La memoria eres tú

Reseña del libro “La memoria eres tú”, de Albert Bertran Bas

La memoria eres tú

Creo que ya he dicho algún día por aquí que trabajo en una editorial. Esto me sirve para poder poner contexto a la pequeña historieta que quiero contar como introducción a la reseña. Porque hace unas semanas se acercó a mi mesa uno de los editores y me habló de un libro que le había gustado mucho y que, por ciertas razones, creía que a mí me podía gustar. Como supongo que le pasa a muchos otros, si nos tuviéramos que fiar de todas las recomendaciones que nos hacen a los muy lectores, nunca tendríamos tiempo para leer aquellos libros en los que se fija nuestro criterio. Probablemente no tendríamos tiempo ni para vivir. Pero en este caso había algo en la historia que él me comentaba, mientras yo le rezaba que no hiciera spoilers, que me llamaba. Tenía razón en que, por lo menos en apariencia, era ese tipo de libro que me gusta: la vida de un niño que crece, penurias, guerras, historia, aventuras, bosques, un bildungsroman en toda regla, y amor, mucho amor. Y algo más que me dijo él y acabó por convencerme: «me ha recordado un poco a Medianoche en París». Probablemente él no supiera que en mi salón tengo el póster de esa película colgado. Así que evidentemente conseguí el libro, evidentemente lo leí, y evidentemente me gustó. El libro en cuestión es la primera novela de Albert Bertran Bas, se titula La memoria eres tú y lo publica Roca.

Me gustaría destripar lo menos posible, y prometo intentarlo. Dice la faja que estamos ante «un viaje único por la historia de España a través de los ojos de un chico de quince años». Y en cierto sentido tiene razón y en cierto sentido no. Porque lo que tenemos en La memoria eres tú es, tal y como dice el título, las memorias de cierto periodo de vida, ahí los quince años, de Homero, el gran protagonista de la novela. Pero vistos y contados desde un Homero final.

Homero vive la Guerra Civil, Homero vive la pérdida de unos padres (creo que esto se puede decir), Homero tiene que sobrevivir solo. Y a esa soledad se va añadiendo gente. Vive en Barcelona pero recorrerá muchos sitios. Tiene una casa pero acabará siendo otras cosas. Y canta. La tabla de salvación de Homero, si dejamos un momento de lado el amor, podríamos decir que es la guitarra. Guitarra que por cierto acabará en manos de alguien que todos aquí conocemos. Porque esa es otra de las claves de esta novela (en ese aire de la película de Woody Allen), el encuentro siempre fortuito con personajes que nunca esperaríamos que se cruzaran en la vida de este pobre y gran Homero, personajes como Antonio Machado, Ernest Hemingway o Robert Capa, entre muchos otros.

Homero lo pierde todo y encuentra una boya a la que agarrarse de pelo rubio, ojos azules y rifle al hombro. A esa boya tendrá que verla alejarse, y cuanto más lejos físicamente la sienta más cerca mentalmente la tendrá. La gasolina de Homero tiene un nombre y es Cloe, la chica de las montañas, la Rubia, la persona que le salvará la vida, la persona que lo empujará a sobrevivir. Pero Homero tiene cuentas pendientes, y tendrá que irse de esa cueva donde sus heridas (tantas) se han curado, y volverá a Barcelona, y tendrá a la fuerza que descubrir su ciudad, esa nueva ciudad, y a sí mismo, ese nuevo Homero.

Entre todo eso, veremos a Homero luchar contra los rojos, y veremos a Homero luchar contra los nacionalistas. Veremos a Homero con uniforme franquista, y veremos a Homero del otro lado. Veremos a Franco y veremos a Hitler. Pero también veremos a Homero investigando la leyenda del oro del reino de Akram, leyendo versos de Neruda o cantando canciones a las tumbas del cementerio de Barcelona.

Porque al fin y al cabo, La memoria eres tú es la narración de unos años que sí, tienen una contextualización histórica concreta, siguen una línea temporal fija, pero lo que cuenta es completamente universal. Es la vida de un niño que se queda solo en medio de una guerra y lo único que sabe es tocar la guitarra, sentir amor por una chica rubia de las montañas y saber que quiere descubrir dónde está su padre, pero a la vez es la historia de todos: un amor, una pérdida, un afán por saber, por saberse. Hay mucho con lo que empaparse en este pasapáginas que ha creado Albert Bertran Bas. Y lo mejor es hacerlo leyendo, no esto, si no la novela en cuestión. Una historia que además tiene tintes reales basados en la historia de la familia del autor. Y que tiene mucho más, y que yo ni sé ni sabría contar. Porque para eso tenemos a magníficos contadores de historias. Evidentemente, Albert Bertran Bas es uno de ellos. Ojalá vengan más.

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