Las listas del pasado

Reseña del libro “Las listas del pasado”, de Julie Hayden

Las listas del pasado

Este libro es, además de una obra literaria, una buena noticia. Lo es porque sirve de carta de presentación a una nueva editorial, Muñeca infinita, a la que es un placer dar la bienvenida, pero también porque supone el rescate de una voz diferente, personal y extrañamente conmovedora. 

Julie Hayden, que publico sus relatos durante quince años en The New Yorker, publicó un único libro, este Las listas del pasado, en el que su estilo deslumbra por su poco habitual mirada, por su forma de contar muchas cosas que en realidad no cuenta, pero que uno lee. Es un libro para lectores atentos, de aquellos conscientes de que cada libro es un reto que plantea un trabajo mucho más exigente que el de leer sus palabras una detrás de otra. Julie Hayden observa, plantea relatos que son sucesiones de escenas llenas de vida, de esa cotidianeidad aparentemente rutinaria que esconde tantos tesoros para quien quiere hacer el esfuerzo de encontrarlos. No es una autora que juzgue, simplemente describe, y lo hace de la misma forma en que el lector vería esas escenas si fuera testigo de las mismas. Algunas son visualmente muy potentes, otras son francamente sencillas, pero uno siempre percibe que está pasando algo, que nos están mostrando la vida y a las personas que las protagonizan sin más filtro que el de una mirada aguda y sensible, perfectamente capaz de mostrarnos los hechos con la crudeza que les es propia, pero con el suficiente talento como para hacer que nos preguntemos acerca de lo que hemos leído, presenciado.

Las listas del pasado tiene dos partes bien diferenciadas, la primera es una colección de relatos independientes, poliédricas miradas que nos muestran tanto la complicada realidad de New York como la del campo, no la naturaleza salvaje sino las plantas y los animales y su estrecha relación con las personas. Es más una naturaleza de huertas y jardines que de bosques, aunque también los hay, como el que aloja un inquietante cementerio de animales que uno no llega a discernir si es una muestra de ternura infantil o de crueldad. Los relatos de la segunda parte están relacionados entre sí puesto que en conjunto muestran la vida de unos mismos personajes y su vivencia de la pérdida de uno de ellos. También son relatos con huerta y jardines, con las tareas que necesitan y que pueden, de alguna manera, vertebrar un modo de vida. 

También habla de la mujer o de la soledad, en uno de los relatos se hace un sutil retrato del alcoholismo, no sé, a mi me ha recordado en cierta manera a la Sylvia Plath de La campana de Cristal, que ya podrán hacerse cargo de que son palabras mayores, pero no me gustaría que el mensaje de esta reseña se quedase en esta referencia porque me parece que es una voz lo suficientemente original, personal, como para ser recordada y celebrada por si misma.

Dice Inés Garland, la traductora, en una nota al final del libro que son relatos para ser leídos más de una vez, y estoy completamente de acuerdo. Su aparentemente sencilla forma de narrar la vida esconde la suficiente complejidad como para garantizar el descubrimiento de nuevos detalles en cada relectura, de nuevas facetas, de nuevas conclusiones porque, como empecé diciendo, son relatos que exigen esfuerzo al lector, que le dejan su espacio y ese trabajo que le propone es tan amplio como lo será el número de relecturas, el esfuerzo que se emplee en estos magníficos relatos. Para alguien que tanto mira a los jardines, a la naturaleza, probablemente no haya mayor recompensa que la lectura como semilla, como experiencia que crece lenta pero irremisiblemente en el lector.

No es fácil entender cómo alguien que mira a la naturaleza, la vida y la muerte con esa profunda capacidad de observación y con la sutil contundencia de las que hace gala Julie Hayden haya sido relegada al olvido (al menos yo no tenía la menor noticia de su existencia), por eso la publicación de esta obra es una noticia tan positiva, porque nos permite disfrutar no solo de una obra brillante sino de una mirada diferente, de una forma de acercarse a la vida que desde luego no deja indiferente.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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