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El placer de matar a una madre, de Marta López Luaces

El placer de matar a una madre

El placer de matar a una madre

No proliferan las novelas con títulos tan provocadores como este: El placer de matar a una madre. Es de esos que escuecen… ¿Quién puede matar a su madre? ¿Quién es capaz de sentir placer al cometer semejante atrocidad? Seguro que os preguntáis si la historia que relata de Marta López Luaces incomoda del mismo modo. Juzgad vosotros.

Ignacio Suárez, psicólogo de profesión, está viendo por la tele una manifestación convocada por los sindicatos y, entre los asistentes, reconoce a Isabel, una de las pacientes que atendió en el manicomio en el que trabajó durante los años setenta. Isabel no fue una paciente cualquiera, sino una matricida. Ella misma confesó que había asfixiado a su madre con una almohada. La justicia cumplió su cometido encarcelando a la culpable y solo Ignacio se preguntó qué había llevado a aquella mujer —hija de una familia honrada, sin indicios de enfermedad mental ni pasado agresivo— a asesinar a su madre. Treinta años después de aquello, verla en la televisión le hace buscar las cintas que grabó en las sesiones terapéuticas. A través de esas cintas, sus notas y los periódicos de la época, nos relata cómo fue su relación con Isabel durante aquellos años. Los capítulos narrados por el psicólogo se intercalan con los de la propia Isabel, que también nos cuenta cómo vivió aquel internamiento entonces y cómo fue su vida después.

De este modo, Marta López Luaces retrata el atraso en el que estaban sumidas las instituciones psiquiátricas ligadas a la Iglesia Católica y las nefastas condiciones de los manicomios, donde las pacientes parecían muertas en vida, apenas había personal médico y las monjas se encargaban de mantener el orden. Pero también analiza lúcidamente la sociedad franquista en general y el papel de las mujeres en particular. Isabel, la protagonista, personifica la ansiedad y los miedos de una cultura aprisionada; mientras que Ignacio representa ese anhelo social de introducir cambios que empezó a evidenciarse en los años setenta. No es casual, por tanto, que la primera sesión terapéutica de Isabel tenga lugar el 21 de diciembre de 1973, el día del atentado contra Carrero Blanco, y el desenlace de la historia sea el 21 de noviembre de 1975, un día después de la muerte de Franco.

Sí, para mí, la historia que Marta López Luaces nos narra en El placer de matar a una madre escuece, pero no es por el asesinato a una madre (que está inspirado en una historia real, por cierto), sino por esa sociedad en la que cualquiera que molestase podía acabar en el manicomio. La homosexualidad, las adicciones o no encajar con el modelo femenino de la época eran razones suficientes para ser apartadas de la sociedad y sometidas a tratamientos atroces. Y aunque pueda parecer que esos manicomios eran el infierno, aún más horrible era lo que vivían muchas de ellas en sus hogares.

El placer de matar a una madre profundiza en las consecuencias de un período en el que imperaron el oscurantismo y los abusos; pero, sobre todo, es una historia en la que la sororidad y el empoderamiento femenino son protagonistas. Desde luego que no hay muchas novelas así. Imposible que deje indiferente ni por fuera ni por dentro.

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