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Exhalación, de Ted Chiang

Exhalacion

Hablar de Ted Chiang es hablar del acontecimiento literario del año. Suena a exageración. Entiendo las posibles cejas enarcadas y las miradas suspicaces. Pero tal y como lo siento, si quieres viajar al futuro y saber qué libros van a encabezar lo mejor del año, necesitas un ejemplar de Exhalación en tu mano. Puede que mis opiniones sean refutables, pero no lo es el hecho de que una editorial literaria como Sexto Piso haya apostado por unos relatos de ciencia ficción para formar parte de su catálogo. No hay aquí naves espaciales ni extraterrestres invasores. La importancia de los conceptos aquí expuestos es lo que prevalece. Y Chiang, por encima de estilo y trama, nos propone nueve ideas en forma de relatos que dejan claro en todo momento por qué todo el mundo habla de esta colección. La cobertura que está recibiendo el libro en medios es inaudita y, más allá de una estrategia de promoción bien pensada, estamos ante un libro que merece la atención de todos los focos.

Las nueve piezas que componen esta colección dejan claro que siguen preocupándonos las mismas cosas. El libre albedrío, la importancia del aprendizaje, las crisis espirituales y el miedo a perder el control de nuestras vidas. ¿Qué es lo que hace entonces maravillosamente bien Ted Chiang? Hacernos creer que todo esto sobre lo que se han escrito ríos de tinta es algo novedoso y de una actualidad absoluta. El enfoque de estos relatos pasa por poner de manifiesto que existe algo atemporal en el hecho irrefutable de las limitaciones del ser humano para entender lo inefable. ¿Hemos superado la muerte? ¿Hemos comprendido cómo se originó el comienzo? ¿Sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de Dios?

En la tríada de cuentos compuesta por El comerciante y la puerta del alquimista, Lo que se espera de nosotros y La ansiedad es el vértigo de la libertad Chiang nos habla de determinismo y elecciones. Cada uno de estos relatos difiere en forma y extensión, pero todos nos llevan al mismo dilema: si no existe la auténtica elección libre y decisoria, ¿merece la pena elegir? Los tres escenarios ofrecen una respuesta que, si bien no es similar, sí que te llevan a un reflexión posterior sobre la importancia de mantener viva la ilusión de libertad para avanzar como especie.

Sin embargo, es en el multipremiado El ciclo de vida de los elementos de software donde el autor se la juega. No sólo por ser el relato más extenso de la colección, sino porque plantea diferentes posturas sobre aprendizaje, inteligencia artificial, empatía y paternidad. Todo de una forma tan insultantemente humana que da hasta vergüenza reconocerse en estos personajes que se desviven por una criaturas digitales con las que han establecido un vínculo.

Son dos los cuentos, Exhalación y La verdad del hecho, la verdad del sentimiento donde no pude más que aplaudir la capacidad de Chiang de mezclar poesía, filosofía, ficción y ciencia y salir bien parado. Son tantas las lecturas que pueden sacarse de una realidad que dura lo que dura la exhalación del universo que me asombra de que algo así pueda tocarte como lo hace. Y es que desde los relatos de Cixin Liu en La tierra errante no conseguía conectar tan bien con unas historias que parecen hablar del universo y acaban hablando de nosotros como parte de él.

La hipótesis en los cuentos de Exhalación es tan plausible, tan insultantemente cierta que te hace pensar que Chiang, de algún modo, ya ha estado allí. Que, cuando el futuro llegó a ese punto avanzado de la línea temporal, ya había alguien sentado, esperándolo y escribiendo sobre las primeras impresiones de este encuentro inevitable. La ficción de Chiang es la capa con la que cubre esta revelación. Su sintaxis tranquila, sin prisas por destapar el misterio, nos habla de avances en los que es fácil creer porque de algún modo puede que ya hayan tenido lugar en nosotros. Hace mucho tiempo, pero hacia delante. Como si todos estos cuentos fueran una suerte de biografía proyectiva de aquello que tuvo lugar cuando éramos mayores.

Por Sergio Saborido

No estoy a favor de la quema de libros. Pero estoy a favor de que los libros nos consuman. No estoy a favor de doblar la esquina de las páginas. Pero estoy a favor de marcarse a fuego las palabras que uno no quiere perder. No estoy a favor de mí mismo. Pero estoy a favor de lo que leo. Me llamo Sergio. En cuanto a eso, no estoy ni a favor ni en contra.

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