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Trece tristes trances

trece tristes trances

Trece tristes trances de Albert Sánchez Piñol

En primer lugar, debo decir que soy lector incondicional de Albert Sánchez Piñol. Las dos novelas que tiene publicadas, “La piel fría” y “Pandora en el Congo” son dos libros que en mi humilde opinión, todo el mundo debería leer. De hecho, inicié este blog con “La piel fría”, y dentro de poco aparecerá mi primera reseña en el blog “El lector sin prisas” sobre Pandora en el Congo.

trece tristes trances

Cada uno de los relatos que aparecen en “Trece tristes trances” es como una onza de chocolate puro: Una vez en la boca, desprende un sabor intenso, muy aromático aunque con un regusto amargo. Y no importa que lo devores en unos instantes, el sabor perdura tiempo después.

Lo mismo pasa con los relatos de Sánchez Piñol: Se leen en 5 minutos, y cada uno de ellos provoca una punzada intelectual: Son pequeñas disecciones de nuestras actitudes y comportamientos, aunque a veces sean selenitas o animales quienes ponen de  manifiesto lo inhumano de las actitudes humanas.

A mí los cuentos me han recordado a las lecturas de fábulas que hice en mis inicios como lector. Aunque en Trece tristes trances el tono es claramente adulto, y nunca hay una moraleja; más bien, la conclusión de cada relato es una invitación a la reflexión, a que cada uno extraiga su propia lectura del cuento.

Es la sabiduría de un antropólogo difundida con la pluma de un gran narrador.

Iván Adrián Martínez Ricarte

ivan@librosyliteratura.es

3 comentarios en “Trece tristes trances

  1. otro(s) libro(s) más para apuntar
    me encanta cómo has hecho la reseña 😉

  2. ¡Hola Esther!

    Muchísimas gracias. La verdad es que no me sentía a gusto del todo con el resultado, pero me hace muy feliz saber que te ha gustado.

    Veo que lees habitualmente nuestro blog. Muchas gracias por seguirnos y por tus comentarios, nos animan mucho a seguir adelante.

    Un abrazo.

  3. Pues queda apuntado en mi plan de lecturas…me ha llamado la atención lo que escribiste “sabiduría de un antropólogo…” 😉 eso me anima a leerlo.

    ¡Saludos!

    Ale

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