
Julio Ramón Ribeyro

Escribió nueve libros de cuentos: Los gallinazos sin plumas (1955), Cuentos de circunstancias (1958), Las botellas y los hombres (1964), Tres historias sublevantes (1964), Los cautivos (1972), El próximo mes me nivelo (1972), Silvio en el Rosedal (1977), Sólo para fumadores (1987) y Relatos santacruzinos (1992), todos ellos recopilados en Cuentos completos (Alfaguara, 1994) y en La palabra del mudo (Seix Barral, 2010). Además publicó tres novelas: Crónica de San Gabriel (1960), Los geniecillos dominicales (1965) y Cambio de guardia (1976), dos obras de teatro, un ensayo titulado La caza sutil y sus diarios, a los que puso por nombre La tentación del fracaso (Seix Barral, 1992) y en los que volcó, con tierno desaliento, las habituales reflexiones que rondan la cabeza de un escritor que estaba enamorado de la escritura.
Porque si grande fue el vicio de fumar, casi a la par estuvo el de escribir. Hablamos de un hombre que consideraba la escritura como su manera de ser, su forma de pasar por el mundo. Y desde este lugar nos muestra un universo sórdido, defectista, poblado por personajes desdichados, individualistas, marginados. Un universo que él veía como su única herencia posible: Lo que quedará de mí será lo que escribo, y todo lo demás –eficacia en la oficina, brillantez en las reuniones sociales, etc.- carece completamente de importancia. Debo hacer lo único que sé hacer más o menos bien, lo que me agrada hacer y lo que otros no pueden hacer en mi lugar: Escribir mis historias boludas o sutiles, hasta reventar. Lo que ha quedado de él es una magnífica obra cuentística, una de las mejores en la narrativa hispanoamericana del siglo XX, motivo suficiente para asomarse a las páginas de un autor que supo vivir y escribir de una manera sencilla y sutil, ajena a los fuegos fatuos de la fama y la visibilidad literarias, fijándose en esas pequeñas miserias sobre las que le gustaba planear soberanamente con tan sólo encender un cigarrillo y abrir un libro. Dos vicios, lo confieso, que comparto.
No conocia este escritor, lo tendre en cuenta para mi vicio de la lectura.