La Quimera, de Emilia Pardo Bazán

En La Quimera, la pluma de doña Emilia Pardo Bazán nos llevará a diferentes escenarios tales como Madrid o París para explicarnos la historia vital del joven pintor gallego Joaquín Vaamonde. En la novela, encontramos a Joaquín en la figura de Silvio Lago, un pintor increíblemente soñador y ambicioso que solamente tiene el siguiente objetivo: alcanzar el éxito, ser admirado por sus pinturas, y por ende, poder permitirse vivir cómodamente de ello.

Castigado por la pobreza y la hambruna en su infancia y primera juventud, Silvio Lago se marchó a Argentina en busca de dinero y huyendo de su padrino, el cual le obligaba a estudiar. La novela parte desde el momento de su retorno a España unos años después, en el cual conocerá a la baronesa Dumbría y a su hija Minia, compositora, convirtiéndose ambas en las protectoras del joven pintor. De este modo, madre e hija ayudarán a Silvio Lago en su inclusión en el círculo más selecto de la sociedad madrileña del siglo XIX. En Madrid, Silvio alcanzará parte de tan ansiada fama, obteniendo ciertas clientas de cierto renombre para retratarlas. Entre ellas, a Clara Ayamonte y a su padrino, el doctor Luz. Pero Silvio no está satisfecho; va en busca de su Quimera particular, sus sueños, sus propias utopías. Lago es muy consciente de que en la capital nunca podrá obtener el reconocimiento que ansía, ya que se da cuenta de que la sociedad española del momento no es lo suficiente moderna ni sofisticada para comprender su arte.

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Una vez terminé la novela, como me picó la curiosidad, busqué información de Joaquín Vaamonde, el pintor que como antes he comentado, doña Emilia bautizó en la novela como Silvio Lago. Por lo visto, ésta misma fue la protectora de Vaamonde, quien perteneció a la Generación Doliente, la cual está formada por pintores gallegos del siglo XIX caracterizados por su mismo trágico final (así pues, recomiendo que para aquellas personas que no sepan nada de la vida de Vaamonde, lean primero la novela y después investiguen, ya que pueden llevarse un spoiler). Por mi parte, debo decir que bajo mi punto de vista, mientras leía La Quimera no paraba de pensar en que no me iba a resultar sencillo reseñarla. Esta es una novela densa y doña Emilia utiliza un castellano tan elocuente, tan bello (no la había leído antes así que este ha sido mi primer contacto con la autora) por lo que su uso de la lengua me ha dejado boquiabierta. En múltiples ocasiones me perdía simplemente en el lenguaje, en la utilización de adjetivos, de metáforas, de sus páginas descriptivas. Por poner un ejemplo, hay un capítulo en el que la autora habla solamente en forma de cartas a Minia de las impresiones de Silvio Lago en su viaje por Europa de las pinturas de ciertos pintores como Rembrandt. Con Emilia Pardo Bazán, he tenido la constante sensación de que me hallaba ante una lectura de un cierto carácter superior, muy rica. Sin embargo, la misma me ha resultado muy enriquecedora. Asimismo, creo que los puntos fuertes de la novela son en primer lugar, tal y como he dicho, el rico lenguaje. En segundo lugar, destacaría el ejercicio que supone intentar comprender a Silvio Lago y a su ambición, acompañándolo a éste en sus alegrías pero especialmente en sus desgracias. En tercer lugar, y probablemente el elemento que más me ha gustado, he encontrado muy interesante que La Quimera es un buen reflejo de la alta sociedad madrileña de la época. Mediante los ingeniosos y algo irónicos diálogos de doña Emilia, vemos el comportamiento de las personalidades del momento y especialmente su superficialidad. A destacar el personaje que en cierto momento se cruza en el camino de Silvio Lago, María de la Espina Porcel, “Espina”, mujer contradictoria: egoísta, atenta, dulce cuando es necesario, letal. Y por último, me gustaría hacer especial mención a las preciosísimas ilustraciones en blanco y negro que acompañan la lectura en esta edición de Uve Books y que son originales de principios de siglo XX.

Así pues, recomendaría La Quimera a las personas amantes de los clásicos, pero también para aquellos y aquellas interesadas en el arte, ya que esta novela es una combinación de ambas. Si además de todo lo anterior, disfrutas con las novelas ricas en su lenguaje, definitivamente La Quimera es tu novela.

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