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Antonio Machado. Los días azules, de Cecília Hill y Josep Salvia

De un trozo de papel arrugado salieron las últimas palabras en verso que escribió Antonio Machado: “Estos días azules y este sol de la infancia”. Ese trozo de papel estaba ahí, en el bolsillo de su gabán y lo encontró su hermano José poco después de la muerte del poeta. El cielo azul al que aludía Antonio era aquel que le acompañaba en las tardes primaverales componiendo para Leonor, o puede que fuera el que inspiraba sus versos en sus largos paseos cerca de los limoneros. Lejos, muy lejos de aquel lugar y de su país de origen, exiliado en un pueblito de la costa francesa, Antonio tuvo un último recuerdo para aquellos días. Ese trozo de papel arrugado y escondido en un bolsillo es punto de partida para esta emotiva, tierna y poética obra gráfica de Cecília Hill y Josep Salvia: Antonio Machado. Los días azules.

Este libro aúna, en perfecta y bellísima conjunción, memoria histórica, poesía y cómic. A través de estos elementos, recorremos el doloroso camino de Antonio Machado junto a su familia en la guerra y el exilio hasta llegar al precioso pueblo de Colliure donde murió. A finales de 1936, por recomendación del gobierno de la República, Antonio tuvo que abandonar Madrid. En su camino, recorrió diversos lugares, allá donde amigos y desconocidos le dieron cobijo: Valencia, Rocafort, Barcelona y finalmente Collioure. Los últimos paisajes para el espíritu poético de Machado tenían un amargo rumor de pena, de pérdida y ese sentimiento queda visiblemente plasmado en las emotivas viñetas que componen la obra. También en sus textos, ya que es en la nostalgia y tristeza contenida de Antonio, a veces le basta con una mirada caída manteniendo el silencio, donde expresa el horror de la maldita Guerra Civil.

Sí, a vueltas con la Guerra Civil. Estos días, igual no tan azules, rememorar aquellos días parece asustar a unos cuantos. Es más, en el reciente estreno de la última película de Amenábar, donde se trata la guerra a través de los discursos de Unamuno, la polémica ha resurgido con el soniquete “el cine español y todos los rojos solo saben hablar de la Guerra Civil”. Un colectivo férreo que se resiste a tan siquiera mencionarla ya que piensan que eso es abrir heridas. No. Es necesario que se pueda seguir hablando de aquello para aprender y no olvidar, para enseñar mejor después, para pensar mejor ahora. En el cómic que escribe Cecília Hill y dibuja Josep Salvia el conflicto está presente porque resulta indivisible de las biografías de nuestros autores que componen aquellas generaciones, desde la del 98 a la del 27. No comprenderíamos su poesía, su filosofía y su vitalidad sin hacer un mínimo esfuerzo de memoria histórica.

Antonio Machado. Los días azules es también poesía. Poesía en el sentido de embellecer la palabra, de elevar las emociones. Me gustaría destacar en especial las viñetas dedicadas al recuerdo de Antonio hacia su amada Leonor. Había llegado a la Torre Castanyer de Barcelona donde se alojaría un tiempo. Observando un retrato de la Marquesa de Moragas, Antonio siente la presencia de Leonor. “¿Eres tú, mi niña?” dirá para pasar luego a una preciosa secuencia narrativa en tres viñetas de Antonio y Leonor paseando entre los caminos de árboles. La transición de la primavera al otoño se observa en el cambio de las hojas hasta dejar de nuevo a Antonio desolado. Remata la escena unos emotivísimos versos de Campos de Castilla:

Los caminitos blancos
se cruzan y se alejan,
buscando los dispersos caseríos
del valle de la sierra.
Caminos de los campos…
¡Ay, ya no puedo caminar con ella!

Momentos tan gloriosos como este que he intentado describir se suceden a lo largo de un cómic que busca acercarnos las emociones vividas por Antonio Machado en sus últimos caminos y paisajes. Su poesía es eterna, así como su memoria. Siempre es maravilloso encontrarse nuevos lenguajes que dialoguen con él, su historia y su obra. Este cómic nos lo ha permitido, nos ha desdoblado ese trozo de papel arrugado que encontraron en el bolsillo de su gabán. Y lo leemos. E inmediatamente sentimos esos días azules y ese sol de la infancia.

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