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Las malditas, de Stacey Halls

Las malditasEres una chica de diecisiete años, pero no estás en el instituto, ni tienes ordenador, ni sales de fiesta. No. Nada de eso ocurre, porque vives en 1612, en el condado de Lancaster. Tu nombre es Fleetwood Shuttleworth, ya has tenido tres abortos y estás embarazada de nuevo. Pero esta vez todo pinta muy mal para ti. Descubres que si en esta ocasión el bebé sobrevive, tú no lo harás. Deseas que tu bebé nazca sano, porque además debes darle un heredero a tu marido, el señor de Gawthorpe Hall, pero… tú no quieres morir. 

Y entonces conoces a otra chica, Alice Gray, joven como tú, una partera, que te asegura que con su ayuda todo va a salir bien. Tú vivirás y tu bebé también. Sin embargo, el rey Jacobo I no está dispuesto a permitir que los brebajes y los remedios naturales campen a sus anchas. El destino para las mujeres que practiquen dichas artes es la horca.

Escalofriante, ¿verdad? Pues Fleetwood y Alice son las protagonistas de Las malditas, de Stacey Halls. Una novela histórica que me atrajo por su portada llena de simbología, y por el tema que trata de forma tan original e interesante: las brujas de Pendle.

Aunque yo soy más de literatura fantástica, la novela histórica también me suele gustar. Por eso intento prestar atención a algunos títulos de dicho género que puedan resultarme llamativos, como es el caso de esta obra.

Y en ella, la autora se mete de lleno en una época en la que la caza de brujas era una de las cosas más importantes en la Inglaterra del siglo XVII. Nos invita a hacer un viaje en el tiempo fascinante, para que nos perdamos entre unas páginas repletas de pánico a lo desconocido, miedo a la muerte y lealtad a la Corona.

Porque ya sabemos cómo se las gastaban los reyes de Inglaterra. Y si no, acordaos de Ana Bolena, que aun siendo reina, fue acusada de brujería y traición. Por lo que si le pasó eso a una reina, ¡ay de las pobres mujeres de Lancashire!

Fleetwood y Alice lo saben bien, y a mí me ha enamorado la relación de amistad que se forja entre ellas. Creo que es lo mejor de la novela junto con la evolución del personaje de Fleetwood, que pasa de estar a la sombra de su marido, a pensar por sí misma. Y todo gracias a la influencia de Alice. En el libro vemos cómo se va haciendo cada vez más fuerte esa amistad, a pesar de todos los inconvenientes y todo lo que separa a estas jóvenes mujeres.

Mujeres, sí. Mujeres y brujas. Brujas y mujeres. Prácticamente lo mismo por aquel entonces. Y eso me recuerda a otro libro que tuve la ocasión de reseñar hace poco: Asesino de brujas: la bruja blanca. Brujas en una Francia ficticia, donde son perseguidas hasta que sus cuerpos arden en la hoguera. Sin juicios, sin piedad. Si esa historia ya me dejó rabiando por esa sociedad injusta, Las malditas me ha aterrado aún más.

¿Por qué? Pues porque esto es historia. Ha ocurrido de verdad. Y la autora lo hace más real si cabe. Porque la novela se desarrolla en un tiempo y un lugar exactos. De hecho, aunque la obra sea ficción, muchos personajes existieron en la vida real.

Alice Gray, por ejemplo. La escritora hace un apunte histórico al final del libro que me ha llamado la atención. Parece ser que, de todas las acusadas en el juicio de las brujas de Pendle, la única que se salvó fue precisamente ella. ¿Por qué? Es un misterio. Pero yo pienso… ¿y si se salvó porque justamente ella era la única bruja de verdad? Ya que te acusan de brujería, si en realidad eres una bruja, lo suyo es que emplees tus artes para escapar, ¿no? Si no, ¿dónde está la gracia?

En resumidas cuentas, Las malditas es un debut extraordinario. Con una prosa precisa y vibrante que no permite que apartemos la mirada de cada frase, de cada capítulo. Sin prisa, pero sin pausa, Stacey Halls nos conduce hasta las profundidades de un periodo histórico marcado por el extremismo religioso y las supersticiones. Una novela que os hipnotizará y os transportará a una época que no le desearíais ni a vuestro peor enemigo.

Afortunadamente, esta apasionante historia se ha escrito para que viajemos a 1612 y experimentemos todo aquello sin tener que movernos de nuestro seguro sofá.

 

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