Incertidumbre

Reseña del libro “Incertidumbre”, de Miguel Alcantud

Descolocado. Así es como me ha dejado la novela Incertidumbre, de Miguel Alcantud, publicada recientemente por Suma de Letras. No sé si porque la sinopsis se queda a medias (más que a medias) de lo que finalmente me he encontrado en la novela o porque me esperaba un relato de intriga, sobrenatural, incluso de terror, y sí, es todo eso, pero también… pero también…

…a ver, que me pierdo: Incertidumbre es la primera incursión en la novela de Miguel Alcantud, director de teatro, cine y TV, con muchas horas de rodaje a sus espaldas en series tan mediáticas como El Internado, Águila Roja o El Ministerio del Tiempo. Como dice en su propia página web, su pasión, que a la vez es su trabajo, es contar historias, sea con la herramienta que sea. Para él, cualquier formato es válido si cumple su propósito que es contar y emocionar. Y en Incertidumbre nos cuenta una buena (a veces muy buena) historia. Con una buena (a veces muy buena) pluma.

Pero, a ver, que sigo descolocado, ¿de qué va Incertidumbre? Para empezar a explicarme, os transcribo, literalmente, la sinopsis de la cubierta: Un piso heredado. Una pareja con un proyecto común. Unas extrañas apariciones que pueden destruirlo todo. ¿Crees en las señales? Susana trabaja en una pequeña librería y mantiene una relación sentimental con Matías. Todo cambia para ella cuando su abuela Vivi decide donarle su piso. Los jóvenes reciben la noticia con ilusión. Nunca han vivido en un lugar tan grande y están felices con la idea de establecer ahí su hogar. Sin embargo, la relación comienza a resquebrajarse cuando Susana es testigo de unas extrañas apariciones que solo ella consigue ver. Unas visiones inquietantes relacionadas con el pasado de su abuela, con el futuro y que llenarán su vida de incertidumbre.

Cuando leí esta sinopsis, mi primera reacción fue: vaya, la típica historia de casas encantadas, de fantasmas familiares y de las nefastas consecuencias que el más allá suele producir cuando se cruza con las familias y las parejas del más acá. Pero había algo más, un no sé qué, que me llevó a hincarle el diente. Y, efectivamente, en Incertidumbre hay una casa antigua y hay visiones de personas muertas y hay un drama familiar del pasado y hay una relación de pareja que hace aguas en el presente… pero hay muchos otros asuntos que se van desarrollando en la novela poco a poco, capítulo a capítulo, y que la van retorciendo y, sobre todo, enriqueciendo, hasta llevarte a un final que es, a la vez, sobrecogedor e íntimo, inesperado y lógico, cerrado y abierto. De tal modo que, cuando volví la última página, me hizo replantearme el género de lo que acababa de leer. La novela trasciende el terror fantástico, para convertirse en una interesante coctelera en la que, con muy buen tino, Alcantud termina por servir al lector un rico brebaje donde caben lo sobrenatural, la intriga, el amor y sus dudas, el sexo y sus dudas, los maltraos, la memoria familiar, etc. Un cóctel diverso, fresco y, sobre todo, muy muy muy adictivo. Vale que no es un libro demasiado extenso, doscientas y pico páginas, pero que me enganche hasta el punto de que me lo haya leído en dos sentadas, es algo que tampoco me suele ocurrir con mucha frecuencia. 

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A ello han contribuido tres elementos esenciales. El primero: un desarrollo que va directo al grano. Planteamiento, nudo y desenlace, sin irse por las ramas en ningún momento. O casi: es cierto que hay un elemento de corte sentimental (que no voy a desvelar, para no destripar la intriga), que puede parecer superfluo o que está metido con calzador, pero que a mí me ha encantado, no ha hecho sino ampliar ese espectro temático al que antes me refería. El segundo: unos personajes que hablan de manera muy natural y cotidiana. Aquí no hay grandes parlamentos, peroratas ni comidas de tarro, ni siquiera cuando leemos a Susana, la protagonista y narradora en primera persona, y cuyo sentido del humor es, además, un perfecto antídoto ante algunas de las situaciones escabrosas por las que atraviesa. Sin contar con que, sinceramente, dudo que, como ha sucedido en otras novelas recientes escritas por hombres, haya quien pueda decir que se nota que el autor es un hombre hablando por boca de una mujer. Yo, por lo menos, no lo he notado. Y el tercero: una adecuada división en capítulos cortos, con algunos (pocos) cliff hangers muy bien colocados, que propician una lectura ágil y dinámica y que, junto con las precisas y escuetas descripciones de los tres escenarios básicos donde transcurre la novela (la casa, la librería en la que trabaja Susana y la residencia donde vive la abuela Vivi), me han hecho pensar con frecuencia que la obra pide tablas y pide cámaras, rodaje y ¡acción!

Se nota, por tanto, de dónde viene el autor. Durante toda la novela sobrevuela el fantasma del audiovisual, ese que ulula a los cuatro vientos, implorando ser llevado a la pantalla. Teniendo en cuenta el currículum de Alcantud y su vinculación con el teatro y el cine, no me extrañaría que pronto viéramos convertida en película esta más que recomendable novela. Si eres de esas personas a las que les gusta dejarse sorprender (¡atención a ese estupendo final!), no puedes perdértela. 

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