos con todas esas películas que involucran a periodistas luchando contra gobiernos empeñados en esconderse tras un velo de falacias. Con todo, Lois Lane: Enemiga del pueblo utiliza los clichés del género para explicarnos de forma detallada cómo funciona, paso por paso, el periodismo de investigación, qué es una fuente anónima, qué diferencia hay entre informaciones confidenciales o comentarios extraoficiales y cómo una confesión pasa a convertirse en coacción, no sin perder la oportunidad de dejar pullas sobre la desastrosa gestión de la administración Trump.

El peor defecto de Lois Lane: Enemiga del pueblo es ser parte del Evento Leviathan. Un evento que se extendió a lo largo de varias colecciones de cómics DC. Esto significa que, a pesar de que el volumen recopila los doce números de la serie original, a pesar que de que el caso engancha, falta demasiado contexto, y en ocasiones incluso escenas clave (la muerte de un personaje y no saber por qué desconcierta) que harían más comprensible todo el conjunto. Y es una lástima, pues junto a ese guion de Rucka que atrapa desde el primer número tenemos el notable dibujo de Mike Perkins repleto de escenas urbanas, en ocasiones nocturnas y oscuras que tienden a lo gótico y que contrastan con esa poca naturaleza que son pequeños oasis de calma antes de que el lector descubra la verdad que afecta a todo el Universo DC.

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