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Historias para no dormir, de Pedro Rodríguez

historiasCuando vi el título y la portada con el mono siniestro, que, iluso de mí, me recordaba a La pata de mono de W. W. Jacobs, ya sabía que el cómic iba a caer, pero se encargó de reafirmármelo el subtítulo (Entra y descubre este recopilatorio terrorífico). Y, aunque la información de la editorial lo indicaba con claridad, supuse que se trataba de historias cortas sin más. Sin embargo, las historias contenidas en este volumen no son historias cortas y ya. Son pequeños grandes clásicos de la literatura de terror adaptados al formato cómic.

De los siete cuentos dos ya había leído (El vampiro, de Polidori, y El gato negro, de Poe) y del resto conocía a casi todos los autores, de probada solvencia cuando de lo que se trata es de juntar letras para que estás den como resultado un texto siniestro.

Todas las historias van precedidas de una breve biografía del autor, con su retrato, y es este el que nos va introduciendo el cuento correspondiente, como si fuera el narrador, como si supiera de qué va el asunto.

El primero que encontramos es el relato La mano, de Guy de Maupassant, ambientado en Córcega, donde el protagonista, un juez, resolvía los casos, la mayoría debidos a orgullosas vendettas, con gran rapidez. El asunto de estas páginas también tiene que ver con una venganza, aunque con tintes más sobrenaturales… o no, eso lo decidirá cada cual.

Le sigue El convenio de Sir Dominick, de Sheridan Le Fanu, más conocido por ser el autor de Carmilla. En esta ocasión se nos cuenta el intento de un noble arruinado de escapar del diablo cuando le toca cumplir la parte del pacto que firmó con él y que tanto le benefició. No está mal, pero se intuye el final.

La casa de la pesadilla, de E. Lucas White, relata una buena historia de fantasmas en una casa habitada por un triste niño a donde va a parar un comercial al que se le ha averiado el automóvil.

A continuación aparece El vampiro, de Polidori, que ya sabemos que surge de una reunión en un lago en Ginebra con Shelley y blablablá… y que gracias a él debemos la imagen literaria del vampiro. Muy buena la historia y muy buena la adaptación.

La casa B… en Candem Hill, de Catherine Crowe, es otra historia de fantasmas, esta vez en una pensión, en una de cuyas habitaciones un espectro ahuyenta a los huéspedes.

El siguiente relato es El usurpador de cadáveres, de Robert Louis Stevenson, y en él se nos cuenta cómo para avanzar en la medicina había que conseguir cuerpos relativamente frescos, cosa que no era tarea fácil, y, bueno… no digo más.

Y el último es el ya mencionado El gato negro, de E. A. Poe. ¿Qué decir? Que si no se ha leído el relato original, estáis tardando. Antes o después de estas viñetas, pero hacedlo o no mereceréis mi respeto.

En cuanto a la forma, me ha sorprendido mucho el dibujo de Pedro Rodríguez. No lo conocía pero me ha encantado la expresividad, el detalle, el tratamiento del color y la manera en la que consigue dar un aire clásico que se ajusta de maravilla a la época de las tramas aquí contadas, con un dibujo absolutamente vivo, fresco y moderno.

En cuanto al contenido, pasa lo que suele pasar. Tal vez este Historias para no dormir esté mejor enfocado hacia un público infantil o juvenil ya que el terror, en general, no envejece muy bien y lo que en 1850, por muy sobrenatural que fuera, hacía cagarse de miedo al más pintado hoy puede causar una mera indiferencia, un ¿ya está?, mientras se pasa la página esperando encontrar alguna emoción más fuerte en la siguiente historia.

Sin embargo, no deja de ser un buen cómic con adaptaciones de clásicos y eso es algo que valorará más un público adulto, sobre todo si conoce los originales, ya sea la propia historia u otra/s del autor.

Historias para no dormir es un regalo perfecto para los ojos, con un diseño y encuadernación muy cuidados que hará empalmarse el cerebro a cualquier aficionado al terror en su vertiente más clásica.

Por Diego Palacios Marxuach

Hijo de puta, cabronazo, perro y agilipollado son palabras que encontrarás en sus reseñas. Aquí se publican opiniones de libros sinceras, pero nadie dijo que estas tuvieran que ser políticamente correctas. Autor de Valeria y El diablo da las llaves del cielo, odia los adjetivos superlativos y lee todo lo que incluya violencia, humor negro y perros. Con filia a los cómics y fobia a la novela mediática. Por lo demás, un chico normal, amigo de sus amigos y mierdas de esas.

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