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La muerte del comendador (Libro I), de Haruki Murakami

La muerte del comendador

La muerte del comendadorCon Murakami me pasa lo mismo que me pasa con Woody Allen, que he visto la mayoría de sus películas y que siempre digo que me da la sensación de que todas son la misma pero que veo que va a sacar una nueva, que me emociono, que voy a verla y que disfruto igual que con la primera. Sí, para los amantes (no mesiánicos) de Murakami, seguro que les suena lo que les digo, y es que decir esto no tiene por qué ser algo malo. Murakami tiene su esencia, sus historias emergen de ella y van fluctuando en ese mundo medio onírico medio real, los personajes se parecen mucho, los hechos fantásticos también, pero hay algo, siempre hay algo que te hace pensar: «acabo de leer algo único». ¿Os creiáis que iba a decir que esta vez no? Pues para nada, esta vez también. La muerte del comendador, primer volumen de una novela formada por dos y traducida por Fernando Cordobés y Yoko Ogihara, es Murakami 100%.

En este primer libro, con ilustración del gran David de las Heras, de 476 páginas y con título Una idea hecha realidad, nos cogemos de la mano de un retratista japonés de 36 años, quien nos contará su historia desde que su mujer le pide el divorcio hasta… (veremos hasta dónde en el segundo libro, que se publica en enero de 2019). Vayamos a lo que sí podemos leer aquí. Este retratista ve cómo su mujer, con quien lleva seis años casado, quiere separarse de él (sí, llevaban tiempo sin hacer el amor y ella cada vez se ausentaba más en casa, pero todo parecía ir sobre ruedas, por lo menos para él). Él de repente decide que lo mejor en ese caso es que coja cuatro cosas en el mismo momento en que ella le dice que lo deja, se monte al destartalado coche que comparten pero que solo él conduce y se recorra Japón en busca de nada y huyendo de todo. Da vueltas por toda la isla en muy pocas páginas hasta darse cuenta de que debería parar. El coche muere y él, un poco por dentro, también. Es entonces cuando aparece su único amigo, un antiguo compañero de Bellas Artes, y le ofrece la casa en la que vivía el padre de este, reputadísimo pintor con mucho pasado escondido detrás que ahora ha perdido la cabeza. La casa se encuentra en un valle rodeada de bosque, con algunas otras casas a lo lejos y un pequeño rinconcito de mar que puede verse desde la terraza. Es una casa pequeña en medidas y vacía en expresión pero grande en todo lo que contiene y llenísima en impresión. Allí empezará todo: el descubrimiento de un solitario búho, un cuadro con mucho que decir, una campanilla inquieta y un vecino extremadamente enigmático, pero sobre todo, le volverán a empezar las ganas de pintar. No cuento más, sentaos y disfrutad.

Como he dicho, el libro tiene 476 páginas y yo me lo he leído en dos días. Creo que eso ya puede servir como argumento de peso para que cierres la pantalla de tu portátil, apagues la de tu móvil o te levantes de la silla de tu oficina o escritorio y vayas corriendo a tu librería de confianza y digas: «lo último de Murakami, por favor y ya». A modo de anécdota diré que en Japón se está vendiendo envuelto en un plástico de advertencia que seguro que aquí no lo llevará. ¿De qué se advierte? Del alto grado de escenas sexuales explícitas que contiene la novela. No es para tanto.

Lo que sí es para tanto es esa maestría que tiene Murakami y que tanta rabia da de lo bueno que es creando personajes, creando atmósferas enteras donde la soledad, el amor y los sueños son capaces de formar mundos únicos en los que quedarse a vivir para siempre. La muerte del comendador, que coge su título del cuadro que el retratista encuentra y que este a la vez coge su título de una escena de la ópera Don Giovanni de Mozart, es una burbuja perfecta en la que introducirte para olvidarlo todo durante un rato. Porque nadie lo piensa pero yo siempre he creído que uno de los mayores talentos que tiene Murakami es que a la vez que crea personajes excepcionales crea uno que siempre varía en función de quien lo lea, porque eres tú, te mete a ti en la historia. Solo tienes que dejarte llevar.

Si te gustan las sorpresas, si eres defensor de quien sabe sacarte una carcajada cuando menos te lo esperas, si alguna vez has querido vivir dentro de alguna mente, o mejor, dentro de alguno de tus sueños, si quieres conocerte un poco más, lee a Murakami, lee La muerte del comendador, que por cierto, y cómo no, publica Tusquets. ¿Cómo lo hago yo ahora para que llegue ya enero?

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