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Recursión, de Blake Crouch

recursion

“¿Qué harías si recordaras cosas que no has vivido?”, “La realidad se ha roto”, “Al principio parece un virus. Una epidemia que se extiende de forma incontrolable, enloqueciendo a sus víctimas con recuerdos de una vida que no es la suya”… Frases como estas, que aparecen en portada y contraportada, fueron suficiente cebo para hacerme picar con la lectura de este libro.

A alguien como yo, con memoria de pez, todo lo relacionado con los recuerdos, el pasado, la nostalgia… son cosas que me hacen lanzarme al barro. ¿Sabíais que cada vez que recordamos algo estamos modificando ese recuerdo? Añadimos o eliminamos detalles, de forma que si volviéramos atrás en el pasado y contrastáramos el recuerdo con lo realmente vivido el parecido sería mínimo. La mente es así, y son muchos los factores que intervienen a la hora de hacer nuestra copia de seguridad.

Así que cuando leí la sinopsis de Recursión, en donde un virus, denominado SFR (Síndrome del  Falso Recuerdo) comienza a expandirse por el mundo provocando que la gente tenga sus recuerdos entremezclados con los de cosas que nunca han experimentado (memoria y una pandemia en los mismos chunguísimos tiempos en los que estamos sufriendo una de lleno) no pude evitar lanzarme a leerlo y, además, en modo panzada.

“Todo el mundo cree que el SFR solo afecta a los grandes recuerdos de la vida, pero los pequeños son los más dolorosos. No es que no recuerde a mi marido. Recuerdo cómo le olía el aliento por las mañanas cuando se daba la vuelta en la cama. Cómo cada vez que se levantaba antes que yo para lavarse los dientes ya sabía que a la vuelta íbamos a tener sexo. Eso es lo que me mata. Esos pequeñísimos y perfectos detalles que me hacen creer que todo ocurrió de verdad.”

Estamos ante una novela policiaca y de ciencia ficción de la buena, de la que nos pone bien verracos y además tiene el punto extra de estar escrito de una manera que te atrapa más y más y de explicarte con facilidad conceptos complicados sin meterte muchas mierdas en la cabeza que te distraigan de lo importante, usando una prosa y un vocabulario sencillo y asequible para todo el mundo. No hay que tener miedo por ese lado. Ni por ningún otro en realidad porque esta novela es puro gozo y es una lástima no poder decir nada más de la trama porque sería hacer un “destripe”, y eso sí que no. Que el lector descubra por sí mismo lo que va pasando, que intente descifrar la confusión inicial (que es resuelta en seguida, pero es que si vas ya a sabiendas de lo que va a pasar se pierde mucha mucha gracia).

“Por la noche, el cerebro la libera en dosis diminutas, que son las que hacen que soñemos. Pero, en el momento de la muerte, la glándula pineal libera todo un torrente. Una auténtica liquidación por cierre. Es la razón por la que la gente ve cosas cuando muere, como una carrera por un túnel hacia una luz o toda su vida pasando ante sus ojos”.

Recursión tiene dos protagonistas y empieza con cada uno de ellos en distintas momentos temporales. Por un lado Helena, una brillante neurocientífica que basa todo su trabajo en la salvaguarda de los recuerdos de las personas, en un intento por salvar los de su madre, enferma de Alzheimer y consigue crear una silla que en parte logra su objetivo… o algo parecido.

Por el otro está Barry, policía de Nueva York que intenta desentrañar qué demonios está pasando últimamente, que es eso del SFR que impulsa a muchos de los afectados a suicidarse al no ser capaces de asumir unos “recuerdos” tan vívidos pero que no reconocen como propios.

Por supuesto, llegará un momento en el que ambos coincidan y traten de comprender y/o arreglar lo que está pasando en el mundo para evitar que todo desemboque en algo inimaginable. Y es que la idea del principio va a ir estirándose hasta límites que no podían preverse al iniciar la lectura.

Lo dicho, es difícil hablar de un libro como este sin hablar de él, pero es lo que hay que hacer.

Recursión es una novela hábil, enganchante e inteligente, que se lee con muchísima facilidad y ansia viva, tiene un ritmo ágil y llevadero y eres capaz de visionarla mentalmente sin problema como si de una serie o película se tratara. En cuanto te descuidas has cogido carrerilla y has dado con medio libro. Coges cariño verdadero a los protagonistas, imaginas sus rostros y los de sus familias, te pones en su lugar y puedes comprender por todo lo que están pasando, lo jodida que es la vida muchas veces, el paso del tiempo y la pérdida de los recuerdos de tus seres queridos y te hace plantearte qué harías tú en el lugar de Helena o de Barry.

Para fans de la ci-fi y del subgénero que dentro del libro se descubre y de las buenas historias en general, porque en el fondo es una novela de personajes, decisiones y sentimientos, al margen del contexto de ciencia ficción en el que sin duda se enmarca.

Uno de los mejores libros que he leído en 2020. Inteligente, ameno, sensible, emocionante, sorprendente y espero que no sea anticipatorio.

Un autor a tener en cuenta y del que tarde o temprano seguro que caerá su anterior novela, Materia oscura.

Por Diego Palacios Marxuach

Hijo de puta, cabronazo, perro y agilipollado son palabras que encontrarás en sus reseñas. Aquí se publican opiniones de libros sinceras, pero nadie dijo que estas tuvieran que ser políticamente correctas. Autor de Valeria y El diablo da las llaves del cielo, odia los adjetivos superlativos y lee todo lo que incluya violencia, humor negro y perros. Con filia a los cómics y fobia a la novela mediática. Por lo demás, un chico normal, amigo de sus amigos y mierdas de esas.

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