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30 millones, de Ángel Mosquito y Federico Reggiani

30 millonesHay un sueño que todos (o casi todos; siempre hay algún monje muy sabio entre nosotros) hemos tenido alguna vez en la vida, y es el de viajar en el tiempo, preferiblemente, al pasado, y, puestos a pedir, con la experiencia y madurez de nuestro yo actual. ¡Jo, cómo nos íbamos a poner! ¿verdad, picaruelos? Naturalmente, como se ha encargado de descubrirnos la ficción, que también es muy sabia, este es un sueño con trampa. Pero además, nos lo han contado tantas veces ya que, a cualquier historia que explore esta posibilidad, le pedimos algo más que paradojas de la abuela o el asesinato de un niño muy malo llamado Adolf. Y el libro que os traemos hoy tiene, desde luego, ese algo.

Estamos en Buenos Aires, tierra natal del ilustrador Ángel Mosquito y el guionista Federico Reggiani. A través de su amigo Pablo, un camello de poca monta que trafica con coca de las más diversas calidades, Daniel, el protagonista, descubre portales que lo transportan a otro tiempo. La ventaja que los portales de 30 millones tienen sobre los viajes en el tiempo tradicionales, o sobre los portales al estilo de Stranger Things, es obvia: si no te gusta lo que ves, o ya te has cansado, vuelves a cruzar el portal y estás en el mismo sitio y lugar que antes. Además, mientras tú te has corrido una aventura de aquí te espero, para los del presente apenas han pasado quince segundos. Una vez tienes el mapa mental de los portales, puedes escapar fácilmente del lío en el que te hayas metido y dejarlos a todos, pasma o acreedores, con dos palmos de narices.

Daniel es electricista, y en la escuela donde se ocupa del mantenimiento descubre un portal que lo lleva al año 1975. Fue ese un año muy movidito en Argentina, con La Orga, que es como los miembros del movimiento de los montoneros se referían a su organización, en la cima de su actividad guerrillera. Daniel sabe que su tío Gregorio, la oveja negra de la familia, anduvo muy metido en esa organización y que se dedicó, según su madre, a secuestrar gente y poner bombas. Y como la ocasión la pintan calva, empieza a indagar en el pasado de su familia y del país. Para ello se sirve no sólo de su ticket de abono al año 75, sino también de los servicios de una bibliotecaria que le ayuda con la hemeroteca así como con los libros que Daniel se envía a sí mismo desde el pasado.

Por otra parte, Inés, una entrañable profesora sexagenaria que ve a Daniel entrar y salir con extraña frecuencia en el lavabo de la escuela, no puede ni sospechar el papel que su revolucionario pasado va a jugar en la vida de Daniel. Mientras tanto, Pablo el camello se ve envuelto en una deuda imposible de pagar con tipos que saben cómo cobrársela. Y claro, los treinta millones del título que tan bien le irían están en el año 75. De esta manera, la historia, una original vuelta de tuerca al tema de los viajes en el tiempo, se convierte en un entretenidísimo thriller de ritmo frenético. Pero, como todas las obras de arte, esta novela es algo más. Narrada de forma impecable, amena, con gran sentido del humor y con unas ilustraciones sencillas y divertidas que se adaptan perfectamente a la historia, 30 millones es una historia sobre la lealtad y la traición a nuestros principios, a nuestros seres queridos y, sobre todo, a nosotros mismos. ¿Qué más se puede pedir?

 

Por Juan Campbell-Rodger

Por orden de importancia: padre de familia numerosa, lector, salsero, profesor de inglés aficionado.

Algunos datos más: soso, huraño y narizotas. Poco hablador, no por timidez, sino porque me aburre oír mi voz. Antaño viajero. Tengo un futuro esplendoroso detrás de mí. Me encanta hacer enemigos a través de facebook. Zurdo. Observador. Convencido de que callarme mis tonterías me hace parecer más inteligente. No entiendo el mundo. Me gusta sentarme en el balcón y ver el vuelo de los vencejos. Hombre de convicciones endebles. Sólo los libros me entienden.

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