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Rojo y en botella, de Sergi Escolano

rojo y en botella–Pero vamos a ver… ¡NO ME JODAS, TÍO, NO-ME-JO-DAS!

–¿Qué te pasa ahora?

–¿Cómo que qué me pasa ahora? ¿Me pasa que ya estás con otro puto libro de vampiros? ¿En serio? ¿Otro? ¿No se acaban nunca?

–Ah, eso… Bueno…

–¿Bueno?

–¿Vas a comenzar a repetir mis finales de frase como Rebolledo?

–¿Rebolledo?

–¿Sigues haciéndolo?

–¿Quién coño es Rebolledo?

–Un poli vampiro de Nueva Transilvania.

–¿Nueva Transilvania?

–¿Vuelves a…?

–Sí, joder, ¿cómo no voy a repetir lo último que digas si no te explicas, si lo pones a huevo y sabes de sobra que me saca de quicio?

–Te explicaría si no me interrumpieras porque soy un poco como Van Helsing leyendo los derechos a un detenido y si me cortas tengo que volver a empezar desde el principio.

–¡Desembucha, copón!

–A ver. Estamos en un mundo en el que vampiros y humanos existen (y hombres lobo), pero cada uno en su casa. Los humanos en Vetusta y los vampis en Nueva Transilvania. Nueva Transilvania es una megalópolis sin crimen, ecológica, con coches inteligentes y casas inteligentes y robots inteligentes… Los vampiros han logrado crear una sangre artificial y unos inhibidores y ya no necesitan chupar sangre a los humanos. Todo parece ir de perlas en la ciudad de los vampiros hasta que aparece un asesino en serie de vampiros. Como en su ciudad no hay crímenes ni muertos, porque todos los ciudadanos son no-muertos y ni siquiera los polis forenses saben cómo hacer una autopsia, se ven obligados a pedir ayuda al “mejor” policía humano, descendiente de un gran cazador de vampiros, Julián Van Helsing, que no soporta a los chupasangres ni se fía de ellos desde que, cuando era pequeño, mataron a su padre y, para colmo resulta ser un poco bastante… Torrente.

Rojo y en botella es un libro que no pretende pasar a la historia de la literatura. Ni de la seria ni de la humorística, ni de la humana ni de la vampírica. Pero tampoco lo pretende. Lo que Sergi Escolano quiere es pasárselo bien escribiendo –y eso se nota por la cantidad de guiños, referencias y apostillas recopiladas al final del libro– y que el lector lo pase tan bien o mejor que él. ¡Y por la tumba de Drácula y todas sus novias que lo consigue! Con la de cienes y cienes de páginas que he leído –y escrito también (Valeria, El diablo da las llaves del cielo)– con nosferatus como protas, pocas obras que giren alrededor de estos han sido enfocadas desde el humor. Pero es que es tan difícil ya no solo hacer humor sino conjugarlo con algo tan manido como los vampiros sin caer en la gracia fácil, las ocurrencias repetidas o una trama chorrona, que es muy arriesgado meterse en faena a escribir una historia así y salir airoso.

No es el caso. O sea, sí. Escolano ha salido airoso y ha demostrado repartir con acierto el protagonismo a humano y vampiros; a la familia del humano, a la problemática política de Nueva Transilvania (elecciones inminentes, inmigración ilegal de humanos, licántropos y zombis, prejuicios, racismo…) y además hacerlo mediante paralelismos con la escena política española con referencias que no pueden pasar desapercibidas a nadie (el partido político Vampiros Primero, Albert Married, la moderadora de una tertulia televisiva cuyo nombre es Susanna…) e ¡incluso referencias a la propia editorial y editor! bien salpimentadas con chispazos de humor e ironía a lo largo de toda la trama sin caer en el absurdo o la vergüenza ajena. Escolano se saca la chorra y se mea en textos pretenciosos vampíricos, en oxidados clichés y en férreas convenciones antediluvianas. Ya quisiera Crepúsculo llegar a este nivel con la mitad de páginas.

“Cuando Van Helsing llegó a comisaría, media hora tarde como buen humano que era, encontró a sus compañeros agolpados frente a un televisor en la sala de reuniones. Estaban presenciando una tertulia televisiva. Él no sabía que los vampiros también contaban con esa lacra.”

Rojo y en botella es una novela que se lee de un tirón, con una sonrisa desde la primera página. Es inevitable empatizar con Van Helsing, comprender sus circunstancias personales y familiares y admirar lo bien construido que queda su personaje y el de los miembros de su familia y a su vez la habilidad para integrar la actualidad (youtube, los móviles…) de manera tan coherente y salvajemente real.

“En el fondo soy racista. Se me llena la boca con la palabra “igualdad” pero no soy capaz de ver una vampira dándose besos con un licántropo. Considero normal la homosexualidad, pero veo una relación interracial como algo anormal.”

Una trama que avanza a toda velocidad, diálogos graciosos (la mayoría) y un desenlace muy a lo Un cadáver a los postres que gustaría a la mayoría de lectores que se atrevan a acercarse a este libro.

Recomendado.

–¿Has acabado?

–Sí, solo pensaba en voz alta, pero tengo la sensación de que me olvido algo…

–¿El qué?

–No lo sé… si lo supiera no tendría esa sensación…

–¿Qué es? ¿Negro, romántico…?

–¿El qué?

–¡Coño, qué va a ser! El libro. ¿En qué género lo enmarcas?

–Ah… bueno, eso ya viene etiquetado en la reseña, debajo del título, junto con la editorial, pero sí, sería una mezcla de thriller, noir y humor.

–Qué completo.

–En fin, yo creo que eso es todo, he hablado bien del libro porque lo merece, he contado la trama, he citado dos párrafos, me he autorreferenciado… Soy la puta polla. Si me dejo algo, que creo que no, ya lo arreglará @palati77

–¿@palati77?

–Sí, es un buen tío. Siempre lo arregla todo y me saca las castañas del fuego. Le debo mucho. ¡Gracias, @palati77! ¡Anda, no seas soso y dale tú también las gracias!

–¿Yo? Si no le conozco.

–Ni yo, pero no existiríamos sin él. Ni sin Escolano.

–Ah, pues entonces, esto, gracias, tío, estoooo…, @palati77

 

Por Diego Palacios Marxuach

Hijo de puta, cabronazo, perro y agilipollado son palabras que encontrarás en sus reseñas. Aquí se publican opiniones de libros sinceras, pero nadie dijo que estas tuvieran que ser políticamente correctas. Autor de Valeria y El diablo da las llaves del cielo, odia los adjetivos superlativos y lee todo lo que incluya violencia, humor negro y perros. Con filia a los cómics y fobia a la novela mediática. Por lo demás, un chico normal, amigo de sus amigos y mierdas de esas.

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