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El cuervo, de Edgar Allan Poe

Voy a ser claro. Cristalino, como mi cuervoamor por mi querida, hermosa, mi vida, mi esposa Anabel Lee.  No me gusta la poesía. Nunca me ha gustado. Nunca más. Puede que se deba a que me gusta que las cosas se digan claramente, yendo al grano, sin rodeos, sin metáforas, sin hacerme perder el tiempo, y sin tener que perderlo buscando las palabras exactas que queden bien aquí o allá… Y aprovechando bien el papel. ¿Pero qué es eso de escribir tres palabras y hala, a otro renglón a repetir la jugada? No. No me gusta.

Pero con Poe hago una excepción. Lo primero que leí por iniciativa propia, ya no recuerdo si por azar o por decisión meditada, fueron los cuentos de Poe. Y me marcó. Tanto que, sin darme cuenta, acabé escribiendo historias que eran puñeteros plagios involuntarios de sus más famosos relatos.

Tampoco recuerdo cómo llegué al poema, pero sí que me da la memoria para recordar que en tiempos (cuando no existía Internet ni sus derivados, las bibliotecas eran mi proveedor habitual de historias y las frecuentaba casi semanalmente) encontré, tras rebuscar entre oscuros volúmenes de sabiduría olvidada, un tochaco con este poema y lo fotocopié (en la biblioteca había, y puede que siga habiendo, una fotocopiadora que funcionaba con monedas). Si me empeño, estoy seguro de que aún ronda por ahí, entre algunos papeles perdidos por algún sitio.

El caso es que mira que yo no soy de absolutismos y huyo cuando me preguntan cosas como “¿cuál es tu película/libro/grupo/cómic favorito?”, pero con El cuervo también rompo esa norma, pues dicho poema es sin ninguna duda para mí, mi preferido de todos los tiempos, incluso por delante de Palabras para Julia.

Cuentan que Poe lo escribió para que gustara tanto al populacho como a las clases más culturetas de la época (y lo logró si tenemos en cuenta la cantidad de merchandising disponible y que incluso tuvo su propia versión en el color amarillo típico de Los Simpsons), que en una primera versión usó un búho y se especula con que lo escribiera o en un día o en diez años…

Pero bueno, en lo meramente literario, su lectura es potente. Tiene muchísima fuerza y un ritmo, una cadencia que te obliga a seguir leyendo de un tirón y es que, más que un poema parece un cuento. No hay complicadas metáforas ni vocabulario rebuscado o pedante, y los dos o tres términos menos claros pueden buscarse sin problema en Internet.

No quiero destripar nada por si alguien no lo ha leído (pero en serio, si no alguien no lo ha leído, ¿a qué esperas, si hasta lo tienes íntegro en la red de redes y no es largo? ¡Y es de Poe!), pero la cosa va de un hombre desconsolado que sufre por la pérdida de su amada Leonora. Sufre pero a la vez quiere ser capaz de olvidar, y eso le atormenta porque entiende que es una traición a la memoria de su amada. En esos divertimentos se halla el hombre, cuando un cuervo entra en escena y se posa en un busto. El hombre (que, por cierto, no es Poe), muy educado él, le pregunta por su nombre, y el ave le responde “Nevermore” (nunca más).

A partir de ahí surge un bonito diálogo con un frenesí que va en aumento hasta llegar a la locura.

Como otras muchas materias, este poema se presta a las libres interpretaciones de cada lector, no obstante, también es cierto que en este caso no hay mucho que dilucidar, aunque sí algo. Que cada cual piense qué es lo que pasa, por qué sucede, posibles significados ocultos… y que después investigue por su cuenta porque se sorprenderá. Por ejemplo, cuando se refiere en la segunda línea “curioso volumen de sabiduría olvidada”, hay quien dice que habla de un tratado de alquimia, que era el estudio para convertir objetos en oro pero también, entre otras cosas, devolver la vida a los muertos…

Y si no solo te gusta El cuervo, sino que eres supermegafan con mucha marcha y le das al polvorrón y a la salchipapa, no puedes perderte la edición ilustrada de Uve Books. Es una auténtica pasada. Un lujazo imprescindible y, además, viene en una edición apaisada artesana cosida al estilo japonés desde las riberas plutonianas de la noche.

Un regalo para los ojos y para los sentidos, para cualquier enamorado de Poe, del poema o de ambos. ¡Grande, grande!

Hay gente que colecciona primeras ediciones de sus autores preferidos. Si yo coleccionara ediciones de este cuento/poema, la edición de Uve Books sería el ejemplar más preciado de dicha colección.

Por Diego Palacios Marxuach

Hijo de puta, cabronazo, perro y agilipollado son palabras que encontrarás en sus reseñas. Aquí se publican opiniones de libros sinceras, pero nadie dijo que estas tuvieran que ser políticamente correctas. Autor de Valeria y El diablo da las llaves del cielo, odia los adjetivos superlativos y lee todo lo que incluya violencia, humor negro y perros. Con filia a los cómics y fobia a la novela mediática. Por lo demás, un chico normal, amigo de sus amigos y mierdas de esas.

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