Publicado el

Lento, de Andrés Barrero

Lento

LentoYa sé que alguien vino antes y les habló de él, y como no podía ser de otra manera les habló muy bien, pero me consta que ni a Marta (mi querida compañera y gran reseñista) ni a ustedes, les importará que venga yo (otra vez) a hablarles de Lento, el último libro de Andrés Barrero. Y tenía que hacerlo por dos motivos, porque soy una adicta a sus interesantes reseñas y porque quedé encantada con aquel libro que un día les reseñé, Todo el mundo odia a Yoko Ono.

Me ha gustado muchísimo la edición y la portada es de lo más sugerente, reflejan perfectamente lo que luego vamos a encontrar dentro, entre sus páginas.

Hay un tercer motivo escondido, y es que dicen las malas lenguas, aunque yo diría “las buenas bocas”, que Andrés es un hombre de buen comer, y si en este libro se habla de comida seguro que había que estar al tanto de sus propuestas. Y ya les adelanto que el libro, una vez leído, se lo he pasado a mis familiares más directos para que también ellos se animen a ser creativos los domingos en la cocina.

Y es que verán, estamos ante un libro familiar en el que un padre y un hijo comparten su afición culinaria los domingos, momentos que aprovechan para compartir sus vidas y rutinas. A mí me ha recordado los domingos en casa de mis padres, pero allí es a lo grande, quiero decir que todo el que llega pasa directamente a la cocina, mi madre es la directora de orquesta, y los demás revoloteamos a su alrededor, somos sus pinches, ¡y eso que mi sobrino Sergio es cocinero profesional! Porque en casa de mis padres seguimos acudiendo todos los domingos a comer casi todos los que podemos, hijos, nietos y desde hace muy poquito ¡Biznieta! Nuestra querida Mireia.

Esto es también lo que transmite en su libro Andrés, el cariño por la familia, por su padre, naturalmente, pero en general se le nota el trasfondo de su cariño por y con casi todo. Así pues, también por la comida. Y es que creo que uno es como transmite su forma de cocinar, algo que muchas veces nos recuerda nuestra hija cuando dice eso de “este caldo está hecho con cariño”.

En casa cocinamos unas veces unos y otras veces otros, pero las más de las veces a mí me toca hacer la comida rápida, la de diario, la que se hace con menos cariño porque sus ingredientes principales son las prisas y el cansancio del trabajo. Pero los fines de semana intentamos hacer la comida con otros ingredientes, ya saben, descanso, tiempo, sonrisas o incluso risas y una buena conversación mientras picoteamos alguna cosa y tomamos alguna copa de buen vino, o incluso si es verano una cervecita bien fría.

Y luego están las conversaciones de cocina, que para nada se parecen a las de comedor y mucho menos a las de bar, trabajo, parque o Club de lectura. Son conversaciones familiares en las que no hay que poner en antecedentes porque ya todos conocemos de donde viene cualquiera de sus hilos y además sabemos de qué pie cojea cada cual. En las conversaciones de cocina la genética siempre suele hacerse presente. Porque no hay nada más genético y tradicional que la cocina, la manera de cocinar, lo olores que generamos con nuestros guisos, que aunque hayamos personalizado siguen en ellos los ingredientes y las formas de nuestros antepasados…

Así pues, no es de extrañar que el tema de los niños robados se les cuele a los Barrero en su cocina ¿Dónde si no? Ese espacio en el que las confidencias quedan disueltas entre los sabores como un ingrediente más.

Y sí, el libro gestiona bien los momentos, los temas, pero sobre todo gestiona a la perfección el cariño que necesariamente debe haber en la familia, lo que sostiene el día a día, por encima incluso del amor… ¿? Es un pensamiento que expreso no excesivamente reflexivo, pienso en mi familia, y sé que la quiero, o creo que la quiero, pero sin duda alguna puedo asegurar al cien por cien que nos tenemos cariño, porque eso lo veo en las miradas. Claro que por deformación profesional he de decir que hasta la fecha nunca nos hemos tenido que repartir ninguna herencia.

El tiempo dirá…

[product sku= 9788494751806 ]
Publicado el

Lento, de Andrés Barrero

Lento

LentoHay libros que te llaman solo por el título. Este ha sido el caso de Lento, de nuestro compañero Andrés Barrero. Hace unas semanas, cuando nos lo anunció, me mordió la curiosidad. “Lento”, pensé, qué buen título. Y, lo confesaré, también pensé que ojalá se me hubiera ocurrido a mí.

Y, claro, tras el título llega el tema, o los temas, que no le van a la zaga. Porque Lento habla de muchas cosas, de la relación de un hijo con su padre, de la inseguridad de uno y de la sabiduría campechana del otro, pero también de los niños robados, de esas familias a las que les han arrancado algo tan surrealista como un niño, y también de la familia, no como algo conflictivo, sino como un refugio, como aquel lugar en el que, como dice Barrero al final de la novela, “los problemas aún existen, pero dejan de importar”.

He disfrutado leyendo Lento porque es una novela amena, divertida, con ritmo y que te hace sentir bien. Por eso creo que es una novela feelgood. ¡O tal vez es que ahora lo veo todo feelgood! Este es un término en el que me ha iniciado hace poco la escritora Mónica Gutiérrez y que define esas novelas amables, que se leen con una sonrisa en los labios, hacen que nos olvidemos de nuestras preocupaciones y en las que el protagonista supera algún tipo de miedo o conflicto consigo mismo, pero en las que no suele haber problemas muy graves (muertes, enfermedades…) y sí bastante buen rollo. Y sí, Lento cumple con todo eso. En esta historia, el prota, que, por cierto, no tiene nombre, aprende de su padre, pero también ayuda al otro en un problema que, con lo que os he explicado ya podemos intuirlo, es el núcleo de la trama: la sospecha de que hubo un hermano robado.

Para mí, Lento no es exactamente una novela, sino que encaja dentro del género de la nouvelle o relato largo porque tiene una única trama. Además, su estructura es singular y eso tiene relación con algo de lo que todavía no os he hablado pero que es central para la historia, y sobre todo para la relación entre padre e hijo: la cocina. Porque la novela es también un libro de recetas y, leyéndolo, me he dado cuenta de que no tengo ni idea de cocina española (es que yo aprendí a cocinar fuera de casa, y claro…). Tollos con tomate, marmitako, arroz caldoso a la marinera, guiso de papas… Vamos, que la novela da hambre. Pero a lo que iba, Lento se divide en tres partes, la primera, Ingredientes, es una serie de conversaciones, domingo tras domingo, que tienen padre e hijo en la cocina y donde los dos, como quien no quiere la cosa, se van confesando sus problemas y preocupaciones. En la segunda, Preparación, el hijo y su mujer aprovechan una ausencia de los padres de él para investigar el asunto de los niños robados. Y la tercera, Emplatado, es el final, pero de esta no os voy a contar nada para no haceros spoilers.

Lo que más me ha gustado de Lento han sido los diálogos entre el hijo y el padre, las pullas, deliciosas, pero a veces supurando mala leche, el cariño, el humor y el amor por las pequeñas cosas de la vida que destila, sobre todo, el personaje del padre. Su sabiduría casera, culinaria. Creo que solo por eso, por leer frases como esta “la cocina es como vivir, por mucha ayuda que busques y por útil que esta sea, tus decisiones la tienes que tomar tú mismo” la novela ya vale la pena.

Aunque, por otro lado, si tenemos que retraerle algo a Barrero es que los diálogos entre el protagonista y María, su mujer, que monopolizan la parte central de la historia, no les llegan a las suelas de los zapatos a los del prota con su padre. Pero es que, claro, los otros son muy buenos.

En resumen, para los que leéis solo el final de las reseñas: Lento es una novela corta, entrañable y tierna, que trata a veces temas duros con sensibilidad y mucho humor, y que cuenta la historia de un hijo que, con su inseguridad, sabotea su propia felicidad y de un padre paciente, sabio y pullero que, a fuerza de buena comida y metáforas culinarias, le abre los ojos. Es una novela con la que te vas a reír y de la que vas a aprender un par de cosas que ya sabías (como que todo tiene su tiempo) pero de las que te habías olvidado.

Ah, y aprovecho para colar aquí un mensaje para su autor, que seguro que nos lee. Ya sé que en los agradecimientos dices que no es él, pero, Andrés, si el personaje de padre está, ni que sea remotamente, basado en el tuyo, quiero conocerlo.

Laura Gomara

Publicado el

Presentación en Huelva del libro “Lento”, de Andrés Barrero

El 9 de noviembre se llevará a cabo una nueva presentación de Lento, de Andrés Barrero, la primera obra editada por la editorial Libros y Literatura en El Tinglao gastronómico, el nuevo centro cultural y gastronómico de Huelva que se inauguró hace apenas dos semanas en el Centro de Ocio Aqualon (Avenida de Hispanoamérica 4 ). La presentación correrá a cargo de la escritora onubense Laura Cárdenas. El lugar de la presentación es inmejorable, tanto si lo tomamos en sentido amplio, Huelva, porque es donde transcurre gran parte de la novela, como si lo hacemos en un sentido más específico, ya que El Tinglao es un centro cultural y gastronómico y en Lento, la novela, la gastronomía onubense está muy presente. Resulta además una coincidencia extraordinariamente afortunada ya que la vocación tanto de la editorial como de la sede es la de la dinamización cultural en todos sus aspectos y son además proyectos jóvenes cuya ilusión es perfectamente equiparable. El lema del lugar es “llega la gastrorrevolución” y es una idea a la que Lento se adhiere con los ojos cerrados porque es un libro con una profunda inspiración gastronómica y a la que Libros y literatura se une desde hace tiempo, ya que son muchas las reseñas de libros sobre gastronomía que se pueden encontrar en el blog. La gastrorrevolución también se lee, y Libros y literatura te la cuenta.

Huelva está presente en Lento en todas partes, porque es una novela que por encima de cualquier otra consideración trata de la familia y para el autor Huelva y familia son sinónimos. Pero lo está también a través de su gastronomía y de sus expresiones y tradiciones. Presentar esta obra en Huelva es, por tanto, mucho más que una presentación, más que una actividad literaria o cultural. La novela llega a su casa. En la novela se dice que hay más magia en el cucharón de madera de un padre cocinero que en la varita de cualquier mago. La presentación del día 9 es una oportunidad de comprobarlo, de degustar ambas magias, la de la literatura y la de la cocina. Mucho más que una presentación.

[the_ad id=”312171″]

Publicado el

Lento, de Andrés Barrero

Lento, de Andrés Barrero

Lento, de Andrés BarreroLas relaciones valiosas con seres queridos necesitan la conjunción de muchos ingredientes, pero quizás el más importante de todos ellos sea el tiempo, una dimensión que hay que invertir con generosidad y con la convicción de que el resultado merecerá la pena. Hablamos mucho de las llamadas horas de calidad que a veces se entienden como la realización de actividades estimulantes, cuando seguramente la verdadera calidad está más relacionada con lo contrario, con lo que llamamos perder el tiempo.

Lento, la segunda novela del escritor Andrés Barrero, incita a perder el tiempo con los que queremos, pero nunca es perderlo ya que regalar lo más valioso que tenemos a nuestros seres queridos es el indicador más claro de nuestro compromiso con ellos. Vivimos en una época en la que la velocidad y la producción son valores muy atractivos y Andrés Barrero, con esta novela, nos recuerda que trenzar algo sólido y duradero, requiere tomarse las cosas con calma. Escrito con un lenguaje preciso, una narrativa fluida y un ritmo dulce, Lento estrena editorial. Libros y Literatura inicia su catálogo con un producto hermoso que han cuidado mucho antes de iniciar su inmersión con ilusión y valentía en el mercado editorial. Y atendiendo a su escrupulosa edición, vemos que LyL viene para quedarse.

Lento nos cuenta una historia sobre la comunicación que se establece entre un padre y un hijo ya adulto a través del acto de cocinar juntos los domingos. Padre e hijo se reúnen alrededor de los fogones y, mientras preparan deliciosas recetas de la gastronomía tradicional de Huelva, hilan una relación llena de naturalidad y de cariño que abre una ventana a su envidiable universo.

Envidiable porque desde el otro lado de las páginas percibimos los aromas que esa relación destila: amor, respeto y mucha nobleza. El padre es una persona sencilla e íntegra que todavía tiene muchas lecciones que transmitir a su hijo a través de la cocina (“las personas no somos diferentes de estos tollos. […] …están tan acartonados que no parecen aprovechables. Sin embargo, tienen toda su esencia en el interior, todo el sabor. […] Probablemente sepan mejor secos que jóvenes y lozanos”). El hijo recibe estas enseñanzas con cierta sorna, pero también con admiración, no solo porque se da perfecta cuenta del conocimiento que contienen, sino también porque reflejan el cuidado con el que el padre ha construido su propia vida. Incluso con cierto afán por llegar algún día a tener esa sabiduría que sabemos que dan los años y que permite poner en valor lo que realmente lo tiene.

El todo es más que la suma de las partes. Padre e hijo son caballeros de los que ya no quedan tantos, pero además han construido una relación maravillosa. Por un lado, su trato es prudente y sin exhibiciones emocionales que todo lo enturbian. Su conversación, tejida con la tradición de una cultura común, se encuentra llena de mensajes sutiles y de protecciones veladas. Pero además manejan el pudor de la intimidad compartida con el humor que los dos protagonistas se gastan. Un humor ingenioso y elegante que aliña la relación y expulsa de su espacio las nubes que amenazan su pasado y, quizás, su futuro. Porque la novela no solo nos permite disfrutar inocentemente de los momentos especiales que comparten sus protagonistas en torno a la cocina, sino que también obliga a que los sigamos a través de una peripecia mucho más dolorosa que, desgraciadamente, muchos padres españoles del último siglo han recorrido.

La gastronomía tiene vida propia en esta novela. la mediadora de este encuentro padre-hijo podría haber sido cualquier otra actividad compartida como el ajedrez, o el criquet, pero lo cierto es que la cocina dota a esos momentos de una sensorialidad efímera única que transforma los domingos (esos días tantas veces tristes) en paréntesis en los que se puede domar el tiempo y evitar que te arrastre. Como sentarse a mirar una puesta de sol o un paisaje hermoso y dejarse llevar por los sentidos.

Es un gusto ver lo que se cuece en esa cocina. No solo por las recetas que te dan ganas de dejarlo todo y bajar al supermercado a comprar los ingredientes (seguramente sin ningún éxito, pues muchos de los productos son locales y de no tan fácil acceso) sino que echas de menos cocinar así, pausadamente, con alguien querido. El padre corta el choco, el hijo pocha la cebolla y entre cuchillos, cazuelas y chascarrillos, se instala la magia que, seguramente, los dos llevan esperando toda la semana y que suele terminar en un plato como el de Choco con Habas que “sabía a reencuentro y le reconfortaba como ningún otro sabor en el mundo” o como el Consomé con Royal de Gallina, un plato que sabe a Nochebuena.

Estos domingos son un bálsamo para el hijo que, profesor de universidad de mediana edad, tiene una vida más agitada que la de su padre. Quizás por ese motivo es más consciente de que está viviendo momentos especiales que le gustaría no olvidar. Con esta novela, el hijo, quizás Andrés Barrero, parece querer congelar esos domingos para disfrutarlos no solo en el presente, sino hacer acopio de ellos para el futuro cuando ya se hayan perdido. Como preparar un álbum lleno de preciosas instantáneas para evitar que el olvido arrample con todo.

[product sku= 9788494751806 ]
Publicado el

Todo el mundo odia a Yoko Ono

Todo el mundo odia a Yoko Ono, de Andrés Barrero

todo el mundo odia a Yoko OnoTítulo: Todo el mundo odia a Yoko Ono
Autor: Andrés Barrero
Editorial: Algón Editores
Páginas: 250
ISBN: 9788494168055

¿También usted sintió un odio feroz por Yoko Ono? Yo no, la verdad es que estas mujeres tan especiales siempre me han impresionado, mujeres capaces de hacer lo que deben (o quieren) sin pensar en el qué dirán. Y no creo que nuestro autor, Andrés Barrero, tampoco le tenga odio a nadie, me consta que es buena persona, pero después de una lectura reflexiva sí entiendo que este sea el título del libro. Aunque si les soy sincera siempre pensé que el título de su primer libro sería del tipo “Todo lo que Fiódor Mijáilovich Dostoyevski jamás osó contar a su propia alma”.

Ustedes ya me entienden, sobre todo aquellos que son asiduos seguidores de las reseñas literarias de Andrés, y sé que son muchos, saben que su pasión es la literatura rusa, en especial la más clásica, esa que rebusca en lo más profundo del ser humano… Y ya verán, cuando ustedes de acerquen a esta obra, como el autor ha aprendido, y mucho, de esos escarbadores de almas.

Porque lo que nos trae Andrés Barrero en “Todo el mundo odia a Yoko Ono” es una historia de cinco personas adultas, solas y desconocidas entre ellas, que el azar hace que se unan en torno a una mesa de un restaurante al que todos ellos acuden diariamente.

Sigue leyendo Todo el mundo odia a Yoko Ono