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Pietr, el Letón

Pietr, el Letón, de Georges Simenon

Pietr el letonEl camino que lleva a un lector hasta el género policíaco debería pasar por varios autores. Eso dicen los expertos en la materia, aunque en realidad yo siempre me he pasado las opiniones de los expertos un poco por donde todos se pueden imaginar. Pero hay un caso, un gran caso, en el que debo dar la razón a los expertos y es el de Georges Simenon, porque si hoy en día se entiende el aparato que rodea al mundo de la novela negra es por autores como él. Llámenme snob si quieren, pero después de leer este primer caso de su famoso comisario Maigret, uno ve en las siguientes novelas que lee, en los nuevos tipos de policías que aparecen en las estanterías de la librería, retazos de las historias que este gran autor nos trajo de su mano y que, después de mucho tiempo, vuelven a tener el espacio que se requiere para algo tan bien contado. ¿Y ahora te das cuenta?, pensarán ustedes, y con toda la razón del mundo. No seré yo quien piense que es el más instruido en ciertos temas, y bien es sabido que, aunque lea de todo, el género negro no es por el que más me prodigo. Pero como se suele decir, nunca es tarde si la dicha es buena, y créanme, en este caso la dicha ha sido no buena, ha sido superlativa. Así que sigan leyendo, porque lo que aquí está en juego es un caso sobre dobles que no lo son tanto, o quizá sí.

Pietr el Letón, conocido delincuente, llega a París. Maigret le espera en la estación y, al percatarse de que le siguen, se refugia en un lujoso hotel. Pero todo caso tiene su importancia, y en el mismo tren en el que viajaba el conocido estafador, aparece el cuerpo de un hombre que, sin saberse cómo, es su viva imagen.

 

Georges Simenon, desconocido para algunos como yo, despertó mi interés animado por la nueva reedición de toda su obra que hizo Acantilado hace poco. Editorial de nombre y factura impecable, junto a autor del que todo el mundo me hablaba maravilla hizo el resto para que cayera sin remisión ante el primer caso del comisario Maigret. Lo que sucede en esta primera obra puede resultar un caso de los de la vieja escuela, al fin y al cabo, hay que poner cada obra en su contexto y quizás, después de haber leído algunas novelas mucho más duras, suponga un ejercicio liviano para algunos seguidores actuales de las novelas policíacas, pero no se engañen: si hoy en día leen historias negras, es porque hubo un pasado en el que algunos escritores endulzaron los corazones más negros con sus investigaciones. Estamos ante el juego del doble, de la sombra que todos tenemos al lado sin percatarnos, y es labor de nuestro comisario resolver el caso que le llevará por los ambientes más sórdidos de la Francia de la época. ¿Interesante? Mucho, no se pueden hacer una idea cuanto. ¿Novedoso? Bueno, en eso discreparé con algunos de ustedes, porque me dirán que ya han leído historias semejantes, pero quizá pueda decir que no tan bien escritas como esta novela. Pietr, el Letón no sólo es un caso policial, es el primer caso policial de Maigret, y eso es decir mucho por estos lares.

Permítanme aconsejarles que cierren los ojos, que se imaginen una estación de trenes, un revuelo por la aparición de un cadáver, y que después se den cuenta que ese cadáver se parece en todos sus rasgos a la persona que han visto apearse del tren hace escasos minutos. ¿No es una labor de imaginación brutal para poner al lector sobre lo que ha sucedido? ¿No les deja con ganas de saber más y más? Georges Simenon sí, era un desconocido para mí. Ahora, ya no lo será más. Si ustedes gustan conmigo, abran el libro, y si no les gustan las primeras cinco páginas, pueden tirarme el libro en la cabeza, porque yo sé que eso no será así. La capacidad del autor para meternos en materia es brutal, casi diría que propia de un puñetazo en una competición de boxeo que hay que ganas por K.O sin más ni más. Y es que Pietr, el Letón a pesar de ser la primera de las investigaciones de Maigret, no será la última, pongo por testigo de crimen a cualquiera que esté por aquí leyendo, porque uno cae y cae en historias que no tienen mucho sentido y que no te dejan un poso tan dulce (dentro de lo amargo que es el género negro, claro) que quieras seguir leyendo más sobre la bajeza del ser humano, sobre lo oscuro que guarda un alma en situaciones límites, y sobre cómo un novelista, a pesar de lo que el tiempo le haga tardar en llegar, cuando lo hace, lo hace para quedarse, para no irse nunca, y para ver a través del humo de un cigarro, que cuando una obra es buena, lo único que merece son alabanzas.

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