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Perros que ladran en el sótano

Perros que ladran en el sótano

Perros que ladran en el sótano, de Olga Merino

Perros que ladran en el sótano
Las sensaciones con las que nos encontramos al terminar de leer un libro suelen ser variadas. Unas veces nos invade la alegría, otras la nostalgia, quizás el dolor o incluso hay libros que poseen la suma de todos estos sentimientos. Cuando terminé de leer Perros que ladran en el sótano más que una sensación lo que afloró fue un silencio pesado, luego un dolor en el estómago y finalmente una angustia que me mantuvo triste durante un par de horas. Tuve que ir a la playa para distraerme.

Y que un libro logre eso dice mucho de él ¿no?

Perros que ladran en el sótano cuenta la historia de Anselmo, quien cuidando con desgano a su padre, que página a página se acerca irremediablemente a la muerte, empieza a la vez a recordar su vida en Marruecos. Pero no es un Marruecos cualquiera, sino el de los últimos años del protectorado español, o sea en manos de una España franquista que marca la vida de todas las personas.

Y eso ya dice mucho, porque si bien conoceremos en detalle la vida de Anselmo y su problemática familia, ésta historia aparece como una metáfora de la época, por lo que los problemas cotidianos para mantener un empleo se mezclan con la decadencia del régimen, los engaños, traiciones y abandonos personales se asemejan a las pérdidas territoriales del que fue un imperio mundial y el final de los días de los españoles en tierras africanas.

A esto se le suma que la vida de Anselmo no fue nada fácil, porque no pudo haber sido fácil para un homosexual crecer en un ambiente franquista y en tierras coloniales, viendo cómo su padre -tiránico, cerrado, maltratador- se consideraba superior a los africanos y teniendo a una hermana casi mística que si bien tiene una aparición corta en el libro deja un rastro que no resulta fácil de olvidar.

Pero todo esto y mucho más nos lo recuerda Anselmo ya viejo y cuidando a su padre en un hospital, con poco amor para entregarle, porque nunca lograron crear un vinculo afectivo y porque en su memoria Anselmo solo encuentra rencor y malos momentos. Pero la vida es así, porque en Perros que ladran en el sótano la cuestión del destino y la mala suerte se hace presente en todo momento: dos personas que nunca se amaron sin embargo están “condenados” a estar siempre juntos aun no queriéndolo; como dice la contratapa de la novela, esta es una historia que muestra la fractura entre lo que los personajes habrían querido ser y lo que en verdad son.

Como para oxigenar a un relato tan triste, a personas tan derrotadas, a una época siniestra, la segunda mitad del libro se mete de lleno en la Compañía de Variedades, un conjunto de hombres y mujeres que alguna vez disfrutaron de cierta fama – entre los que figura el personaje principal, Anselmo- y que ahora deambulan de pueblo en pueblo, y de fracaso en fracaso, mendigando espectadores y siguiendo por radio los partes médicos sobre la salud del Generalísimo. La Compañía cuenta con un enano gallego, un locutor argentino y varias mujeres vedettes entre otros actores divertidos, estereotipados y que sin embargo también sufren y aguardan una especie de liberación en medio de un clima asfixiante y que parece siempre a punto de estallar, como ocurre con una España que espera que al fin se encuentre con el día en que ya no esté entre ellos el Dictador eterno. Y entonces sí, poder respirar y liberar la angustia, esos malditos perros que ladran en el sótano.

Roberto Maydana

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