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El maestro de Casas Viejas, de Antonio Ñeco

El maestro de casas viejasSiento la necesidad de empezar esta reseña diciendo que soy una persona muy nostálgica. Me gusta muchísimo bucear entre mis recuerdos y será por eso por lo que siempre llevo una cámara en la mano, para poder retratar lo que pasa a mi alrededor y así poder volver a ese momento las veces que me apetezca. Me da miedo olvidar. Mucho más que que se olviden de mí; me da miedo no recordar todas las cosas buenas que me han pasado, las voces de las personas que ya no están a mi lado y que con el paso del tiempo se vuelven confusas, los sitios que han visto mis propios ojos y donde he sido tan feliz. 

Así que las emociones que he vivido al lee el libro del que vengo a hablaros hoy han sido bastante intensas, porque si hay algo dentro de El maestro de Casas Viejas, eso es nostalgia. 

El relato empieza así: «A veces me da por pensar que la casa se queja. Que se lamenta con un quejío antiguo, como el de los perros que tras la muerte de su dueño se mueren de pena en un rincón». En el instante que leí esas palabras, pensé que lo de Antonio Ñeco, el autor, era jugar sucio, porque simplemente con esa frase ya me tenía ganada. Y esa primera impresión no fue errónea, porque lo cierto es que después el relato continuó en la misma línea y me tuvo atrapada hasta el final. 

Pero vamos por partes. Voy a hablaros de su argumento. Dentro de este libro conoceremos a Nicolás Astroza, un músico que lleva muchos años viviendo en Estados Unidos y que regresa a su San Fernando natal tras conocer la muerte de su abuela Mariana. Lleva media vida fuera y llegar al sitio donde nació y creció es como echarse un jarro de agua fría en la cara. Cuando entra a la casa de su abuela, los recuerdos le dan de golpe, le vienen a la memoria de inmediato, sobre todo después de las charlas interminables con Rafaela, la mujer que lo crió y que en los últimos años se dedicó a cuidar de Mariana. Esas conversaciones avivarán los recuerdos de un Nicolás nostálgico y le harán descubrir imágenes de su historias que hasta ahora habían estado ocultas. 

De esta manera, no solamente conoceremos la vida de Nicolás y de Mariana, sino que seguiremos yendo hacia atrás en el tiempo para abarcar hasta cuatro generaciones de hombres y mujeres que tienen mucho que contarnos. Y entre esos relatos encontraremos episodios como los ocurridos en Villa Baracoa, en la Cuba colonial, en Tabarca o en Venta de Vargas. Lugares con su propio protagonismo en la historia que reviviremos dentro de estas páginas. 

El maestro de Casas Viejas se convierte así en una oda al pasado y a los recuerdos, lo que hará que el lector se adentre en estos hitos ocurridos tiempo ha y que lo haga de una forma sentimental y sin coraza, por lo que todos los sentimientos que se generan dentro de esta novela le darán de lleno al igual que lo hicieron los recuerdos cuando Nicolás entró por la puerta de la casa de su abuela. 

Hay una cosa que me ha llamado la atención de este libro y es la importancia que tiene la música dentro de sus páginas. Si uno está atento, verá que las letras tienen banda sonora propia y, si es curioso, dedicará un rato a buscar esa música para escucharla a la vez que se cuenta el relato. Si el lector hiciera esto, se daría cuenta de que hasta este detalle está perfectamente pensado, ya que las emociones se multiplicarán muchísimo al dejarse llevar también por los acordes que Antonio Ñeco propone. 

Si bien todo son halagos para esta novela que me ha gustado y me ha sorprendido, tengo que decir que, si yo fuera autora de este libro, le daría una vuelta más a la corrección. No es que haya grandes faltas ni nada por el estilo, pero sí que le vendría bien una corrección ortotipográfica para revisar pequeños fallos como las comas vocativas. Así que desde aquí animo a su autor a que lo haga para que así, en próximas ediciones —que las habrá—, el texto esté todavía más pulido. 

Quitando ese pequeño pero, tengo que reconocer que el libro me ha gustado mucho. No suelo ser yo muy fanática de las novelas de tinte histórico, porque suelen aburrirme bastante los capítulos interminables llenos de referencias que consiguen que me despiste y acabe pensando en otra cosa que nada tiene que ver con la trama. Sin embargo, dentro de esta novela donde las referencias históricas son imprescindibles, lo que de verdad le interesa al lector es el drama de todos los personajes que van pasando por delante de sus ojos, de forma que los datos se van entremezclando en el relato de una forma sutil, dándole al lector la información necesaria pero sin aburrirle ni cansarle. 

He empezado esta reseña diciendo que soy una persona muy nostálgica. Lo reitero. Y lo hago porque ahora ya sabéis a qué venía esa pequeña confesión. Si te gusta bucear en el pasado, si te detienes ante fotos antiguas o diarios viejos, si todavía recuerdas el olor de la casa donde creciste y sientes que los recuerdos es lo más valioso que tienes, no pierdas el tiempo y ven a conocer a Nicolás y a todos los personajes que te están esperando dentro de El maestro de Casas Viejas. 

Por Ana Segarra

Graduada en Derecho, nacida en Madrid y adoptada por Cantabria. Tres pasiones son las que mueven su vida: viajar, escribir y leer. Por eso se escapa en cuanto puede.
Ha publicado un libro de poemas (Por si me pierdo) y hace las videorreseñas para el canal de Youtube LibrosyLiteratura. Y es que, como dijo John Fitzgeral Kennedy, “amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía”.
Podéis encontrarla en Instagram y Twitter como @ASladyblue.

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