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El fantasma en el libro, de Javier Calvo

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Leemos, a veces, sin prestar atención. Pasamos las páginas, unimos letras, recordamos argumentos, reflexionamos, hablamos con nosotros mismos sobre lo que estamos leyendo, sobre lo que los libros nos han proporcionado, pero nos olvidamos, estamos ciegos de alguna manera que no comprendemos realmente, a lo que hay detrás de ese fenómeno que se circunscribe a abrir un libro por primera vez. ¿Cuántos de nosotros hemos pensado, al encontrarnos con un libro, en las personas que hay detrás? ¿Quiénes de nosotros nos fijamos en la figura del traductor, de esa persona que revuelve el lenguaje, que lo convierte en nuestro idioma, y que, por extensión, nos permite disfrutar de lo que algún autor tiene que contarnos? La respuesta, por mucho que nos duela, suele ser que casi nadie se fija en ellos y quizá esa sea la parte más importante de El fantasma en el libro que nos trae Javier Calvo. Porque aunque él mismo diga en el inicio de este ensayo que no ha sido escrito, en primer orden, para reivindicar una profesión, yo creo que precisamente eso es lo que haga falta. Una reivindicación de cómo el oficio de traductor, la vida de conversor de ideas, de palabras, de novelas y sueños, ha sido una continua batalla para aquellos que entendieron una vez que los libros, traducirlos, era su vocación.

Un ensayo en dos partes sobre la historia de la traducción y sobre cómo, hoy en día, una labor tan importante parece estar destinada a ser algo a lo que no se le da la importancia que merece.

Conozco a Javier Calvo. No personalmente. Conozco su trabajo. Mi estantería se conforma con algún libro escrito por él, pero también de traducciones de algunos de mis autores favoritos – se me viene a la cabeza Chuck Palahniuk – y creo que con él me sucede una de las pocas situaciones que me llevan a acercarme a un libro: tener la certeza de que la labor de traducción va a ser un acierto y voy a conseguir disfrutar del libro al completo. No han sido pocas las veces que he observado cómo una mala traducción arruinaba mis expectativas con lo que nos intentaba contar el autor. Quizás por eso, por esa situación extraordinaria, decidí ver lo que él tenía que decir sobre su oficio en El fantasma en el libro. Quienes piensen que nos encontraremos un ensayo árido sobre la traducción, estarán equivocados. Javier Calvo es capaz de hablar directamente de una labor imprescindible en nuestros días y conseguir que nos sintamos hermanados de alguna manera con lo que nos dice. Sorprende lo que nos cuenta de la historia de la traducción – profesión que desconocía, o al menos parte de su recorrido histórico – pero donde yo creo que el libro es más importante, mucho más relevante, es en esos capítulos donde el autor nos cuenta la situación actual. España, en los últimos tiempos, no se ha caracterizado por tener un apoyo incondicional a la literatura. Afortunadamente, todavía hay editoriales que priman la calidad a la cantidad de ventas, pero si nos metiéramos de lleno en observar cuánta importancia se le da a la traducción, nos llevaríamos las manos a la cabeza. Y aunque él diga que no ha escrito ese libro como una reivindicación, o al menos no como la razón principal, ya lo he dicho antes, creo que la necesidad es evidente.

Leer no tiene por qué ser siempre acercarnos a la ficción. De vez en cuando, viene estupendamente observar cómo la realidad empuja a los lectores a acercarse a un libro. El fantasma en el libro de Javier Calvo es tan interesante como necesario y nos abre los ojos a los lectores que, de un tiempo a esta parte, hemos querido ver más allá de lo que nos proporcionaba una historia inventada y hemos necesitado llenar algunos huecos que habían pasado desapercibidos. La traducción, la labor de manejar el idioma, de acercarlo, de convertir las palabras de un idioma en otro, requiere de mejoras, urgentes, para que los lectores no decidamos alejarnos de la literatura. Quizás quede todavía un largo camino para que todo esto se vea reflejado en un papel, pero por lo menos hay gente como Javier Calvo que lo intentan. Y este mundo editorial tendría que estar hecho por valientes.

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