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Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder

Oona y SalingerEn esta historia, Frédéric Beigbeder nos conduce al Nueva York de 1940: Estados Unidos está en guerra, pero en medio de la desesperanza, un grupo de jóvenes ricas encuentran momento para la diversión. Entre ellas se halla Oona O’Neill, una adolescente de quince años que frecuenta el Stork Club, antro de moda y lugar donde conocerá a Jerome David Salinger, quien pasará a la historia de la literatura más conocido como J.D. Salinger. Desde aquella noche en la que Oona robará un cenicero del local por él, éste jamás volverá a ser capaz de olvidarla.

Oona y Salinger es verdaderamente un relato en el que faltan muchos huecos. Sin embargo, Beigbeder se encarga de llenarlos: debido a que las familias de Oona y Salinger no han permitido que las verdaderas cartas que se escribieron salgan a la luz, el autor ficciona diálogos, inventa situaciones pero siempre basándose en hechos reales. Así pues, en el Nueva York de 1940, Salinger tiene veintiún años y es un joven idealista, romántico (y si se me permite decirlo, algo intenso y exasperante) que sueña con ser el nuevo Francis Scott Fitzgerald, mientras espera que sus relatos se publiquen. Por su parte, Oona es conocida por ser una especie de celebrity del momento: es guapa, joven, famosa e hija del Premio Nobel Eugene O’Neill quien la abandonó siendo una niña, hecho que marcó a fuego su personalidad y en cierto modo, rompiéndola para siempre. En 1940, Oona tiene quince años y es libre, no tiene ataduras familiares, hace lo que quiere y tiene un grupo de amigos con los que comparte y se bebe la noche neoyorkina (entre ellos la acompaña el futuro escritor Truman Capote). Pero en Oona y Salinger vemos que la familia de Oona viene marcada por la depresión y la tragedia y ella tiene muchas heridas emocionales que sanar. Siente que vive a la sombra de su padre, mientras que todo el mundo le habla de él, para ella Eugene O’Neill es un completo desconocido.

A lo largo de estas páginas, Frédéric Beigbeder alterna las cartas ficticias entre J. D. Salinger y Oona O’Neill con el propio relato de los hechos. De este modo, nos contará la historia de amor (y desamor) de estos dos personajes tan peculiares. Por un lado, el misántropo Salinger a quien el frente le marcará para siempre, alejándolo de la sociedad, por el otro, la tímida e inolvidable Oona. Cuando leí por primera vez la sinopsis del libro supe que tenía que leerlo ya que apenas conocía la vida de ambos y mucho menos que se habían enamorado (ni siquiera había leído El guardián entre el centeno).

Uno de los puntos fuertes de la narración es que la historia está contada mediante capítulos cortos que se leen de una sentada. La pluma de Frédéric Beigbeder es en ocasiones impertinente e irónica, inclusa algo afilada, pero se nota el cariño con el que ha escrito esta novela y probablemente eso sea lo que más me ha gustado. Desde que el autor se encontró a una anciana Oona O’Neill (por aquel entonces ya Oona O’Neill Chaplin, viuda de Charles Chaplin) en su adolescencia, Beigbeder se obsesionó con su vida, convirtiéndose ésta para él en una especie de amor platónico (hasta el punto de que ha llamado a una de sus hijas del mismo modo). Debido a su encuentro nació su interés por Oona, hecho que le llevó a iniciar una investigación para rendirle su especial homenaje con este libro. Por mi parte, me suelen encantar los libros que me permiten conocer la biografía de personajes que de algún modo u otro, han tenido trascendencia en un momento dado de la Historia. Y debo decir que así ha sido con Oona y Salinger.

Asimismo, me ha resultado muy interesante pasear entre estas páginas para conocer la vida de ambos y su historia común, y aunque también debo reconocer que las partes dedicadas a Salinger me han interesado un poco menos que las de Oona (encuentro la vida de ésta mucho más fascinante, misteriosa y difícil de descifrar), este libro me ha servido para interesarme mucho más por la obra de Salinger, por lo que, Guardián entre el centeno, ¡allá voy!

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