
La prima Bette, de Honoré de Balzac
A las vacas sagradas de la literatura universal no hay que tenerles miedo; si acaso, respeto, eso siempre, pero miedo ¡no! Porque el miedo fomenta prejuicios -y se retroalimenta de ellos- y esos prejuicios hacen que podamos fácilmente llegar a perdernos una experiencia lectora de lo más grato. ¿Quién iba a pensar que todo un Balzac iba a escribir una novela tan amenota, tan fácil de leer, tan folletinesca y tan jugosa como La prima Bette? Pues sí, oigan. Uno de esos libros que se pueden leer sólo para divertirse, que no es objetivo baladí. Y si encima admite varios niveles de lectura y nos ilustra, por ejemplo, sobre el París de mediados del siglo XIX, a la par que nos regala momentos humorísticos y un par de personajes de ésos que da gustito odiar, pues miel sobre hojuelas.



