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Mis héroes siempre han sido yonquis, de Ed Brubaker y Sean Phillips

He encontrado una vieja cinta de casete TDK olvidada en un cajón. Todavía se lee el título que escribí en la pegatina: «Héroes». Ya no tengo pletina en el equipo de música para escuchar las casete, pero creo recordar algunas de las canciones que en ella grabé. Era cuando dábamos a las canciones un poder mayor porque creíamos que lo significaban todo, cuando las intentábamos atrapar y conservar eternamente en una vieja cinta para que no se perdieran nunca. Unas cuantas canciones que escribieron y compusieron mis héroes de entonces y que hoy tienen un sabor de fábula, de algo mítico estancado en el tiempo. La protagonista de este cómic, Mis héroes siempre han sido yonquis, vive aún en esas canciones, sus letras describen su vida, sus sentimientos, sus miedos están entre las notas de Ella Fitzgerald, de Vic Chesnutt, de Gram Parsons, de Emmylou Harris, de Bowie. Héroes que una vez brillaron como una supernova, héroes que se apagaron tras su mayor fulgor. Héroes que legaron todas sus virtudes en un momento que comparten en común: lo hicieron cuando estaban colocados.

Ha vuelto el equipazo formado por Ed Brubaker y Sean Phillips para crear el tebeo que acaba de recibir el premio Eisner a «Mejor novela gráfica». Una historia de negrura luminosa, de vida donde hubo muerte, del amor antes del desengaño, del ascenso y hundimiento de los héroes, un tebeo de opuestos donde lo más perturbador puede llegar a ser lo más brillante. La cultura popular se mezcla con una narración excelente dentro de un centro de desintoxicación. La protagonista, la joven que conocemos como Ellie, nos lleva de la mano a través de las canciones de sus héroes para contarnos cómo conoció al joven de quien se enamoró dentro de ese centro y de lo que allí ocurrió. Siempre con la mente puesta en las letras de las canciones que escuchó, sabremos su oscuro pasado con cuentagotas, como notas sueltas que se escapan de la melodía y que consiguen giros inesperados en la narración. Con un estilo que bebe de la poesía del rock, el ritmo narrativo va en aumento hasta que la trama nos descoloca en su desenlace. Giro muy del estilo negro que tan bien saben practicar Brubaker y Phillips.

El Arte, con la a mayúscula, se describe y dibuja en este cómic como algo luminoso fruto del consumo de drogas. Una visión original y poco costumbrista de pintar ese perturbador mundo. Y es que el Arte, insisto en la mayúscula, reside para los héroes que idolatra la joven Ellie en un momento de desconexión que les proporciona el consumo de algún tipo de droga y que les ha llevado a crear sus mayores obras. Ya sea en música, pintura o literatura, las drogas han ayudado a sus creadores a legarnos aquello que nos eleva como especie. Este cómic entonces, ¿hace apología de las drogas? Cuando uno empieza a leerlo y a ver el arte dibujado de Phillips se da cuenta de que la visión ofrecida es de luz, de vida, una apuesta original y valiente como lo son sus autores, pero no necesariamente buscan justificar el estilo de vida tóxica. Es más, como he descrito poco antes, es un tebeo de opuestos, la luz y la oscuridad se funden. Sí, puede haber un momento de fulgor, pero que precede a la caída en el pozo más oscuro; el amor se tiñe de engaños y la vida que se promete se torna en muerte.

Mis héroes siempre han sido yonquis conquista por la unión de cultura pop a la trama que, con sus giros oportunos, dejan muy buen sabor de boca. Ahora, según lo leído hasta ahora de ellos, y ya que esta es su primera obra corta autoconclusiva, he de decir que como relato queda menos bien tejido que cuando escriben una serie. Quizás me ha faltado información de cierta trama que corre paralela a la narración y que me parece tener una solución algo precipitada, opinad vosotros mismos. Grande Panini una vez más editando en español la obra de Ed Brubaker y Sean Phillips con una cuidada edición que se une al resto de la obra de este equipazo y que con tanto placer estoy leyendo. En el caso de este último tebeo, además, se puede macerar con la selección musical de todos aquellos héroes que recorren las viñetas a través de sus letras.

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